Gringa de Dos Mundos

Gabriella de Ferrari, peruana que ha hecho carrera en EE.UU.

Gabriella de Ferrari durante su última visita en Lima.

Una obra que debería traducirse.

Escribe MARIA ELENA CORNEJO
Fotos JOSE VILCA

GABRIELLA de Ferrari es una mujer que debe arañar los cincuenta, sería, discreta, con unos ojos inquisidores y juguetones que le bailan en las pupilas al margen de su voluntad. Cuando visitó Lima en setiembre pasado, lo hizo sin aspavientos, y durante la entrevista cuidó celosamente de no introducir ningún detalle de su vida personal. Era evidente que no le gustan los reportajes, pese a que Vanity Fair le hizo una amplia entrevista cuando publicó su primera novela "Una nube en la arena", de gran éxito en los Estados Unidos. Después de algunos titubeos, Gabriella confiesa que la primera edición en tapa dura salió en 1990 y la edición de bolsillo en 1993, amén de siete reediciones y dos traducciones (ninguna al español). A modo de detalle agrega que Martín Scorsese adquirió los derechos de la novela para llevarla al cine y compró también, por anticipado, los derechos de "Gringa Latina", la novela que todavía estaba escribiendo y que se distribuirá en librerías norteamericanas a partir del próximo 21 de abril.
Gabriella nació en Tacna, hija de padres italianos, y desde niña se acostumbró al spaguetti y a la matasca. Esta formación bilingüe y bicultural -que al final se manifiesta en la sensación de no pertenecer a ninguna cultura- está a la base de su posterior actividad literaria. Terminando la adolescencia se fue a estudiar a los Estados Unidos. Allí se quedó. Hizo una maestría en Bellas Artes, trabajó en el Museo de Arte Moderno de Boston, fue directora del Museo Fogg en Harvard y es una coleccionista de nota ("ella y su esposo poseen la más imaginativa colección de arte de Nueva York", según Vanity Fair). Regularmente escribe reportajes sobre Perú y América Latina para la revista "Mirabelle", un mensuario de corte intelectual dirigido al gran público femenino.
Escribe en inglés, idioma en el que se expresa con más fluidez que en español o en italiano. Sin embargo, la conciencia de ser una gringa en Perú y una latina en Estados Unidos, sigue presente. "Una nube en la arena" y "Gringa Latina" fueron eso. Una memoria "saturada con poderosos ecos y profunda nostalgia de un lugar que no puedo dejar atrás".
La crítica americana señaló a propósito de "Una nube…" que "los personajes de Gabriella de Ferrari crecen llenos de fuerza y vitalidad, introduciéndonos a un mundo misterioso y desvanecido" (Los Angeles Times); "una rica obra maestra con preciso sentido de historia, clase y cultura... una novela civilizada, inteligente y dinámica". (Entertainment Weekly).
Si bien su primera novela se desarrolla en Yayaku, un país inventado situado en América Latina donde narra el peregrinaje de su madre y de su abuela desde el Mediterráneo hasta América en la década del '40, en "Gringa Latina" la trama transcurre en Tacna y la historia es la de Gabriella: su niñez, el colegio, su primer viaje a Italia para encontrarse con la tierra de sus ancestros. No es una novela propiamente autobiográfica ni costumbrista, aunque contenga ambos elementos, es más bien un retrato sicológico hábilmente compuesto con imaginación y vitalidad.
Gabriella es una persona disciplinada y organizada. Escribe diariamente de 9 a 1 de la tarde, sean artículos, novelas o páginas sueltas. Busca la precisión. "La novela tiene una voz, el artículo un tono", dice. Y eso es lo que busca. Entre sus autores preferidos se encuentran García Márquez, John Updike, Julian Burnes y Flaubert, aunque en los últimos años prefiere leer literatura escrita por mujeres como Toni Morrison y la portuguesa Cisneros autora de "The house in Mango street". De sus planes futuros, la escritora prefiere no dar mayores luces. "Soy supersticiosa", explica. Basta con señalar que sigue la saga trashumante, la de los inmigrantes temporales que siempre están pensando con regresar a su hogar.


Anuki

En la Galería de Arte Formas (Av. Larco 743, sexto piso, Miraflores), el próximo miércoles 5 inauguran Belinda Tami y Cecilia Spihlmann. Ambas artistas son básicamente autodidactas aunque han seguido estudios con diversos maestros dentro y fuera del país. Las une la búsqueda de una forma de expresión y las diferencia el camino elegido. Belinda va a través de la figura humana, Cecilia va por el color. En todo caso, Anuki (Divinidad Poderosa), así han bautizado la muestra, tiene esa energía y vitalidad de quien busca la verdad más allá de lo evidente.

Teteras

Las teteras son longevos utensilios cuyo uso se remonta a la China de la dinastía Ming. La Galería Obsidiana ha invitado a nueve ceramistas para recrear con ojos contemporáneos el popular artefacto. Los resultados son de veras gratificantes. En la foto, una pieza de Fenna Bonacker. Visítelos en José Gonzales 740, Miraflores.


CURSOS

MUSICA

TEATRO


La Opera de Tres Centavos

El clásico de Brecht en versión de los alumnos del TUC.

ESTA es la tercera vez que José Carlos Urteaga es invitado para dirigir un montaje de la escuela del TUC. En 1991 dirigió al grupo en "Sonata de los Espectros", de Strinberg, en el '93 con "Lisístrata", de Aristófanes y esta vez con "La Opera de tres centavos" de Bertolt Brecht.

Escoger esta obra (aunque menor dentro del universo brechtiano) obedece a varias razones: los festejos por el primer centenario del nacimiento de Brecht, la necesidad de abordar un clásico en una puesta académica, la vigencia de la reflexión brechtiana en el momento actual, y la fascinación personal por la obra que le quedó al director luego que el mismo actuara con Cuatrotablas en los inicios de su carrera teatral.
En "La Opera…" los personajes pertenecen al mundo marginal, son prostitutas, mendigos, rateros que van dibujando una radiografía del engranaje moral donde se asienta esa sociedad. La narración está atravesada por una historia de amor que aligera el texto y lo hace más asequible a estos tiempos donde es difícil entender la rígida concepción marxista que endurecerá sus obras posteriores.
"En la Escuela, dice José Carlos Urteaga, después de tres años de trabajo los alumnos tienen una serie de elementos y recursos escénicos como para construir un personaje". Por eso la importancia de elegir un autor de la complejidad de Bertolt Brecht.
Primera vez que un montaje de escuela se presenta en un estupendo teatro como es el del Centro Cultural. Va de jueves a domingo a las 7:30 p.m. La obra está dedicada a la memoria del querido Luis Felipe Ormeño, teatrero, actor y director recientemente desaparecido.

Afiche brechtiano.

Parte del elenco que actúa bajo la dirección de José Carlos Urteaga.


Pita con Nudo (Y Desenlace)

Escribe GUILLERMO NIÑO DE GUZMAN

NO hay duda: un viento fresco impulsa a la narrativa peruana en los últimos tiempos. Y si bien antes la brújula apuntaba al cuento, ahora el rumbo está señalado por la novela. A los nombres de Jaime Bayly, Carmen Ollé, Mario Bellatín, Laura Riesco y Rodolfo Hinostroza, por sólo citar a cinco escritores que han hecho interesantes aportes en la vertiente novelística el año pasado, hay que añadir el de Alfredo Pita, quien con El cazador ausente (Lluvia Editores, Lima, 1994) debuta con éxito en el género largo.
Pita, que en sus comienzos estuvo ligado a los movimientos poéticos (ganó un concurso nacional en 1966) que germinaron a fines de los sesentas, ya había incursionado en el ámbito del cuento. Tanto Y de pronto anochece (1987) como Morituri (1990) -sobre todo este último- son colecciones de relatos que mostraban a un autor con oficio, con un buen manejo de la intriga y habilidad para delinear personajes en pocas cuartillas. Era evidente que se había dedicado durante mucho tiempo a madurar un proyecto narrativo, cosa no tan sencilla en alguien moldeado por las exigencias de la poesía. Y, al parecer, su ambición era alcanzar el género de más aliento: la novela.
Ha habido, pues, en su desarrollo literario un paulatino aprendizaje desde los confines de la poesía, en donde prima el valor esencial de la palabra, siguiendo por la condensación y tensión que demanda el cuento, hasta arribar a la libertad expresiva que permite la novela. Insistimos en este punto que parece obvio porque uno de los aciertos de Pita es justamente el trabajo que realiza con la prosa, buscando un fulgor verbal, cierta densidad y matices que no son habituales en los cultores de la novela, quienes suelen preferir un lenguaje más bien funcional.
Naturalmente, esta aspiración es riesgosa. Y si en algunos pasajes la prosa de Pita puede resultar algo "poetizante" y demasiado suntuosa -cuando el poeta agazapado no puede contenerse y se dispara-, en la mayor parte del libro cumple con el cometido de generar una atmósfera, de conseguir un tono que fluya y resuene agradablemente en el oído del lector. Asimismo, hay que resaltar que Pita ha sopesado con cuidado aspectos tan importantes como la estructura de la historia, el diseño protagónico y de los personajes secundarios, el desarrollo del conflicto dramático y la dosificación de la intriga.
De allí que El cazador ausente sea una novela que acaba atrapando al lector, interesándolo en la pesquisa que hace el protagonista, un tanto a la manera detectivesca, alentándolo y al mismo tiempo frustrándolo, conduciéndolo con sagacidad a un final insospechado. Bajo ese punto de vista, se podría decir que Pita es un alumno aplicado que se esmera por cumplir con los requisitos tradicionales del género: exposición, nudo y desenlace. Prevalece en su novela un respeto por la línea clásica en el arte de contar, con descripciones precisas, síntesis de acontecimientos retrospectivos, alternancia de una mirada objetiva con una indagación en la interioridad de los personajes, diálogos oportunos y con sabor cotidiano, interrupción del capítulo en el momento de mayor tensión…
Pero vayamos un poco más allá de los aspectos técnicos que Pita resuelve con suficiencia. Su historia nos propone una visión lúcida y desencantada de una determinada circunstancia histórica del Perú. Y para ello tiene que lidiar con un tema espinoso como es la década del sesenta, con sus revueltas políticas y la asunción de la utopía de izquierda que desembocó en las guerrillas y otras explosiones de violencia. Pita pretende transmitirnos una imagen de una generación que abrigó un cúmulo de esperanzas y que no dudó en pasar de la teoría a la práctica para luchar por la realización de sus ideales, aunque acabara empantanada en un estrepitoso fracaso.
El cazador ausente encierra una mirada nostálgica y amarga, un arreglo de cuentas con el pasado de un individuo que prefirió el camino del exilio y que decide volver para asumir una confrontación final, ya no con la Historia sino consigo mismo. La vuelta de este personaje desencantado es una suerte de retorno a Itaca, de un enfrentamiento con una realidad que ya no es la misma sino más bien un espejo de los sueños derrumbados. En esa medida, más allá de sus implicaciones políticas, la búsqueda de la identidad de un traidor se convierte en un pretexto para ahondar en las contradicciones de la existencia, en la razón de ser y estar en un mundo en el que la presa del cazador siempre terminará por escurrirse, no obstante el esfuerzo y la pasión.
En suma, la novela de Alfredo Pita, es un meritorio intento por profundizar en la crisis del Perú en los últimos tres decenios, a la vez que una aproximación a la complejidad y vaivenes del comportamiento humano. Y, ciertamente, se lee con placer, lo cual es un logro adicional para una obra que ya coloca a su autor en una posición destacada entre los narradores peruanos de la última década.

El cazador, editado por Lluvia.
Caretas 1356