Tratos y Tretas
A 10 años del triunfo de AGP y a tres del golpe
que lo exilió, rumores de aproximaciones que
resultan sarcástico testimonio político.

Posible retorno de AGP despertó una ola de especulaciones sobre una negociación con Fujimori.
LA reacción del partido aprista al eventual retorno de Alan García Pérez al Perú en la última semana electoral no se hizo esperar.
El secretario general, Agustín Mantilla, y la Comisión Política expresaron al cierre de esta edición que habían aprobado un comunicado señalando que su retorno es inconveniente y que, además, no ha habido ni habrá ningún entendimiento posible entre el partido y el gobierno.
El ex asesor de AGP, Hugo Otero, partió la madrugada del miércoles a Bogotá para encontrarse con el ex-Presidente y tratar de desanimarlo de una aventura que crearía serios problemas a la lucha antifujimorista antes que ventajas.
Y es que la sola noticia -adelantada por el hermano del ex Presidente- del regreso de AGP despertó suspicacias en todas las filas políticas, especialmente en las de la oposición.
Desde hace 15 días en algunos corrillos políticos se señalaba que no sería extraño que existiera un entendimiento por lo bajo entre Fujimori y García que repitiera lo que ocurrió en 1990 en que el Apra, para evitar el triunfo de un Mario Vargas Llosa vindicativo, optó por apoyar al desconocido ex rector de la Agraria.
Parecían comentarios interesados.
Alguien alegó que era un operativo típico de inteligencia para desacreditar al Apra, toda vez que la campaña de Mercedes Cabanillas iba en alza. Otros, decían que el rumor quería dar la impresión que Alberto Fujimori era un mandatario inescrupuloso que podía ceder si eso le convenía a sus fines políticos. El recuerdo de la torta para Abimael Guzmán era un elocuente antecedente.
Según algunas personas que siguen atentamente los pasos de AGP, y que lo conocen en su activismo político, es difícil que se resigne a un papel pasivo en estas elecciones.
Aunque fuere amenazando con su llegada, hace noticia, descontrola a los grupos contendores y, de paso puede ser de una preciosa utilidad para un Fujimori que está bajando en las últimas encuestas.
El fin del exilio de AGP sería, en efecto, un factor que inclinaría a los indecisos a votar por Fujimori pues la sola imagen del ex Presidente trae a la memoria los viejos tiempos de inestabilidad económica y política y, por asociación, estos extremos se trasladarían a los candidatos de la oposición.
Los análisis llegan más lejos. Se dice que habría habido conversaciones entre representantes del Partido Acción Democrática (Adecos) de Venezuela y algunos voceros oficialistas locales para estudiar la forma de allanar los juicios y acusaciones contra Alan y, en compensación, la seguridad por parte de éste de que el Apra ,en una segunda vuelta, no se opondría a Fujimori, en una especie de neutralidad constructiva.
Indirectamente, el congresista Manuel Moreyra ,ahora en las filas de UPP, ha deslizado que el entendimiento entre el gobierno y el Apra no sólo fue episódico en 1990, sino que continuó a raíz de las investigaciones parlamentarias sobre enriquecimiento ilícito, dólares Muc y otras lindezas.
Y que una muestra de que podría persistir, reside en el hecho que el actual Congreso no abre el debate sobre la acusación constitucional que recomienda la comisión investigadora de las cuentas del Gran Caymán, esperando que pasen las elecciones.
La sola hipótesis de un trato entre Fujimori y AGP resulta una ironía cruel, especialmente cuando se está próximo a conmemorar los 10 años de las elecciones que consagraron a AGP como fenómeno político (10 de abril de 1985) y los tres años del autogolpe del 5 de abril que le permitió a Fujimori cerrar el Congreso, proscribir virtualmente al Apra e iniciar la saga de la persecución, allanamiento de su domicilio y posterior exilio de AGP.
El escéptico lugar común señala que en política todo se puede esperar. Amigos que, como Rafael Rey del Fredemo, se convierten en enemigos, perseguidores que se trocan en protectores, rivales que concilian.
El Apra en su larga historia ha vivido este tipo de experimentos polémicos que le costaron cismas y acusaciones políticas. Oscar R. Benavides pudo ver la mano extendida del Apra, tras haberla perseguido.
Con Manuel Prado, el Apra logró formar la famosa coalición que le hizo la vida imposible al primer gobierno de Fernando Belaunde (1963-1968) y antes pactó con su implacable enemigo, Manuel A. Odría que durante el Ochenio produjo muertes, destierros, cárcel y asilo tan prolongado como el de Víctor Raúl Haya de la Torre en la embajada de Colombia.
ÀPodría producirse de nuevo un imposible de tal naturaleza? Hay quienes aseguran que AGP, al fin y al cabo esperanzado con retornar a la arena política que conoció desde muy joven y que lo llevó a la Presidencia a los 35 años, hace cálculos mirando al año dos mil. Si Fujimori gana ahora y repite el plato, ya no será candidato en el segundo milenio, la pista estará libre y el líder aprista podría ser entonces, de nuevo, un vencedor.
Nadie con dos dedos de frente podría hacer cálculos con una mira de cinco años en un país políticamente tan variable e inesperado.
Pero algo más. Pueden haber muchos cargos políticos y morales contra AGP, pero es difícil atribuirle una condición antidemocrática. Su gobierno fue respetuoso del orden constitucional, aun cuando tuvo ofertas tentadoras para violarlo. ÀPodría llegar a variar hasta tal punto ahora?
El Apra es un partido que a raíz de estas elecciones ha empezado a cobrar distancia de AGP. Mercedes Cabanillas sobrelleva una campaña presidencial con divisiones internas y deslindes netos entre la vida del partido y el futuro de AGP. Sería difícil pensar que AGP podría hacer prevalecer una posición de tibieza respecto a Fujimori, más aún cuando no hay de por medio ninguna gran razón como las que se alegaran en los acuerdos con Odría o con Prado. El Apra requería volver a la legalidad. Ahora está en la legalidad, y lo de García se cree puede ser una causa defendible en el fuero judicial antes que en la componenda bajo mesa.
Muchos temen que si AGP regresa antes del 9 de abril -se hablaba de un ingreso tipo el de Haya en el año 31 por el norte y de un cierre de campaña en la Plaza de Trujillo- y no es encarcelado, Fujimori sería el ganador en la primera vuelta.
No necesariamente. Porque si para el Apra es un baldón transar con Fujimori, el electorado no estaría dispuesto tampoco a convalidar un pragmatismo fujimorista que ya fue castigado en el referéndum a raíz de la excesiva cordialidad del Chino con el Camarada Gonzalo.
Si alguien puede medir las consecuencias de su retorno a Lima, en las actuales circunstancias políticas es el propio AGP. Esa sería razón más que suficiente para disuadirlo de una aventura que si bien podría tener por meta el año 2000 ahondaría también lo que sus enemigos consideran ya una estable sepultura política.
Como señala Roberto Ramírez del Villar, a propósito del golpe del 5 de abril, que éste le provocó un sentimiento similar al que patentizaba Diógenes cuando pedía que lo llevaran de cabeza porque pronto el mundo estaría al revés, los apristas si algo no quieren ni pensar es ver a AGP dizque apoyando la campaña de su partido.

Cabanillas: en el ranking de las encuestas. Lo del retorno de AGP fue un anuncio que la incomodó.

Agustín Mantilla, secretario del Apra, lanzó un comunicado rechazando cualquier trato con el régimen.
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