Hitos de la Memoria

Libro de historiador Félix Denegri Luna revela nuevas facetas de la vecindad entre Perú y Ecuador. Al final, confía en que la historia, tal cual, siente las bases de una amistad perdida en la selva de la retórica.

Fotos OSCAR MEDRANO

"Recuerde lo que decía Alfonso Reyes: la historia que acaba de pasar es siempre la menos apreciada" responde sonriente Félix Denegri Luna cuando se le pregunta sobre las lecciones que deja el conflicto del Alto Cenepa, ocurrido hace un año que, entre otras cosas, ha permitido que culmine su obra "Perú y Ecuador: Apuntes para la historia de una frontera".
Además, señala el historiador, "no todo ha sido malo en 1995. El Acuerdo de Paz de Itamaraty es un logro positivo. Ecuador, por otro lado, acepta la vigencia del Protocolo de Río. Se ha convenido en la desmilitarización de la zona del conflicto. Los países garantes estuvieron a la altura de su compromiso y en especial Chile y Estados Unidos tuvieron un papel constructivo. Luigi Einaudi es un estudioso que conoce bien el Perú. Cuando lo encontré en Lima, su primera pregunta fue la consabida: "¿Y cómo está tu biblioteca?"


Los dos días de tratativas "modestas" de los cancilleres Francisco Tudela y Galo Leoro reflejados en la secuencia fotográfica: se requiere a veces hacerse el desentendido o reclamar la asistencia del Altísimo. Y, claro, no dejarse ajustar.

Denegri Luna es uno de los historiadores de la vieja hornada más respetados, por la seguridad en el juicio y por la seriedad de sus investigaciones. Ese prestigio es sistemáticamente contradicho por su resistencia a la publicidad, "al relumbrón", a la fama fácil.
Poseedor de una de las bibliotecas particulares más importantes no sólo en el Perú, estudioso infatigable, especialmente de la República, agudo observador de la historia de los países vecinos, Félix Denegri arriba a los 77 años con la certeza de que puede hacer historia porque "no dependo de nadie, me valgo de mis fuerzas y de mi trabajo".

Foto OSCAR MEDRANO
77 años, abogado e historiador, Félix Denegri ha dedicado su vida a la defensa del Perú y al diálogo con nuestros vecinos.

Objetividad e independencia en temas como el del diferendo histórico que separa al Perú y el Ecuador no es una tarea sencilla. Muchas veces puede ser mal interpretada.
Han habido gobiernos, colegas y maximalistas que en diversas ocasiones han enrostrado a Félix Denegri ser demasiado generoso en sus juicios sobre hombres y personalidades de Chile, Ecuador o Bolivia. "La historia no es para ofender. La función de la historia es entender".
Y tal vez con estas expresiones condensadas, se puede tener la impresión que Félix Denegri Luna es un historiador de sentencias y frases marmóreas.
Al contrario, es un conversador persuasivo, pleno de anécdotas y de un humor a toda prueba.
"Lo que pasa es que me he metido a mayores. Y el malhumor es el peor consejero", dice.
Sobre las relaciones Perú-Ecuador son numerosos los libros publicados en los últimos años. Félix Denegri menciona autores y obras de destacados peruanos y cree ver en ese esfuerzo local la contraparte de similares intentos realizados en Ecuador o en Chile.
Ha alentado con fervor, y desde hace 30 años, la confluencia entre estudiosos de Ecuador y Perú, "porque somos países semejantes, porque habiendo problemas podemos, gracias al diálogo, esclarecerlos y porque la historia debe finalmente aproximarnos".
Estuvo en Ecuador el pasado noviembre, uno de los tantos periplos que le permite ahondar amistades con historiadores ecuatorianos de gran prestancia, empeñados a su modo en evitar los excesos del patrioterismo.
Fue un amigo entrañable de Alfredo Pareja Diezcanseco ("así, de un tirón"), uno de los escritores más importantes de Ecuador, naturalmente inclinado a que las distancias entre ambos pueblos fueran eliminadas. Pareja Diezcanseco fue uno de los hombres que expuso su gran prestigio y no vaciló en corregir la peregrina tesis de que la Real Cédula de 1802 era inaplicable.
"Alfredo Pareja Diezcanseco se jugó la vida por la causa del diálogo", recuerda Félix Denegri. "Vino a Lima rehusando ir a Venezuela a la inauguración de la Gran Biblioteca Ayacucho. Lo hizo porque sentía que moriría pronto y había que acuciar al estudio y al diálogo.
"Félix, -me dijo en casa- la vida va en contra nuestra. Más en contra mía que en contra tuya porque soy más viejo que tú. Pero los dos somos viejos. Hay que hacer algo. Porque estos señores creen que con economía, que con política, esto se va a arreglar. Pero ningún daño puede hacer que la gente que estudia, en tu país y en el mío, se siente a confrontar hechos, datos, ideas. "Alfredo Pareja fue una de las grandes figuras de América.
La historia ha jugado malas pasadas a esta relación conflictiva, sin embargo. Hay tesis como la del Reino de Quito, entendido como un poder alterno al del Imperio Incaico. La esgrimida por el historiador ecuatoriano Pedro Moncayo en el siglo pasado sobre la inaplicabilidad de la Real Cédula de 1802, que legitima los derechos territoriales peruanos sobre el Amazonas. La más complicada, de los supuestos derechos amazónicos porque de Quito partió la flota descubridora del oceánico río.
Según demuestra Félix Denegri, las desinteligencias sobre la selva proceden del hecho que precisamente es la región menos conocida durante la administración colonial. "Bien podía ser que en los espacios administrativos coloniales existieran zonas periféricas cuya dependencia de uno u otro distrito no creaba problemas mayores. Pero con la independencia la situación varió radicalmente, siendo fuente de conflictos peligrosos. Areas que pertenecían por sus títulos a una república resultaban pacíficamente invadidas en sus inicios por ciudadanos de otro estado que tenían fácil acceso a ellas. Tal por ejemplo los casos de Quijos, Atacama y el Acre".


Félix Denegri Luna en 1941, movilizable, con su casco japonés.

El caso de Quijos es particularmente encarecido por Denegri Luna, pues se trata de un territorio de más de 1,100 kms. cuadrados que el Perú, no obstante ser vencedor por las armas en el conflicto de 1941, cede al Ecuador según el Protocolo de Río (1942).
Denegri Luna cita aquí al historiador ecuatoriano Enrique Villacís para valorar la importancia de la zona cedida: "representa el 90% de la riqueza minera y petrolera de esa región, la casi totalidad de la energía hidráulica, de las tierras agrícolas y ganaderas, en tanto que las tierras retenidas por el Perú, anegadizas y en formación serán útiles sólo después de largos siglos. La parte plana que permanece (con Ecuador) representa 102,330 kms.2, un territorio casi igual a Guatemala y Cuba, mayor que Panamá y otros países de Centroamérica". El Perú se quedó con Maynas (200 mil kms.2) que siempre ocupó.
¿Cómo ser objetivo en este mar de historia, alegatos, encuentros y desencuentros?
"Es muy difícil lograr una objetividad plena en un asunto tan discutido. Cierto grado de objetividad sí es alcanzable para cualquier estudioso. Lo primero, lo constructivo, es no mezclar patriotismo con patrioterismo. Distinguir la realidad de la caricatura, que hace mucho daño". ¿La pasión frente a la razón?
"El apasionamiento ciega a los hombres y eso hay que evitarlo en las relaciones entre los pueblos. Hay además corta memoria. El conflicto de 1941 encuentra al Perú más organizado, con un presidente mucho más sensible al tema, Manuel Prado. Ecuador padecía sucesivas crisis políticas. Alfredo Pareja lo ha recordado al defender y reivindicar a su canciller, Julio Tobar Donoso, en su momento escarnecido: "Ni Arroyo del Río (el Presidente ecuatoriano de entonces) ni Julio Tobar merecen la apasionada e injusta acusación que se les ha hecho. Años largos de descuido y de mala diplomacia, nos condujeron al trágico final".
"Mi generación vivió el conflicto de 1941 teniendo presente la lección de Chile. Ecuador seguramente lo vivió con intensidad. Pero eso no debe permitir argumentos como el que me contó un hermano de un ex presidente ecuatoriano. "Estábamos en las filas de los macheteros. Nosotros tenemos 80 hombres, al sur los peruanos tienen 130 hombres, pero como es bien sabido nosotros somos gente valiente y los peruanos son mansos. Nosotros esperábamos que Uds. salieran volando frente a nuestra ofensiva. Lo malo es que volaron, pero para adelante. Nosotros creíamos que Uds. tenían soldados japoneses". Lo que pasa es que el ejército peruano usaba los cascos japoneses. Ecuador creía que nosotros éramos valientes porque éramos japoneses". Una joven antropóloga ecuatoriana, María Eugenia Tamariz, lo confiesa a su modo" "No entendía el problema, me parecía imposible que dos países hermanos viviesen desde hace varias décadas la historia `del bueno y el malo', siendo por supuesto nosotros los buenos".


CARETAS 1398