Callado
Dolor
Imágenes y sentires de la dimensión humana de un drama
Penoso levantamiento de restos junto a solitaria cola del avión. Derecha, ministro Vara Ochoa en el trágico escenario.
Al margen de hipótesis y suposiciones, la única y fatal certeza del accidente aéreo de Arequipa fue la desaparición de 123 personas. Todas importantes, todas lloradas, todas recordadas por los suyos y por todo aquel conmovido por la tragedia. Los sueños de los jóvenes chilenos, el empeno de una tripulacion capaz, la radiante nobleza de Lorenzo de Szyszlo, estarán siempre presentes en la memoria agradecida de quienes los conocieron. Y en quienes, con pena, los sintieron partir.
El momento más dificil. Callada tristeza de un familiar en lamorgue de Arequipa.
OBSERVADA desde el cénit, Yura asemeja la piel rugosa de un viejo reptil. No sobresalen tanto cerros como depresiones, que la horadan cual profundos surcos. A pie, los zapatos se llenan de polvo pálido mientras la piel colisiona con un viento frío y seco. Todo el panorama estaba impregnado de tristeza.
Eran días sin sol. El viernes por la tarde un deudo chileno estaba agradecido por haber encontrado el cadáver de su familiar. El alivio del último adiós. Mientras las dolorosas despedidas se iban sucediendo durante la noche, los demás deudos iniciaban, al frente de la morgue, el llanto silente de los velorios. Todo Arequipa, todo un país, estaba con ellos.
Durante el del gerente de Embotelladora San Martín, Abel Miranda Zanardi, de quien se dice iba a inaugurar una hermosa casa el lunes 3, un adolescente se tragaba declaraciones para CARETAS entre frío y llanto. No insistimos. La noche iba a ser larga.
La herrumbrada mañana del sábado, mientras la morgue seguía siendo escenario de desgarrador pesar y admirable entereza por igual, los primeros entierros procedieron: dificultad absoluta para fotografiar durante el de Fransh Medina, dirigente agricultor del Chili, el rostro de una mujer que abrazando la tumba gritaba azorada: ¡te quiero, Fransh! ¡te quiero! Sólo hicimos silencio.
El domingo, desde temprano, reapareció el Misti y el sol. Regresábamos, imágenes estampadas en los rollos de película fotográfica y en la memoria. Asomamos la mirada por una ventanilla del avión, antes que el terreno agreste de Yura, similar a la piel rugosa de un viejo reptil, se perdiera entre las nubes. Descansen en paz. (JG).