Enigma Privatizador
"Desde el 17, el propio Dante Córdova es el presidente de la COPRI en un periodo en el que Alberto Fujimori quiere intervenir más directamente. Las postergadas privatizaciones de Centromín y, en especial, de Petroperú promueven la atención presidencial. Sin embargo, ni Fujimori ni Córdova se hicieron presentes en el Foro sobre Privatización organizado por el SELA.
El proceso de privatización se ha desacelerado en todo Latinoamérica debido a la maduración del proceso en algunas países donde quedan pocas empresas públicas, por el "efecto tequila" y la consiguiente desconfianza creada, y por la entrada a fases más complicadas del proceso. En el caso del Perú, el mayor número de empresas vendidas en 1995 no refleja el menor monto de las transacciones.
"Debo confesar que lo primero que ha llamado la atención de los veinte inversionistas extranjeros que he traído al Perú es el tráfico de Lima", bromeó Pedro Pablo Kuczynski durante la penúltima jornada del foro sobre Privatización, organizado por el Sistema Económico Latinoamericano (SELA) con la participación de los representantes de los bancos de inversión.
No añadió que ese caos vehicular se debe en parte a la privatización ultra-liberal de líneas y rutas del transporte público de Lima.
La ola privatizadora que recorre América Latina (US$ 178,000 millones en la venta de los activos públicos sólo en la década de 1980) fue el tema de las jornadas del lunes 22 y martes 23. Extrañamente, el importante evento no contó con la clausura oficial del gobierno, ni la presencia voceada del Premier Dante Córdova.

En el Foro del SELA, Felipe Sandoval de CORFO, Juan Assereto de la COPRI, Ram Chopra del Banco Mundial y Carlos Moneta, secretario del SELA. La privatización de Petroperú es uno de los procesos más sensibles.
En esta cita latinoamericana, el proceso privatizador peruano se colocó en el centro del tapete. Juan Assereto, director ejecutivo de la Comisión de Promoción de la Inversión Privada (COPRI), rompió con parquedad una cura de silencio que duraba desde que fue nombrado hace dos meses, para anunciar un "Plan Estratégico de Relanzamiento de la Privatización".
Nombre largo con pocos detalles. Lacónico, señaló apenas que el calendario fijado para la privatización de Petroperú se respetaría y que Centromín se vendería por partes.
Los debates entre expertos peruanos y extranjeros se realizaron a puerta cerrada -y a un precio de US$ 2,500 por participante.
Sin embargo, en el discurso público inaugural, el argentino Carlos Moneta, Secretario Permanente del SELA, resaltó "que la instrumentación transparente" debiera ser una de las diferencias más marcadas de la privatización respecto a otras políticas públicas.
Dante Córdova, Primer Ministro y flamante presidente de la COPRI, fue el gran ausente del debate. Era una oportunidad para marcar su ingreso y señalar las virtualidades de su gestión. Mientras Lima era momentáneamente la capital latinoamericana de la privatización, con la asistencia de altas autoridades como el chileno Felipe Sandoval, vicepresidente de la CORFO con rango de ministro, las autoridades oficiales peruanas se mostraron extrañamente distantes.
Quizá este detalle grafique el desconcierto que actualmente campea en los predios privatizadores. No se entiende por qué Amado Yataco ha sido removido de la COPRI pero continúa en el mando administrativo. No se explicita tampoco la función reorientadora que ha de cumplir el Premier Córdova, cuyo nombramiento a la presidencia evidentemente tiene una significación política importante.
Por su parte, algunas señales como la postergación de la apertura de los sobres en el proceso de selección del coordinador global para la venta de las acciones estatales de la Telefónica del Perú (ver nota aparte), han acentuado la incertidumbre.
Desde que Alberto Fujimori nombró a Córdova a la COPRI como su cuarto presidente, no hay indicios de que se haya ingresado a una nueva etapa.
Una fuente cercana a Palacio sostiene que el nombramiento de Córdova obedece a que la COPRI, en la coyuntura actual, necesita de la mediación de un primus inter pares para agilizar varios trámites pendientes, entre los que se cuenta el caso de los balances de Aeroperú.
El asunto privatizador no le es ajeno a Córdova, quien dejó la gerencia en la naviera Multimares, del Grupo Wiese, para asumir la presidencia del CEPRI de la Naviera Transoceánica, en 1992. Y así, de barco a barco, pasó luego a ocupar el Ministerio de Transportes.
A los pocos meses, Transoceánica fue adquirida por Glennpoint de Panamá, creación reciente de Ultragás de Chile con Multimares.
El ingreso de Córdova junto con el ministro Jaime Sobero de Pesquería -quienes reemplazan al Canciller Francisco Tudela y Lilliana Canale de Industrias- ha cambiado la correlación de fuerzas en la COPRI. La sintonía con Palacio ahora es total y también probablemente la fiscalización desde la cumbre.
El proceso privatizador ha tenido fases bien marcadas. La primera, con Jaime Yoshiyama, fue la del arranque. En diez meses, limpiar, desbrozar y vender 10 empresas. Es decir, una por mes.
La segunda fase, con Daniel Hokama, fue la del despegue. En 33 meses se vendieron casi 40 empresas, entre ellas verdaderas "joyas de la familia": CTP, Hierro Perú, Cerro Verde, etc.
La tercera fase presidida por Yataco resultó en un congelamiento relativo. En los siete meses que duró, sólo consiguió vender Cementos Sur, Edegel y otras unidades menores.
Ahora con Córdova se inicia la cuarta fase de la privatización que podría llamarse del deshielo. Los hitos mas visibles serían la privatización de Petroperú, Centromín y la venta de paquetes de acciones de la Telefónica del Perú.
Petroperú, sin duda, es el tema más delicado.
Por lo pronto, en Talara y en Piura suenan ya los tambores de guerra. Los respectivos alcaldes se han comprado el pleito y apoyan paros en ambas ciudades esta semana con la participación de políticos y parlamentarios.
Y es que si bien con la privatización se consigue ahorros, eficiencia e incluso modernización, la arista del empleo (o del desempleo como resultado del esperado proceso de "downsizing" o "racionalización") se muestra con toda su crudeza. La preocupación no es caprichosa. Después de privatizarse YPF en Argentina, el número de empleados bajó de 37,400 a 10,600. El préstamo del BID por US$6 millones para amenguar la desocupación alcanzará tal vez para el té pero no para las galletas.
