El No de Susana

¿Divorcio? Bacalao! En esas dos palabras se resume el drama de la pareja presidencial malavenida.

La curiosidad pública vuelve a rondar la casa de Susana Higuchi de Fujimori. Las versiones periodísticas son contradictorias. Se habla de una dama bajo fuerte desánimo, pero ella en cambio no oculta que está particularmente feliz por la visita de sus dos hijas.

El presidente Alberto Fujimori, no obstante haber procurado que su demanda no fuera conocida -de hecho han pasado varios días hasta que trascendió la noticia- también guarda silencio total.

En su austera habitación, Susana Higuchi muestra los numerosos santos que la acompañan, prueba de una fe a toda prueba. Ella siempre ha indicado que su mejor refugio es la oración. Derecha, un lejano 1974 fue el año en que nació la pareja Fujimori-Higuchi. 21 años después otra es la historia.

Las dos hijas del matrimonio Fujimori, Keiko Sofía y Sachi Marcela, salen con tres amigos de la Academia Wisconsin el día lunes 10.

Susana Higuchi de Fujimori se confiesa contenta. "Mis dos hijas están viviendo conmigo. Estamos haciendo una serie de cosas que nos habíamos olvidado de hacer: arreglamos la casa, vamos al mercado, en fin, lo que cualquier familia", señala sonriendo. "Si alguien está intranquilo, es el Presidente" añade socarrona.

Afuera del edificio -la Academia Wisconsin- multitud de reporteros, fotógrafos y camarógrafos aguardan.
Tal vez la procesión vaya por dentro. Susana Higuchi se ha negado a hablar del asunto de la demanda de divorcio. Ni los periodistas más próximos a ella, en los difíciles días de la separación y en las correrías que la llevaron a abandonar Palacio consiguen sacarle nada.
"Ya lo he pensado, ya he tomado una decisión y sólo la diré cuando tenga que hacerlo oficialmente", le dice a CARETAS. No niega ni confirma el rumor que el 27 de julio -un día antes de los fastos patrios y del cumpleaños de su esposo- responderá a la demanda oponiéndose al divorcio.
Susana Higushi sostuvo en más de una oportunidad que era opuesta al divorcio porque su arraigado cristianismo se lo impedía. Ahora que se le recuerda sus palabras, señala que también se podría recordar que en un momento de ofuscación, cuando le negaron la inscripción de su candidatura presidencial, sostuvo que se divorciaría.
El camino que ha elegido entretanto es la oración. Susana Higuchi, desde que se agravara la situación conyugal, quizá cada vez que en el hogar las rencillas aumentaban de tono, recurrió a la oración.
Es una letanía breve y profunda la que ahora repite. Uno puede conocer muchos cambios, las mudanzas del destino, pero lo único que no muda es Dios. Hasta lo malo pasa en algún momento. Estar cerca de Dios garantiza un don divino, el de la paciencia, que permite esperar que todo pase y que después te deja tranquila con tu conciencia.
La batalla de la fe en la casa de la Academia Wisconsin. La batalla legal en los predios de Palacio. El presidente Fujimori ha planteado una demanda de divorcio por injuria grave, pide el cuidado de sus dos hijos menores (Kenyi y Sachi Marcela). Ha presentado pruebas: tres cartuchos de video, cinco legajos de documentos y fotocopias de publicaciones de todo calibre, declaraciones de amistades y allegados y de los altos funcionarios que fueron en algún momento objeto de la ofensiva moralizadora de Susana.
El asunto no es sencillo. Si como se presume, la demanda de divorcio está motivada por el deseo del primer mandatario de quebrar su forzada soltería. Algunos especialistas señalan que el proceso podría durar entre año y medio y dos. Algunos expertos indican que probar injuria grave que no sea la exposición de divergencias políticas -y Susana Higuchi ha sido muy cuidadosa en no exhibir ataques aleves contra la persona- tiene sus bemoles.
Hay divergencias de interpretación sobre el papel del juez en un juicio de divorcio por causal. Algunos señalan que tiene la suficiente capacidad para dictar sentencia con prescindencia de que la demandada se resista. En cambio, otros estudiosos indican que la principal traba son los argumentos de la demandada, la que al final podría incluso alegar que ella ha recibido aún más ofensas, de mayor gravedad.
No faltan las ironías políticas respecto a un asunto sobre el cual la conciencia cristiana de los peruanos toma partido de inmediato. El propio cardenal Augusto Vargas Alzamora, con mesura y ponderación, ha señalado que la Iglesia siempre lamenta la ruptura de una familia cristiana. "No sería de extrañar que se lance una "ley interpretativa" que condicione al juez", ha respondido un encuestado que recomienda que la pareja se reconcilie.
Sin proponérselo, el juez Germán Aguirre Salinas ha saltado a la notoriedad pública. ¿Podrá mantenerse ajeno a la presión que significa lidiar con la vida privada del Presidente? Ha indicado ya que una vez recibida la respuesta de Susana Higuchi, planteará la junta de conciliación, la misma que no necesariamente exige la presencia de los cónyuges, pues pueden hacerse representar por sus abogados.