Pepe Ludmir
Cazador de Estrellas
Era el hombre que más sabía de cine en el Perú. Desde 1951 fue la imagen del Oscar en la TV nacional.

Después de una entrevista, la fotografía del recuerdo, con la estrella de "Cabaret", Liza Minnelli.
ESTABA por cumplir 50 años de periodista, oficio que abrazó siendo casi un adolescente en una época que Lima, chiquita y dormilona, aún era respirable. Pepe Ludmir cruzaba por entonces, cotidianamente, la Plaza San Martín para llegar a las oficinas de una revista de línea izquierdista, cuyo nombre cambiaba con los años: 1948, 1949, 1950, bajo la dirección del "Negro" Genaro Carnero Checa. Ajeno a los avatares de la política, y muy distante de los sueños del estalinismo peruano, el chico Ludmir llegaba a esa revista para escribir sobre cine; que ya era una pasión que dominaba sus días.

Con Kirk Douglas, en el ínterin de una filmación. Año 1954.
Había nacido en el popular barrio de La Victoria, donde acaso pateando una pelota de trapo, nació su pasión por el fútbol, convirtiéndose, como era natural, en un hincha patológico del Alianza Lima, club que acarició, tal vez con fanatismo, hasta el fin de sus días. Pero junto con el fútbol nació su afición por el cine. Pepe siempre recordaba que invertía sus primeras ganancias sabatinas en cine, mantiné, vermouth y noche. Fue así como, desde una butaca, fue familiarizándose con las grandes estrellas de la época: Errol Flynn, Tyrone Power, Clark Gable, Diana Durbin, Betty Davis, Olivia de Haviland, Joan Crawford, con quienes con el devenir de los años conversaría como un viejo amigo.
Arriba, izquierda, de plácemes con la risueña Dyan Cannon; derecha, entrevistando al famoso realizador Cecil. B. de Mille; izquierda, en una transmisión televisiva de prueba, año 1956; abajo, con Burt Reynolds, en un alto del rodaje de "Dos pícaros con suerte"; arriba, derecha, montando un caballo de paso peruano, en Florida; abajo, con el inolvidable James Cagney, finalmente, entrevistando a la bellísima actriz Jane Fonda.

Izquierda, de plácemes con la risueña Dyan Cannon; al centro, entrevistando al famoso realizador Cecil. B. de Mille; derecha, en una transmisión televisiva de prueba, año 1956.

Con Burt Reynolds, en un alto del rodaje de "Dos pícaros con suerte"; al centro, montando un caballo de paso peruano, en Florida; a lado, con el inolvidable James Cagney, finalmente, entrevistando a la bellísima actriz Jane Fonda.
Flaco, desgarbado, con un mechón que mecía en su frente y siempre presuroso, el joven Ludmir fue abriéndose paso sin más armas que su talento. En los primeros años de los '50 ya anclaba en El Comercio, en el que escribía, naturalmente de cine, en la edición de la tarde y, paralelamente, llegaba a Radio Panamericana, donde conducía un programa que medio Lima escuchaba: Charlas de Cine. Sobrio, oportuno, con una voz estupenda y sus comentarios siempre en caja, Ludmir empezaba a saborear la fama. Su programa, como muchos recordarán, terminaban con un simpático "chau" a su mujer y, años más tarde, para su hija Sharon. Pero Ludmir también llevaba la música en el alma. Por esa época produce un programa que gusta mucho: Hora de Estrellas, de corte fino y amable. Es la hora también en que empieza a destacar como maestro de ceremonias. En el Lawn Tenis anima, entre otros eventos, la final del concurso Miss Perú.
Y así, el chico va escalando peldaños. En 1956, en una transmisión televisiva de prueba presenta a Bebelú de la Borda una de las superchurrísimas bellezas de Lima, para decirlo en el más puro lenguaje de Guido Monteverde. Se constituye así, quizá sin advertirlo, en el primer presentador peruano en la historia de la televisión. A propósito de Monteverde -el Sumo Pontífice del espectáculo en los cincuenta- apuntaba en su leidísima columna Qué Pasa en Radio, a medias entre el cariño y la malicia, "Ah, Samuelillo..." Y es que Pepe donde se metía llamaba la atención. Su trabajo es entonces intenso. También se da tiempo para hacer de modelo en avisos de propaganda impresa. Cuando entra la televisión a Lima, Pepe llega a las pantallas por su propio peso. Lo contrata Canal 13 -hoy Canal 5-. Tiene entonces un espacio en el que se deschava con todo lo que sabe de cine y sus infaltables entrevistas a las estrellas del celuloide. Por aquellos años viaja anualmente a Hollywood para asistir a la entrega del Oscar. Es ya un rejugado cazador de estrellas, a quienes entrevista con sin par habilidad y una buena dosis de humor, desde 1951, año en que recién acaba de sacar su libreta electoral. Desde entonces no falta a esa esplendorosa fuesta hollywoodense que a través de 300 cámaras llega a casi todos los países del globo. Pero en la televisión no sólo se luce como un showman del cine, también como maestro de ceremonias y locutor. Es entonces dueño de una de las mejores voces.
Es así como el chico, que se hizo periodista en una revista rojimia, alcanza los máximos halagos de la fama. En Hollywood su figura se hace familiar, pues no sólo llega para la entrega del Oscar sino, también, cuando le urge un reportaje o el avance de una película que va a pegar muy fuerte.
Con el paso de los años deviene en productor y director de radio y televisión. En noviembre de 1973, año en que celebra 25 años en los menjurges de las comunicaciones, lo encuentra al frente de 24 Horas, un programa al que buscó darle un formato distinto al que se transmitía, con el mismo título, en otros países: la informalidad. Poco después viajaba a los Estados Unidos, instalándose definitivamente en California, los Angeles.
Sobre la otrora llamada meca del cine decía "que el deslumbrante mundo del cine sólo lo es desde fuera. El ambiente en que se mueven astros y estrellas es muy superficial. No me gusta, a mi manera de ver su moral es absurda, no existe prácticamente en gente que pasan de un matrimonio a un divorcio, y luego a otro matrimonio para caer en un nuevo divorcio, y luego a otro matrimonio para caer en un nuevo divorcio y así sucesivamente". Ludmir se había casado a los 19 años. Su esposa Marta era norteamericana, pero a decir de Pepe "anticuchera y hablaba muy bien el castellano". Con ella tuvos dos hijos, Bruce y Sharon.
Pero Pepe, flaquísimo en su juventud, con el avance de los años empezó a engordar. En una oportunidad declararía: "Claro que pienso muy mal de la muerte y me siento mal con mucha frecuencia. Tengo presión alta, un poco de asma, regalo de mi ciudad, además de otras cosas insignificantes". Y esa ciudad, que nunca olvidó, lo vio llegar todos los años, cargado de videos, ya del Oscar, de una filmación o de una entrevista, para darnos un rato siempre grato frente al televisor.
La mañana del martes, corrió la noticia de su infausta desaparición.
El corazón de Pepe no resistió más. Con él se ha ido un personaje que marcó época en la televisión. ¡Chau, Pepe! (DTL).