El Dedazo
Nuevamente Nicolás Hermoza señala a un subordinado como culpable, y él se excluye de toda responsabilidad.
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VICTOR CH. VARGAS

El Comandante General se apoderó de los triunfos ajenos y se limpia de las derrotas propias.

Vladimiro López Trigoso, sometido a investigación, tiene que cargar con errores de jefes y subalternos.

Hubo problemas de abastecimiento a las tropas, pero existe una cadena de responsabilidades. Luis Pérez Documet: ¿investigar o encubrir?
Se Sabía Desde 1992
El sábado pasado, el general Rodolfo Robles Espinoza formuló una gravísima denuncia en el programa Cara & Sello de canal 11. Robles sostuvo que en enero de 1992, un general de brigada denunció la infiltración ecuatoriana, en una reunión de altos mandos militares, y propuso expulsarlos. El general Hermoza se negó a ello, según Robles. En conversación con CARETAS Robles ha ratificado su versión y demandado a Nicolás Hermoza una respuesta.
LA sorpresiva destitución del general Vladimiro López Trigoso y las desaforadas críticas que ha empezado a recibir de medios de comunicación oficialistas, ha sorprendido a la opinión pública y causado profundo malestar en las fuerzas armadas.
A López Trigoso se le atribuyen errores en el abastecimiento de las tropas a su cargo y desinterés por su situación. Todo indica que, en efecto, ha habido serios problemas logísticos durante el conflicto, pero no todos son responsabilidad del comandante de la 5ª División de Infantería de Selva.
En realidad, la principal responsabilidad recaería en aquellos que lanzaron las tropas al combate sin calcular que la resistencia del invasor sería durísima. Después, empezaron a enviar apresuradamente tropas al frente, acumulando muchos efectivos cuyo abastecimiento se tornó difícil.
Fuentes militares consultadas por CARETAS, explicaron que la logística es particularmente compleja en esa zona. Las raciones de campaña envasadas, normalmente duran de 3 a 5 días, y en la Cordillera del Cóndor las patrullas pasaban más tiempo internadas en la selva. Adicionalmente, existía la dificultad de encontrar a las tropas una vez que se adentraban en el bosque. Y, por si fuera poco, a los pocos días de iniciadas las hostilidades, la artillería antiaérea del enemigo obligó a restringir al mínimo los vuelos de helicópteros peruanos.
Problemas similares se plantean para el abastecimiento de municiones.
Aún si el general López Trigoso hubiera tenido responsabilidad, ésta sería compartida con su inmediato superior. Administrativamente, la 5ª DIS dependía directamente del Ejército, comandado por el general Nicolás Hermoza Ríos.
Desde el punto de vista operativo, la división se vinculaba directamente al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (CCFFAA). En efecto, después de los incidentes de 1981, y vistas las dificultades de comunicación entre Iquitos, sede de la V Región Militar, con El Milagro y otras bases de la zona, se decidió independizar a la 5ª DIS, que pasó a depender directamente del CCFFAA.
El presidente del Comando Conjunto es el mismo Nicolás Hermoza, y el jefe de Estado Mayor era Luis Pérez Documet. ¿Cómo se explica que los críticos se ceben solamente con el general López Trigoso pasando por alto la cadena de mando?
NO ES LA PRIMERA
En las fuerzas armadas, institución vertical y jerárquica por antonomasia, los jefes son responsables de la actuación de sus subordinados. Por lo menos ese era un principio existente hasta que los actuales mandos se entronizaron en sus puestos.
Así, en el caso La Cantuta, los que fueron juzgados y sentenciados como autores del crimen eran oficiales subalternos. Los superiores quedaron fuera del proceso. Eso ocurrió con Nicolás Hermoza, comandante general del Ejército y Luis Pérez Documet, comandante de la División de Fuerzas Especiales (DIFE).
Hoy día, esos dos generales ocupaban cargos claves en el CCFFAA, que se supone es el que planificó y dirigió las operaciones. Sin embargo, ellos quedan al margen de cualquier imputación. No sólo eso, el general Pérez Documet es nombrado comandante de la recién creada VI Región. Es decir, será el que en los hechos controlará las investigaciones que se efectúen en las próximas semanas, para determinar las responsabilidades.
Como jefe de Estado Mayor operativo de la VI RM se ha nombrado al controvertido general Manuel Ortiz Lucero, que hasta hace poco estaba en el CCFFAA (3ª Dienfa del Comando del Frente Interno). Ortiz Lucero fue apresuradamente sacado del CCFFAA cuando se halló su nombre en la narcoagenda de uno de los cabecillas del clan López Paredes, José Luis Mendiola. Para colmo, el general reconoció, en una entrevista grabada subrepticiamente por un reportero de Canal 9, que él sabía de las vinculaciones de Mendiola.
Hoy día, Ortiz Lucero se ha hecho cargo de su tercer puesto en menos de tres meses.
Como jefe de Estado Mayor administrativo está el general López Trigoso. Eso es un contrasentido, porque si su problema fue la mala administración de los abastecimientos, tal como dice la prensa oficialista, ¿cómo lo ubican en un cargo en que se ocupará precisamente de eso?
Como inspector de la VI RM, han nombrado a Eduardo Ortega La Jara, de la promoción del asesor presidencial y hombre fuerte del SIN, Vladimiro Montesinos. Ortega será el encargado de efectuar las investigaciones.
Y, como se ha dicho, el general Pérez Documet, co-responsable de todo lo ocurrido en su calidad de jefe de Estado Mayor del CCFFAA hasta la semana pasada, está a la cabeza de la región.
Para reemplazar los vacíos dejados por estos cambios, se ha nombrado al general Tomás Castillo Meza como jefe de Estado Mayor del CCFFAA. Castillo fue antes jefe de la II Región Militar (Lima).
El general Andrés Sánchez Savaresse vuelve a ocupar la Inspectoría del Ejército, que deja Castillo Meza, reteniendo su cargo de jefe del Comando de Personal.
Como subinspector del Ejército se ha designado a Luis Chacón Tejada, un general que estuvo como jefe del Frente Huallaga en 1990 y fue cambiado a los tres meses. Después estuvo en el Consejo Supremo de Justicia Militar.
En suma, en asuntos en que tiene directa injerencia, como el conflicto reciente, en su calidad de comandante general del Ejército y presidente del Comando Conjunto, Nicolás Hermoza no asume ninguna responsabilidad. Y en los que no tuvo nada que ver, como la captura de Abimael Guzmán que posibilitó la derrota de Sendero Luminoso, dio un paso al frente para atribuirse la victoria.
Con el apoyo de ciertos medios de prensa esas jugadas políticas pueden serle útiles, pero al interior de las FF.AA. los efectos pueden ser catastróficos. Un jefe que permite -¿o quizás alienta?- que vapuleen injustamente a su subordinado, no goza del respeto de sus oficiales ni de la tropa.
En condiciones críticas como las actuales, el nivel de deterioro al que se está llegando es particularmente perjudicial para la moral y la unidad de los institutos castrenses.
DISIDENCIA
En días pasados ha empezado a circular en medios militares un documento titulado "Los principios de la guerra, un estudio casuístico", en el que se hace un análisis del conflicto y de los errores cometidos.
El documento empieza diciendo que «como consecuencia del Pacto de Caballeros de 1991, el Perú desocupó su propio territorio en la zona no demarcada de la frontera ecuatoriana en la Cordillera del Cóndor desmantelando el Puesto de Vigilancia Nº 2 (PV2) y replegando el Puesto de Vigilancia Nº 1 (PV1) 15 kms hacia el sur, dejando abandonados y desguarnecidos 400 kms. cuadrados de territorio patrio. Con esta decisión el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (CCFFAA) no sólo suspendió la presencia del Perú en territorio que legal y jurídicamente le corresponde, sino también suspendió los patrullajes y la vigilancia en aquellas áreas conflictivas y se permitió que el vecino ocupara las nacientes del río Cenepa que están en territorio peruano".
Y luego agrega que, al no haber hecho uso juicioso y profesional de los principios de la guerra, "el CCFFAA condujo de una manera desastrosa las operaciones militares, obligando al gobierno a negociar la paz en condiciones de inferioridad".
"Cuando nos referimos al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas -continúa el documento-, estamos señalando a aquel triunvirato que lo conforma, pues es necesario, de una vez por todas, individualizar a las autoridades militares que nos impidieron lograr una victoria decisiva en el campo militar. Nunca tan pocos hicieron tanto daño en tan poco tiempo. (Tres personas comprometieron la integridad territorial y la soberanía en sólo 18 días)".
El documento rinde homenaje a los valientes oficiales y soldados por el profesionalismo, coraje, valor y patriotismo demostrados, y después de un extenso y detallado análisis del conflicto, concluye con una frase lapidaria:
"La campaña del Cenepa y de Tihuinza han sido un cúmulo de mentiras que generaron otro cúmulo de gravísimos errores".
Al parecer, pues, no será tan fácil cargarle todas las culpas al general Vladimiro López Trigoso. Según una versión, este habría enviado 18 informes sobre la infiltración ecuatoriana en los meses previos al conflicto. Sería interesante ver qué respuesta tuvieron del comando.

En el barro. Alberto Fujimori inició la campaña para enlodar a Vladimiro López Trigoso.
CARETAS 1353