DESDE FUERA

Por LUIS PASARA


Ejercer la Nostalgia

ENTRE los muchos peruanos que vivimos fuera del país, habitan diversas formas de nostalgia. Una, elemental, es la ejercida por aquellos compatriotas reunidos en Patterson o en La Boca que echan de menos el ají de pato y la cerveza disfrutados en la playa. Acaso expresen así, a su manera, una nostalgia más importante, por el grupo humano con el cual compartieron otros días. Pero, si uno habla con ellos, su nostalgia del Perú se circunscribe a ese tipo de añoranzas.
Hay una nostalgia, más propia, que prefiere la ensoñación con la experiencia personal vivida. Es una nostalgia alimentada a través de la reconstrucción laboriosa del mundo que alguna vez vivimos en ese país donde nos tocó nacer.
Esta es la nostalgia ejercida por Bruno Podestá en Viento Norte, el libro que acaba de publicar en Uruguay. Que, entre reflexiones sobre otros temas, contiene una buena dosis de referencias a un país ahora inexistente; que, igual que ocurriera con la Italia de los emigrados al Perú (p. 18), sólo ha permanecido en nosotros, mientras el país real se hacía otro.
Especie de adelanto de memorias "historias que conozco, que he vivido, que son en parte las mías" (p. 23), escritas cuando el autor no ha cumplido los cincuenta, el libro resulta de interés en un doble sentido. En primer lugar, los paisajes que reconstruye Chucuito, la Inmaculada, la Universidad del Pacífico y el clima en los años de Velasco conducen, a quienes tenemos edad suficiente y una extracción grupal similar, a la reconsideración de parte de nuestra vida.
Uno puede estar de acuerdo o no con las reflexiones del autor, nunca demasiado enfáticas, pero la convocatoria es eficazmente sugerente. Porque está formulada desde "ese lugar sin tiempo en el que campean los sentimientos más primarios y verdaderos" (p. 56). En otra lectura, el libro de Podestá es un testimonio. Más que acerca de un Perú que no existe, sobre todo, de una generación de clase media educada que se halla en extinción en el país. Aún espera autor la historia de esa generación cuyo protagonismo pareció gravitar en el Perú durante más de una década y de aquello que imaginamos para el país como "futuros que no llegaron a hacerse realidad" (p. 22). Pero este volumen servirá de material de trabajo.
Material que incluye creencias, actitudes y comportamientos de ese grupo humano pero, acaso principalmente, contiene aquellas de nuestras "interrogantes que aún ahora esperan la respuesta" (p 52.). Preguntas que nos persiguieron desde jóvenes: "¿Por qué unos tanto y otros tan poco? ¿Por qué el color de la piel da o quita valor a las personas?" (p. 53). Preguntas que quizá hoy no sean las más importantes en el país, pero que guiaron la experiencia de una generación, que consumió en ellas una parte de su vida sin atinar a responderlas a cabalidad.
Sociólogo, como es profesionalmente el autor, ofrece en el libro algunas observaciones sobre el país que dejó atrás. Es interesante, por ejemplo, su reflexión sobre la "cólera peruana nacida de la indolencia, de la postergación de los problemas, de un desprecio racial más o menos solapado, de la ostentación desafiante de unos pocos en un escenario de miserias..." (p. 130). "Una ira sedimentada" que, nos advierte, "atraviesa todas las clases sociales" (p. 131).
Pero el libro dista mucho de proponerse darnos una visión interpretativa del país. Recoge, apenas, algunos "itinerarios de la memoria y la identidad" que el autor sabe suyos pero que intuye compartidos. Esa opción probablemente hace que, luego de narrar un encuentro entre dos peruanos residentes en el exterior en el que surge una pregunta durísima sobre el Perú, el autor la explique como la búsqueda del afecto escondido, "repitiendo sin cansarse los sabores de su infancia, soportando la rabia de haberse ido de donde quizás no hubiese deseado nunca partir, hurgando y rebuscando en las claves de esos enigmas que posiblemente hasta preferiría olvidar, aun a riesgo de quedarse a cambio sin nada" (p. 139).
Es una paradoja que un libro de esta suerte, y tan limeño, haya sido publicado y presentado en Montevideo. Acaso esa paradoja nos anuncie que toca a los peruanos como ocurrió antes con otros latinoamericanos aprender que el país del cual nos fuimos ya no existe para nosotros.
Y quizá sea hora de que los países que, de grado o fuerza, nos han recibido también nos escuchen cantar en voz alta la nostalgia. Una nostalgia peculiar: por un mundo que ya no existe y por un país que creímos pudo ser y no fue.


CARETAS 1364