Partidos Políticos

URNAS Adversas

La crisis de los partidos incubada después del fracaso de Alan García, incide de nuevo en una derrota de proporciones.

Lourdes Flores del PPC: el PPC jugó al voto cruzado: Fuji Presidente, autonomía parlamentaria.

CONTRA lo esperado, los partidos políticos sin excepción han sufrido un severo llamado de atención de la ciudadanía. Para el gobierno esto equivale a la extinción.

Guste o no, la satanización de los partidos, prédica sostenida del régimen desde que se inició en 1990 y redoblada a partir del golpe de abril de 1992, ha vuelto a rendir sus frutos.
La primera agrupación en reaccionar ha sido Acción Popular. Para AP los resultados desautorizan al candidato presidencial y, por lo mismo, se debe iniciar un nuevo capítulo de reorganización interna y de recolección de firmas para un nuevo destino.
El Apra aún no se ha pronunciado, pero probablemente tendrá que reconocer que las divisiones internas y el factor AGP han significado un alto precio.
Decir que los partidos tienen que aprender la lección, suena a lugar común. Pero la radiografía política del país es algo que escapa de sus análisis. No es cuestión de ideología, sino de pragmatismo. Algunos observadores hablan de que ahora la política es un proceso de lealtades transitorias y prácticas: tanto me das tanto te doy.
La tradición pesa menos que la idea de si hay o no dinamismo en los dirigentes políticos. Para algunos ciudadanos, JPC proyectaba la imagen de un caballero pero al mismo tiempo de alguien que no podría someter las tempestades de la sociedad peruana.
Se dice que la corriente mundial es que los partidos fenezcan o pierdan su antigua vigencia. El Perú no sería la excepción. Eso es relativo. Países vecinos como Brasil, Chile, Colombia o Argentina -que han tenido procesos políticos también sumamente complejos- han resguardado su institucionalidad partidaria.
El presidente Alberto Fujimori en sus primeras declaraciones después del triunfo dijo con satisfacción que los partidos tradicionales ahora sí habían desaparecido. Que él practicaba la "democracia directa", el diálogo entre él -el supremo hacedor- y las masas.
Una concepción simple de la política. Los partidos son necesarios para una intermediación política equilibrada y democrática. Si éstos sucumben, surge la tentación totalitaria.

El Perú no es ajeno a esta constante de la historia. Y la ilusión de que los partidos pueden desaparecer la tuvieron en su momento el leguiísmo, el sanchecerrismo, el odriísmo y el velasquismo. En todos estos casos, los partidos emergieron -es verdad que tras largos años de ostracismo- con más fuerza cuando el aparato montado en torno a una persona se vino abajo por la propia presión de las fuerzas sociales.

Hay además una cierta incapacidad para integrarse con otras fuerzas políticas. El Chile del pos-Pinochet constituye un ejemplo de aproximación entre partidos que parecían condenados al antagonismo.
¿Cuál de las fuerzas políticas que hoy integra la oposición dará el primer paso en esta dirección de cooperación horizontal? La fuerza parlamentaria que emerge de este proceso no es poca cosa. Está fraccionada, pero si existiera una voluntad de concertación, se puede tomar iniciativas políticas importantes que no le dejen toda la iniciativa al grupo gobernante.

Mercedes Cabanillas del Apra y Raúl Diez Canseco de AP: pese a su tesón recibieron un baldazo de agua fría.


CARETAS 1358