Tentando el Quite

La tensión política y económica de las últimas semanas ha convertido al primer ministro Dante Córdova en un protagonista con sobrecarga laboral y con no pocos satélites cuyas órbitas tienden a polarizarse.

Foto VICTOR CH. VARGAS

Aparentemente las agitadas aguas que sacuden al barco económico amainaron con la ratificación del ministro Jorge Camet. Pero se trató de una calma transitoria. El gobierno no tenía con quien reemplazarlo, lo cual es un indicio de que las opciones se reducen y muchos prefieren sacarle el cuerpo al toro del ajuste y el afinamiento. La postergación de las negociaciones con el FMI y el Club de París también es un riesgo que si bien permite creer que se gana tiempo puede alejar a los inversionistas y alertar a la opinión internacional.

LA abortada crisis ministerial de la semana pasada ha dejado en el campo a dos figuras protagónicas pero al mismo tiempo en disputa no deseada. Por un lado, un primer ministro, Dante Córdova, con acrecidas responsabilidades; de otro, un ministro de Economía reconfirmado, Jorge Camet, cuyos reflejos parecen mermados o que en todo caso ya no suscita la confianza que despertara en el pasado.
El gobierno ha encontrado una solución coyuntural para un conflicto interno de polendas y ahora sí de dominio público. Por eso, la bolsa registra una peligrosa caída. Todos quieren vender porque no confían en la estabilidad del programa ni del ministro.
Los industriales, si bien alentados porque han continuado las conversaciones con Dante Córdova, redoblan sus presiones a través de la prensa para que las medidas a favor del productor interno se aceleren o de lo contrario el colapso del sector manufacturero se agravará.
Algunos creen que Dante Córdova y sus buenas maneras han resultado una solución política pasajera porque en buena cuenta no reemplaza al equipo económico sino que trata de apagar el fuego empresarial y le da un respiro al Presidente y a Camet para postergar los cáusticos temas de la carta de intención con el FMI y las negociaciones con el Club de París.
La carrera ministerial de Córdova ha sido fulgurante en esta segunda etapa. Pero su influencia abarca terrenos disímiles y suscita más de alguna resistencia en algunos de sus colegas. En sus predios, se reconoce que no aspira a plantear un programa económico alternativo, sin embargo, otras fuentes sospechan que es quien anima una relativa heterodoxia.
¿Por qué se llega al diálogo con los empresarios? Estos hicieron suyo en diciembre pasado el estudio del Instituto Peruano de Economía que dirige el ex premier Alfonso Bustamante y se lo enviaron a Jorge Camet, cayendo virtualmente en el vacío. Revive el documento a raíz de acuciantes preguntas en el Consejo de Ministros: ¿por qué siguen quebrando las empresas? ¿Cuándo se frena el desempleo?
El presidente Fujimori corta por lo sano. Si el equipo del MEF es impermeable, hay que abrir otras puertas. Córdova es el hombre del diálogo. Panamá, Trujillo, Lima son las etapas previas. Ahora se estudia sector por sector para ver dónde aprieta más el zapato.
Lo objetivo es que el primer ministro Dante Córdova congrega poderes crecientes que invaden el terreno económico. En algún momento sus recomendaciones implicarán favorecer a determinados sectores, como la industria textil, a despecho del credo liberal a rajatabla.

Las empresas textiles son las que más han sufrido con el enfriamiento. Ocho de las grandes han sido declaradas insolventes por Indecopi.

En fuentes palaciegas, se rumorea insistentemente la adopción de un arancel escalonado, como el del Grupo Andino, lo que en la práctica echa por los suelos el arancel plano, ardorosamente defendido por Camet.
Algunas importaciones están siendo evaluadas con lupa. Se habla de drásticas medidas para combatir el "dumping" de zapatillas chinas y textiles coreanos, tratando de corregir una tardanza sin explicaciones convincentes.
Córdova, aún sin proponérselo, suscita celos en el interior del gabinete, y es que además del frente empresarial, está encargado de la privatización, es decir, tiene que empujar diversos CEPRIS y, eventualmente, chocar con algunos colegas cuando propone evaluar cómo han ido las ventas realizadas. Aeroperú o la Telefónica tienen aristas difíciles. ¿Cómo explicar que una llamada interna en el Perú sea mucho más cara que en Colombia, Chile, Argentina, México, Brasil o Ecuador?
Y como si eso fuera poco, la reforma del Estado, que estuvo encargada antes al MEF, es una tarea prioritaria de la oficina del primer ministro. Es decir, ésta convoca a todos los ministerios, mandos medios y viceministros y a las comisiones de modernización.
Entretanto, Jorge Camet y cinco asesores preparan maletas para asistir a la XXXVII Asamblea del BID en Buenos Aires. Allí el ministro podrá encontrarse con Michel Camdessus, del FMI, medirá sus reacciones al haber postergado la discusión sobre la carta de intención. Asimismo moverá hilos para que Camdessus colabore en conseguir que el Club de París lo reciba en junio -no obstante que ya el verano y las vacaciones galas incitan a salir de la Ciudad Luz. La jugada es que las cuotas no aprieten (ver recuadro).
Algunos creen que Buenos Aires es la prueba de fuego para Camet. No hay que olvidar que su ratificación, según expresión presidencial, se debe a sus virtudes como negociador en las lides externas.
Independientemente de Córdova y Camet, el debate sobre el modelo económico está erosionando la figura presidencial. La última encuesta de Apoyo registra dos puntos de caída en las simpatías, aunque el respaldo sigue siendo respetable por lo mayúsculo. Si, como parece, no ha tenido a la mano un sustituto fuerte de Camet, hay quienes sospechan que el propio Alberto Fujimori se encargará de tomar la iniciativa económica. Si esta versión es cierta, hay de por medio algunos riesgos.
Los presidentes se resisten a cambiar ministros de Economía como producto de presiones. Si el gabinete está forjando pagodas o tendencias encontradas, lo probable según otros es que Fujimori termine por desechar las pugnas, aún cuando haya más de un sacrificado. Eso pasó con Juan Carlos Hurtado Miller y Guido Pennano. Con Carlos Boloña, Víctor Joy Way, Augusto Blacker.
El problema ahora no es de personas ni de matices menudos. Es cada vez más claro que el método de la primera etapa del gobierno resulta insuficiente en este segundo tramo. No basta sacar conejos del sombrero, ni actuar como un cajero indoblegable. Se necesita manejo fino, equipos, ir forjando el crecimiento. Lo que se ganó en persuadir al frente externo, súbitamente parece caerse después de la carta de Camdessus. El coautor del libreto peruano, el FMI, toma distancia y parece desconfiar de sus propias respuestas para explicar qué pasa en el Perú.
Es difícil que un gobierno reconozca que el problema de fondo está en el mismo modelo económico que aplicó con éxito aparente en los años pasados. Pero las preguntas ahora menudean. ¿En qué momento se rajó el programa? ¿Fue sólo la fiesta electoral la causa de tanta marea? ¿Por qué el ahorro interno no aumenta, la dolarización no cede, las importaciones crecen a despecho del enfriamiento?
La inquietud y la incertidumbre económica que se vive tienen aún como revertirse, pero para ello hay que dar la sensación de que se ha retomado el rumbo y se ha elegido un timonel. Hasta el momento se ha llegado a una solución de compromiso, transitoria y frágil.


Caída Libre

La última encuesta de Apoyo señaló que la tendencia a la baja en la bolsa se replica en las simpatías ciudadanas. El presidente Alberto Fujimori desciende dos puntos y la aceptación del programa económico ha caído de 49 a 39%, diez alarmantes puntos. Es verdad que fue realizada antes de la confirmación en el puesto de Camet pero da una idea precisa de la desconfianza ciudadana. La esperanza de ambos es que el factor externo los libre de continuar depreciándose. El primero viaja a México pero corriéndole al tequila y su efecto. El segundo a Buenos Aires con la esperanza de compartir un bife con Michel Camdessus pero evitando La Cumparsita.


EMPRESARIOS

Lo que Piden

Largo listado de requerimientos y compromisos.

UNA cosa es prestar oídos y otra, diferente, es comprometerse a realizar los sueños. Los empresarios han planteado un conjunto de medidas que implican, en buen cristiano, un costo fiscal de 2,600 millones de dólares en el lapso de 5 años. Asimismo supone un programa alternativo al del enfriamiento de la economía porque en lugar de suprimir importaciones plantea reducir sobrecostos para generar mayores exportaciones y, por lo tanto, empleo formal.
¿Puede el país absorber este sacrificio fiscal sin agudizar la cuestión social?
Los empresarios sostienen que las mayores exportaciones generarán una recaudación fiscal de 1,500 millones de dólares con lo que la brecha neta se reduciría a tan sólo 1,100 millones de dólares.
Confían que con esta apreciable factura se podrán generar 1'250,000 nuevos puestos de trabajo formal.

Alfonso Bustamante, preside el Instituto Peruano de Economía que cocinó el plan de los empresarios.

El planteamiento pretende mejorar progresivamente la competitividad de las exportaciones hasta llegar a un 30.5%. Es decir, los ingresos de los exportadores crecerán en esta magnitud. Lo usual es devaluar, evitando que la inflación se coma el adelanto cambiario. Pero esto no es fácil. Por eso es que los empresarios plantean el camino inverso: en vez de subir el techo proponen bajar el piso eliminando (o reduciendo) sobrecostos laborales, tributarios o de servicios.
Según ellos, no es posible que por cada sol de remuneración bruta, las empresas tengan que desembolsar 88.6 ctvs adicionales por las elevadas contribuciones al Fonavi, Senati, IPSS, CTS, AFP. Esto en lo que se refiere a los costos laborales.
Respecto a la tributación, plantean eliminar el impuesto mínimo a la renta (2% a los activos), rebajar el ISC que paga el diésel y bajar el nivel arancelario -que está en 25 y 15%- a 15 y 10%.
Hay otras medidas respecto a aduanas, instrumentos legales e infraestructura.
¿Aceptará, por ejemplo, reducir la tasa del Fonavi de 9 a 4%, lo que significa un recorte en los 5 años de 440 millones de dólares? De no mediar una reelección a la vista, esto podría aceptarse, pero Alberto Fujimori a diario inaugura obras precisamente gracias al generoso pozo del Fonavi.
El recorte del IPSS tampoco es desdeñable. Al bajar la tasa del 9 al 3%, el IPSS dejaría de percibir 368 millones de dólares en 5 años. Con la desaparición del impuesto mínimo a la renta, la SUNAT dejaría de percibir 165 millones de dólares.
Esto indica que cada pedido empresarial tiene un correlato social y por lo tanto una incidencia política. ¿Podrá adecuarse la oportunidad de estas medidas con las que por su lado plantea el FMI como son elevar los ingresos fiscales y reducir el gasto?
En materia de infraestructura, los empresarios piden acelerar la privatización de los puertos. Este cambio de régimen significaría un ahorro de más de un 50% de costo por manipuleo de cada contenedor.
Igualmente piden al gobierno la reducción del flete aéreo internacional. Una indiscreción: ¿cómo lo hará el versátil ministro Manuel Vara Ochoa? La salida según los empresarios es una política de cielos abiertos.
Finalmente piden que el BCR se ponga las pilas, mediante un mejor manejo, que permita elevar el tipo de cambio real levemente. Al final del lustro, con pequeños conquistas, se lograría obtener un 12% de devaluación real.


Cuánto Cuesta Decir ¡NO!

A comienzos del año, el gobierno tenía claro que debía suscribir un nuevo programa de facilidad ampliada con el FMI en el mes de marzo. Sin este documento no podía presentarse ante el Club de París, que reúne a los gobiernos acreedores. La cita estaba ya pactada para abril.
Era importante acudir en esa fecha primaveral no precisamente para gozarla en las hermosas riberas del Sena sino porque el Perú a partir de ese mes elevaba sus cuotas de pago de 25 millones de dólares a 75 millones hasta fin de año. Si bien en 1993 Jorge Camet aceptó que a partir de abril de 1966 las cuotas peruanas crecieran considerablemente, quedó establecido que si el comportamiento del Perú era el adecuado se podría tener contemplaciones con respecto a este abultado cronograma de pagos.
Resulta ahora que abril ha perdido su encanto y se han postergado las fechas inicialmente pactadas. Se habla de junio, que sería un mal menor. Porque puede ocurrir que se desplacen las fechas hasta noviembre con onerosas consecuencias.
Porque Camet puede aplazar la carta de intención, pero también necesita de los recursos del FMI para financiar la cuota inicial de ingreso al Plan Brady. Se esperan 400 millones de dólares que no son moco de pavo. Sin carta de intención, finalmente, no hay margen de maniobra con la banca privada acreedora. Antes de estos nubarrones se pensaba cerrar 400 acuerdos con sendos bancos al mes de junio. El gobierno al aplazar el acuerdo con Camdessus busca aplazar el ajuste fiscal. El problema reside en no perder soga y cabra.


CARETAS 1406