Susana

Operación Keiko

Cuando el amor filial se usa para capítulo electorero.

A Keiko Sofía la acompañó un fotógrafo oficial y con diligencia el servicio de Palacio distribuyó las fotos a los diarios de Lima.

Cuarto que ocupó la ex Primera Dama en la clínica y muestras de solidaridad con su protesta. Der. Carlos Robles, el médico de Susana Higuchi, atento a la recuperación de su paciente. Abajo, Keiko sale de la clínica y guardián se interpone conforme al guión.

AL abrir los ojos, Susana Higuchi casi adivinó entre brumas el rostro sonriente de Keiko Sofía, su hija mayor a quien no veía desde hace 5 meses.

Eran las 6 y 25 de la mañana del sábado 21 de enero. La joven se dirigió directamente del aeropuerto, procedente de Boston, a la clínica donde se reponía su madre, internada de emergencia el miércoles 18.
Pudo ser una escena familiar íntima y tierna. Así lo supuso el lector de los diarios el día domingo al ver la foto de madre e hija que daba cuenta del encuentro.
Pero, por el contrario, se convirtió en un acto político, pues a Keiko Sofía la acompañó un fotógrafo oficial, el único que tuvo acceso a la habitación de la paciente, y luego con especial cuidado el servicio de prensa de Palacio distribuyó las fotos a los principales diarios de Lima.
Ahora, Susana Fujimori recuerda lo que realmente ocurrió. Ella se enteró por la televisión que su hija vendría de Estados Unidos. Sus otros dos hijos, así como Keiko la llamaron por teléfono el jueves y el viernes, interesándose por su salud, pero habló muy poco porque estaba con la máscara de oxígeno y su voz era aún débil. Le dijeron también que no podían viajar porque estaban en plenos exámenes. El pequeño Kenyi, en Lima, no se comunicó.
La noticia de las llamadas fue divulgada también prestamente por los servicios de prensa de Palacio.
La verdad es que la protesta de Susana Higuchi, expresada en una huelga de hambre que duró muy poco por su débil estado general, conmovió a la opinión pública, más allá de lo que puede suponerse.
En general, las huelgas de hambre son resistidas por las autoridades y por la opinión pública. Muchos creen que es una forma de presión efectista pero que en el fondo los que la practican se alimentan por lo bajo.
En el caso de Susana, lo que resultó un poderoso detonante fue comprobar que estaba sometida a una gran tensión sicológica, baja de peso, y con una congestión gripal. Por eso bastó una noche a la intemperie para que hiciera un cuadro neumónico, agudizándose además su proceso asmático.
Hay que recordar que Susana Higuchi había tenido cuando menos dos momentos de notoriedad noticiosa al separarse de su esposo con graves denuncias contra el régimen en agosto y luego al anunciar que competiría con éste en las justas electorales.
Desencadenó comentarios e informes de la prensa local y mundial, y dividió a la opinión pública, pero no logró disminuir demasiado la popularidad de su esposo.
Esta vez en cambio, unánimemente, la gente se conmovió. Era la demostración palpable de una mujer sola contra el mundo, como dijera quejándose Flora Tristán.
Y lo más extraordinario: la gente no entendía cómo los hijos no visitaban a su madre doliente. Pronto se asoció esta ausencia con la no menos clamorosa de las navidades.
De allí a pensar que están impedidos por el padre hay un paso. Palacio acusó el golpe y es probable que tejiera una salida. Quizá alguno de los chicos tendría que venir a Lima. Keiko dijo que se enteró de la postración de su madre por la TV. Puede que sea un propósito de no inmiscuir al padre. Expediente inútil: qué tendría de raro que su padre la llamara por teléfono para informarle que su madre estaba enferma? Si nadie la llamó para avisarle, la insensibilidad paterna sería inexcusable.
En los días que Susana Higuchi estuvo internada, se dijeron muchas cosas desagradables. El propio médico tratante, Carlos Robles, respondiendo a las ligeras afirmaciones de Artidoro Cáceres en TV (que sostuvo que Susana no goza de estabilidad emocional), ha señalado que "ningún médico puede especular sobre la salud mental ni física de un paciente al que no ha revisado. No es ético. Por mi parte pienso que la libertad de las personas sólo alcanza su máxima expresión cuando está ligada a la verdad, a la generosidad y a la capacidad de sacrificio. Protestar con energía aun a costa del propio sacrificio, es un actitud que muy pocos son capaces de imitar".
Se comparó su súbito decaimiento con la huelga de hambre de un taxista mexicano que tenía 68 días de fakirismo.
Pero bien pronto, ante la conmoción pública, el cuadro se volteó. Susana Higuchi, ya en su local partidario y vivienda, evalúa la tónica oficial. El sábado al ver la TV y el despliegue que le dieron al viaje de Keiko Sofía, exclamó: Cómo estará de dañada la moral del Perú que la visita de una hija a su madre sea la noticia principal del día!".
Susana pensó que Keiko estaría con ella todo el día, acompañándola. Le encargó a su prima tamales, el plato preferido de la joven. Después del fogonazo fotográfico, tomaron juntas desayuno. Keiko le prometió que volvería por la tarde. Llegó, sin embargo, al promediar las 3 de la madrugada del domingo. "Pasadita de copas", ha dicho Susana, mostrándose como una madre puntillosa. Keiko durmió en la habitación contigua a la 422 de la clínica. En la mañana siguiente, después de acompañar a su madre a dejar la clínica, se despide diciéndole que regresaría más tarde.
"En tres días que estuvo en Lima, estuvo conmigo un poco más de 4 horas", dice Susana. Keiko, por su parte, señaló a la prensa que la encontró mejor de lo que ella suponía. Leyendo entre líneas, la relación no parece ser de las mejores. Hay que tener en consideración que ambas están bajo una presión emotiva.
Susana Higuchi ha ido acumulando una hipersensibilidad frente a los hijos mayores, de ello no cabe duda. Su versión de lo ocurrido con Keiko Sofía es conmovedora pero al mismo tiempo delata una herida o una decepción. No le hace un reproche a ella, pero deja entrever que su conducta es veleidosa. Ella, al fin y al cabo, es una joven de 19 años. La queja, por tanto, tiene otro destinatario: el padre.
Ni siquiera hay que agitar culpas ni hacer el cargo de una manipulación apurada por los resortes de la politiquería. Con los hijos no se juega. Susana en eso ha sido, desde que empezó esta novela amarga de la separación, muy firme: no usar, no mezclar, a los hijos en la disputa.