Modelo Pide
¿O al menos un Apretoncito?
Reaparición con rocoto de Jorge Camet redobla dudas y abre nuevas polémicas en el mar picado de una economía que el FMI desaprueba.
Han bastado 30 días para que el panorama económico peruano y las expectativas del ciudadano sufran una transformación sorprendente. Curioso que el remache de un diagnóstico duro haya tenido que hacerlo el FMI para que el parco ministro Jorge Camet reaparezca con bríos desconocidos. El presidente Alberto Fujimori no podrá, sin embargo, sortear los dilemas del modelo ni las presiones del Fondo. Aún le queda un margen de maniobra, pero el espectro del reajuste no se puede obviar tan fácilmente. En suma, ha empezado un ajuste de cuentas que trae bemoles, temores y críticas. El tiempo económico, finalmente, se encontrará con un tiempo social, y aún no se sabe si sacará chispas.

Michel Camdessus, director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, el hombre del puño duro, ha pasado la cuenta y no parece dispuesto a aflojarlo.
A las 6 de la tarde del martes 5, en el Monasterio de Santa Catalina, Jorge Camet, el ministro cuya voz ha sido en las últimas semanas la más solicitada, rompió el pacto de silencio y con eco bíblico, exclamó : "Este es mi credo".
Antes de este discurso, las cosas estaban, en efecto, como para rezar. Tras una semana de rumores y críticas, se temía que en Arequipa, Camet lanzara a los cuatro vientos su renuncia.

Ha sido una semana de múltiples declaraciones. Sandro Fuentes, titular de Trabajo, se curó en salud: descartó que pudiera suceder a Camet pero sí ha mostrado preocupación por la cuestión social. El BCR ha sido remecido también por la carta de Camdessus y ha tenido que reconocer el défict en cuenta corriente que superó hasta la más pesimista de las predicciones (US$ 3, 748 millones, 7.5% del PBI).
El fin de semana, según advierten sus vecinos de Punta Hermosa, Camet estaba dolido e incluso confesaba que algunas de las andanadas venían de las propias filas oficialistas. No estuvo, sin embargo, quieto. Se reunió con el director de "Síntesis", el diario que tradujo más incisivamente la inquietud de empresarios y economistas, Luis Gonzales del Valle y se aprestaba a ampliar la ronda de consultas. "¿Por qué se me ataca?" se preguntaba.

Javier de la Rocha: ahorro interno. J.J. Marthans: pide
timón. Miguel Vega: farra fiscal. Carlos Boloña: sentado en
la puerta de su casa.
El viernes de la semana pasada, el prolongado Consejo de Ministros fue igualmente turbulento. Es más que probable que allí se aprobara el discurso-programa de Camet. Y que se modularan más nítidamente propuestas de las diversas pagodas.
El discurso de Arequipa no es, probablemente, cosecha exclusiva de Camet. Porque no sólo aborda cuestiones de la polémica actualidad económica, sino que expande la mirada sobre el " paquete" de reformas estructurales también exigidas por Camdessus.
En Lima, el día lunes, Sandro Fuentes, ministro de Trabajo, lanzó por su parte una crítica a la carta del FMI, dirigida a Camet el 20 de febrero pasado. No entiendo, dijo, cómo el FMI por un lado felicita y por otro expresa que hay problemas.
A tirios y troyanos, les ha dolido los términos y el contenido de la carta de Michel Camdessus. Y, en efecto, hay contradicciones visibles. El FMI dictó un guión en 1993, lo supervisó cada tres meses, no escatimó felicitaciones ("El Perú es un hijo pródigo") y, de pronto, critica los resultados de esa receta.
Todos los acuerdos con el FMI persiguen 3 objetivos básicos : equilibrar la balanza de pagos, moderar la inflación y aumentar el PBI. Justo estas tres variables, al cierre de su programa y al inicio del otro, son precisamente las que están en problemas. (Ver CARETAS 1402). El PBI ha caído, tanto que hasta el cierre de esta edición el INEI continúa escondiendo el bajón del mes de enero. La inflación del primer bimestre (2.8%), conforme lo ha reconocido el presidente de la Comisión de Presupuesto del Congreso, Carlos Blanco Oropeza, echa por los suelos la meta de 8.5% de inflación. Y, por último, Germán Suárez del BCR, haciendo de tripas corazón, ha tenido que reconocer que el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos ha rebasado el pronóstico más pesimista: 3,748 millones de dólares (casi el doble que el año anterior).
Para explicarse lo que viene ocurriendo con la economía peruana, el sermón de Michel Camdessus es insuficiente y tardío. En Huamanga, el 25 de agosto de 1994, al son del huayno, con chullo y esposa, Camdessus calificó de " disparate intelectual" a quienes criticaban el modelo.
Para algunos, el mal reside en el modelo mismo. La excesiva liberalización del mercado de capitales y del comercio de bienes produce una aceleración de las importaciones por el retraso cambiario. El modelo padece de " un virus endógeno".
La reinserción internacional, a su vez, por efecto de una negociación con rodilleras como dijo en frase ya clásica Roberto Abusada, amigo no asesor de Camet, provoca un "virus exógeno". No se puede ir a París sin la carta de buena conducta del FMI, pero eso no garantiza que haya mayores rebajas en lo que se tiene que desembolsar según compromiso previo. El Perú se comprometió a pasar de 300 a mil millones de dólares a partir de 1996.
Sin embargo, se ha crecido en los 36 últimos meses, con una tasa promedio anual superior al 8%, como nostálgicamente lo recordó Camet en Arequipa. Se creció en la misma medida que se partía desde muy abajo por los efectos devastadores de la hiperinflación.
Este crecimiento provocó en el régimen un exceso de optimismo. Es lo que Carlos Boloña ha llamado " la fiesta fiscal", de la que fue partícipe Camdessus que acompañó a Fujimori en las inauguraciones preelectorales. En rigor, no es novedad que esto ocurra. Hace más de dos siglos, Adam Smith, el padre de la economía moderna, recordó a todos que no hay lonche gratis. Lo que se gasta en recursos se paga. Según Miguel Vega Alvear "la farra de las elecciones y el costo de la guerra (que no se conoce con exactitud) ha sido más caro que lo que el gobierno supuso".
Desde una perspectiva técnica -y conforme reza en los textos-, Javier de la Rocha, gerente general del BCR, al que no se le puede atribuir proclividad opositora, ha señalado que el déficit de la balanza en cuenta corriente proviene de la diferencia entre ahorro -inversión. En 1995 ahorramos un equivalente al 16.4% del PBI e invertimos un 23.9%. Este 7.5% del PBI de diferencia es la causa del déficit. Si el Perú no logra una mayor generación de ahorro interno difícilmente saldrá del atolladero actual.
Según las cifras de De la Rocha, teniendo un ahorro que representa el 16.4% del PBI, si el Perú tiene que honrar el Brady y lo que viene del Club de París, debería destinar un 4% del PBI al pago de la deuda externa. Es decir de cada 4 soles que el país produce, uno saldría al exterior.
Manuel Moreyra, respecto a este punto, vino indicando desde tiempo atrás que la falta de ahorro interno -pieza maestra para concordar con un desarrollo realista- es consecuencia de una política monetaria y cambiaria, es decir, el BCR es el que debería haber desalentado la dolarización y auspiciado el ahorro en moneda nacional.
En este punto de inflexión -como lo califica Javier Tantaleán, ex jefe del INP- el gobierno tiene frente a sí varias alternativas. Aun los que dramatizan la actual coyuntura reconocen que Alberto Fujimori posee un relativo margen de maniobra.
Del intenso debate de estos días se podrían cuando menos reconocer cuatro escenarios probables y 3 posibles.

Como en el verso de Darío, Michel Camdessus podría empezar: "Yo soy aquel que ayer nomás decía..."En 1994, chullo en testa, hacía dupla con el candidato-Presidente. Derecha, evolución alarmante de la brecha comercial.
Este escenario tiene mucho de sombrero de mago: han saltado algunos conejos pero no es suficiente. El quid de la cuestión es la falta de plata. Hasta el Nomura Securities, banco de inversión japonés, ha señalado que la recaudación de 1996 prevista en la Ley de Presupuesto (20,600 millones de soles) no se podrá cumplir, y sólo se arribaría a unos 17,000 millones de soles (11.2% del PBI). El ritmo de recaudación de enero y febrero de este año abona esta tesis, ya que sólo se ha recaudado 3 mil millones de soles en lugar de los 4 mil millones que se necesitan.
Como CARETAS observó en su momento, dentro de las previsiones presupuestales de 1996, Camet reservó 1,300 millones de dólares para pago de la deuda externa, cuando en realidad iba a requerir 2,300, derivados de la elevación de 700 millones de dólares de la cuota del Club de París y 300 de la cuota anual del Plan Brady.
Los inconvenientes mínimamente serían tres. EL FMI pide que se contraiga el gasto fiscal, se bajen las importaciones, se aumente la recaudación y se pague más, al incluir la deuda con Rusia. Camet ha anunciado ajustes en educación, salud y pensiones, rubros en los que la sensibilidad social es una variable que puede tornarse explosiva. El tercer tema es que continuar con el esquema, aunque se apliquen pastillitas de alivio, puede repotenciar las tendencias nocivas. Pese a todos los esfuerzos para restringir importaciones, el volumen de ellas de enero de 1996 es de 648 millones de dólares frente a 593 que se importó en el mismo mes del año anterior.
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