Cuando el Río Calla
El aforo del Rímac disminuye a 16 m.3/s. y revive el fantasma de la sequía.

El Rímac en tiempos de elocuencia. La demanda de agua potable en la capital se estima en 30 m.3/s. Actualmente el río hablador vierte en La Atarjea apenas la mitad. Abajo, izquierda, Ing. Alejandro Vinces: "se debió hacer el trasvase del Mantaro".

El agua que consume la capital proviene de dos fuentes principales: la laguna de Marcapomacocha, que alimenta al río Santa Eulalia, y el río Rímac, que obtiene su caudal de manantiales cercanos a Ticlio y, desde hace unos meses, la represa de Yuracmayo. Ambos confluyen a la altura de Matucana y aforan sus aguas en La Atarjea, luego de ser utilizadas en las centrales hidroeléctricas que se consignan en el gráfico.
HACE ya varias semanas, vecinos de diferentes distritos limeños habían dado la voz de alerta: el agua escasea. A cualquier hora del día, algunas veces sin mediar aviso, el suministro del vital fluido se corta sin más, y entonces empiezan los dolores de cabeza.
Cierto es que de abril a diciembre el caudal que ingresa a La Atarjea suele sufrir una merma visible. Y que este año las lluvias en la serranía -en especial en la sierra central, que permiten mantener el nivel de las lagunas naturales que abastecen a Lima- se están retrasando.
Lo que muchos se preguntan sin embargo es por qué sabiéndose que dicha situación es de carácter recurrente no se toman hasta hoy las previsiones del caso.
Para la doctora Patricia Iturregui, experta en el tema, buena parte del problema se debe a que Sedapal no ha realizado inversiones de previsión estratégica durante los últimos 14 años. "No ha existido un adecuado mantenimiento de las redes de agua potable y alcantarillado, por las cuales el Banco Mundial estima que se pierde alrededor del 30% del suministro de agua a la ciudad. En suma, desperdiciamos mucho de la poca agua que tenemos", subraya.
El ingeniero Alejandro Vinces, autor del Proyecto de las Lagunas de Oxidación de San Juan de Miraflores y ex asesor de Sedapal, señala por su parte que Lima está sufriendo los efectos críticos de la polución ambiental global. "La Cuenca del Pacífico es azotada por sequías desde hace años como consecuencia de la degradación del medio ambiente -dice-, pero ahora es demasiado tarde para llevar adelante el proyecto que hubiera podido contrarrestar la escasez de agua en la capital: el trasvase de las aguas del río Mantaro al Santa Eulalia".
Los estudios del referido proyecto se realizaron medio siglo atrás con miras a cubrir las demandas futuras de agua para propósitos múltiples en Lima Metropolitana. Se tuvo en cuenta entonces los indicadores demográficos y económicos de la ciudad, así como los limitados recursos hídricos disponibles en los valles del Rímac, Chillón y Lurín. En una primera etapa, el Proyecto Sheque-Trasvase Mantaro contemplaba la derivación de 16m.3/seg. y, una vez concluido, 35m.3/seg., con lo que Lima tendría de sobra para satisfacer sus necesidades.

Este año el racionamiento de agua potable en Lima empezó mucho antes de lo acostumbrado. Algunos señalan que se trata de la peor sequía en 70 años, pero otros anotan que se padecen las consecuencias de no haber actuado a tiempo. Lo cierto es que, además de la falta de precipitaciones, Lima pierde un significativo volumen de agua por fugas, y eso debe ser subsanado cuanto antes.
Hay quienes sin embargo consideran que el proyecto ya no es viable. De un lado, las obras demandarían tiempo y un presupuesto cercano a los US$ 400 millones. Y de otro, los elevados niveles de contaminación que registran las aguas del Mantaro (principalmente por efecto de los relaves mineros) anulan prácticamente toda posibilidad de utilizarlas con fines domésticos.

La demanda de agua potable de Lima excede largamente la capacidad de La Atarjea.".
Existe de otra parte un aspecto que atañe de manera fundamental a esta problemática, y que merece una discusión detenida y profunda para evitar futuras contramarchas. Es el que se refiere a la Ley de Aguas. El debate de un proyecto de la misma por el Congreso, como se recuerda, fue postergado en junio pasado luego de las reacciones que suscitara su publicación. Dicho proyecto recogía en gran parte el espíritu del Código de Aguas de 1902, que se mantuvo vigente por cerca de siete décadas y que consideraba el agua como un bien económico y, en tanto ello, objeto de derechos. La Reforma Agraria impulsada por Velasco introdujo una Ley General de Aguas, vigente en la actualidad, que establece el uso justificado y racional del recurso y asigna al Estado la propiedad de todas las aguas.
Ahora, ¿qué implicancias tiene la Ley de Aguas en lo que respecta al suministro hídrico para uso doméstico e industrial? Muchas, si se considera que la agricultura es beneficiaria de un 70% por ciento del agua disponible del país.
Por lo tanto, como sostiene el especialista en derecho agrario y de aguas Laureano del Castillo, se debe ir a un manejo integral del recurso. Para él el proyecto en mención, aparte de presentar imprecisiones acerca de los mecanismos de titulación y usufructo, reduce al mínimo la intervención y eso podría dificultar un adecuado control del fin que se le da a las aguas. Chile es el único país en el mundo que cuenta con una legislación sobre mercado de aguas. Pero ella es aplicable en determinados territorios y actualmente se estudian enmiendas.
"La privatización de los recursos hídricos -expresa Del Castillo- no garantiza por sí sola una mejora de la oferta. Lo urgente es ir a una optimización del manejo de aguas y eso pasa, por ejemplo, por potenciar la organización de las autoridades autónomas de cuencas, que corresponde a un manejo integral de recursos hídricos, terrenos agrícolas, bosques, etc. en orden a preservar el equilibrio ambiental".
Por el momento Sedapal parece dejarlo todo a la buena voluntad de las cúmulonimbos, anunciando que si llueve habrá agua y si no, simplemente a soportar los rigores de la sequía. Actualmente las descargas del río Rímac en La Atarjea, que provee de agua al 65% de los limeños, bordean los 16m.3/seg., apenas la mitad de la demanda hídrica de la capital, calculada en 30m.3/seg. Tampoco los pozos tubulares, que surten de agua al 35% restante de los limeños, permiten vislumbrar una solución a la carencia crónica de aquélla, pues para el año 2000 el acuífero se reduciría a niveles inexplotables.
Más de un experto anota que lo que se requiere es trazar un plan de inversiones, proseguir con las campañas de ahorro, proteger las áreas agrícolas. En ese sentido, la noticia de que el Banco Mundial desembolsaría US$ 300 millones para financiar el Plan de Inversiones de Sedapal hasta el año 2000 podría dar algunos ánimos. Pero mientras los dólares lleguen y el cielo llore, reduérdese que se deber cuidar hasta la última gota. (Richard Licetti).

Ejecutado a tiempo, el proyecto de trasvase de las aguas del río Mantaro, podría haber ahorrado a los limeños los padecimientos actuales por la escasez de agua. Hoy la obra resulta demasiado onerosa y el Mantaro se halla altamente contaminado, con lo cual sus aguas tendrían poca o ninguna utilidad doméstica. Si se llegara a materializar el Plan de Inversiones que Sedapal proyecta para el próximo quinquenio, el panorama de baldes y tinas vacías podría empezar a cambiar.