
CONTROVERSIAS

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
La Resurrección del MRTA
UNO de los hechos que más llama la atención de la sorprendente reaparición del MRTA, es la juventud de la mayoría de sus miembros. En momentos en que a los jóvenes parece no interesarles la política, y los partidos llamados tradicionales no pueden atraer nuevos militantes a sus filas, resulta que una organización subversiva, a la que se creía extinguida, tiene la capacidad de reclutar a nuevos "combatientes".
Varios especialistas se han apresurado a certificar la defunción del MRTA, una vez capturado Miguel Rincón. El problema es que la muerte del grupo terrorista ya fue declarada, varias veces, desde hace años. Y todavía existe.
Una diferencia muy importante entre Sendero Luminoso y el MRTA, es que esta última organización tenía dirigentes y no semidioses.
Abimael Guzmán era para sus seguidores la "cuarta espada del marxismo", el directo sucesor de Marx, Lenin y Mao. Es decir, la encarnación de Dios en la Tierra. Eso le daba a SL la ventaja de la unidad absoluta del mando y evitaba el cáncer de las escisiones, que siempre ha corroído a los grupos de izquierda, tanto a los legales como a los subversivos.
Pero acarreaba un peligro: si el líder era capturado o moría, la organización se derrumbaba, como en efecto ocurrió después del 12 de setiembre de 1992.
El MRTA, en cambio, nunca tuvo dirigentes intocables dentro de su estructura. Víctor Polay y otros cabecillas, estaban sujetos a permanentes cuestionamientos y disputaban entre ellos. El resultado fueron varias rupturas y enfrentamientos entre facciones, que muchas veces se saldaron con muertos y heridos.
Eso sin duda debilitó al MRTA, al punto que ya para 1991-92 se le dio por liquidado, para efectos prácticos, luego de la detención de Polay, Peter Cárdenas y otros. Sin embargo, sigue con vida. La conclusión es obvia: el MRTA es una hidra de múltiples cabezas, y no se le puede dar por extinto cada vez que cae un dirigente.
Además, todo indica que el grupo recientemente capturado es sólo uno de media docena de "promociones" que había producido la escuela de cuadros subversiva, que funcionaba en Lima.
Así, pues, es prematuro hablar de la definitiva liquidación del MRTA.
Más allá del triunfalismo, lo que debería analizarse es por qué una organización subversiva tiene todavía atractivo para algunas decenas -quizás cientos- de jóvenes. Hoy día, cuando el comunismo ya dejó de ser una alternativa en todo el mundo, en una época desideologizada y pragmática, luego que los grupos terroristas han sufrido aplastantes derrotas y con el ejemplo de muchos militantes muertos o condenados a cadena perpetua en condiciones carcelarias muy duras.
La teoría que la subversión es un producto importado, auspiciado por las potencias comunistas, ya no resiste ningún análisis. La Nicaragua sandinista desapareció y el longevo dictador cubano lucha desesperadamente por sobrevivir, sin ocuparse de fomentar la revolución en otras naciones.
Las universidades, a las buenas o las malas, han dejado de diseminar la ideología marxista.
Y a pesar de todo, los grupos subversivos siguen reproduciéndose. No en la escala anterior, la de la década pasada, por cierto. Pero su sola existencia constituye un dato que debería llamar a preocupación. Porque la calma social y la estabilidad política de hoy son frágiles y endebles.
No existen instituciones políticas que encaucen las aspiraciones de los ciudadanos y que los representen. La sociedad civil está pulverizada. Las desigualdades económicas y sociales se han incrementado en el último lustro. Y por lo menos la mitad de la población vive en la pobreza.
Todo esto no constituye una amenaza inmediata para el orden y la estabilidad. Pero es ilusorio suponer que durará indefinidamente. Grupos como el MRTA apuestan a la sobrevivencia ahora y están al acecho, esperando que alguna conmoción sacuda la sociedad y ellos puedan aparecer como una alternativa a la desesperación.
Lo peligroso es que casi no hay opciones en el marco de las instituciones legales y democráticas. Todas están destruidas o agonizan en medio de crisis internas, y nadie se interesa en reemplazarlas o reconstruirlas.
El sangriento rebrote del MRTA debería mover a la reflexión sobre las posibilidades del Perú en el futuro mediato, más allá de la autocomplacencia reinante en las esferas oficiales.
CARETAS 1392