BUENO, o sea, como te imaginarás, pucha, yo también estuve la semana pasada pegada como una lapa a la televisión, hija, con el asunto ése de los terrucos que le armaron a esa pobre gente de La Molina semejante corso contra el tráfico en sus casas, hija, mientras qué quieres que te diga, o sea, la señora Kanashiro (que te juro, o sea, cada vez que la veo me da más ganas de convertirme al budismo, no tanto porque la gorda me transmita mucha paz interior sino porque es el vivo retrato de un buda de loza que había en la casa de la que le cosía a mi mama Ubaldina cuando yo era chiquita y, o sea, me encantaba ir a verla); bueno, o sea, la Kanashiro de lo puro recta ella sacaba a la tombería de Maranga y ya sabes que el tal `Canebo' se me empezó a aparecer en mis pesadillas bajo la forma del chico que limpia lunas en el semáforo de la esquina, del que cuida los carros y del que vende chicles y casi me voy a Jutlandia a empezar una nueva vida, no sabes.
Pero bueno, o sea, lo que más me ha impactado de todo esto, o sea, es la inexorabilidad del paso del tiempo y, pucha, o sea, la desmitificación de la heroicidad justiciera, y por si quieres que me deje de boludeces y llame las cosas por su nombre, o sea, me impresionó horrores que el tal cabecilla guerrillero Rincón, ése que se había propuesto, o sea, tomar el poder para acabar con la injusticia y, pucha, o sea, abrirle la puerta al Hombre Nuevo purificado por la sangre derramada de los mártires de la lucha, o sea, más pareciera un mozo de cebichería, sobrealimentado y zángano, que un paradigma para las juventudes rebeldes, así es la vida de absurda, hija.
Y te juro, o sea, para poder soportar tamaña imagen del desencanto, o sea, me serví un martini dry de los que ya no se fabrican y me puse a pensar en que, o sea, pucha, la historia sí que le hizo un gran favor al Che, allí en la sierra de Bolivia, hija, cuando la vida le dijo chau pescau y ya ves que hasta ahora sigue el mito de que si son sus restos o más bien los de algún cholo despistado porque el de verdad, ay no sé, estaría por las cordilleras regenerando el tejido revolucionario para la nueva sociedad y matatiru tirulá.
En cambio, hija, el Rinconete ese, qué me comentas, estoy segura de que en su vida ha ido a otra Sierra Maestra que no sea la del río, ahí en Chosica, o sea, con su corte de pamperas embutidas en pantalón pescador, pucha, en esos pic nics que terminan por lo general en cuchipanda danzant, con las patas metidas en el agua del Chillón, sin la menor consideración a que los pobres renacuajos tengan que migrar contra la corriente sin ser salmones, hija, en busca de habitats menos contaminados con la aguadija secretada por tamañas podologías leninistas, hija, a mí me van a venir con cuentos, tamaño gordo mal hecho.
Pucha, o sea, en mis reflexiones no podía dejar de recordar por ejemplo, o sea, a los guerrilleros cubanos de los sesentas que, pucha, o sea, yo tenía dos añitos pero ya sabía distinguir entre estética e ideología y pucha, o sea, los odiaba por comunistas pero me parecían churrísimos ahí en su idealismo; en cambio, o sea, mirando a Rincón no se me ocurría más que pensar en la utopía de una pizza hawaiana, en los ideales de un tacu-tacu con apanado y en el hombre nuevo, sí, pero pucha, o sea, nuevo porque con dos Alka Seltzer adentro, o sea, está otra vez lleno de energías como para atacar una porción doble de chicharrón criollo con su camote frito al costado, y que a sus jóvenes seguidores, o sea, los triture la Sagrada Inquisición, no pues, hija, que así no vale.
En fin, hija, en este mundo moderno, o sea, prosaico y desangelado como una camisa de noche de Martucha, ag, no queda sino acomodarse con lo que la vida te ha puesto por delante, hija, sin heroísmos ni utopías de las que después tengas que arrepentirte a punta de barrigonazos. Aunque déjame decirte que mis últimas esperanzas están cifradas en el tal Comandante Marcos, o sea, ése de los zapatistas, con el que sí creo que me atrevería a uno de esos polvorones con fondo de La Internacional, que pasaría a la historia de las ideas hechas carne. Y contigo, hasta la próxima, si la vida aún me quiere. Chau, chau. (Rafo León).