Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Sigue Cayendo

LA aprobación al presidente Alberto Fujimori volvió a descender en marzo, de acuerdo al último sondeo realizado por Apoyo S.A. De 75% en enero, bajó a 66% en febrero y 64% en marzo. La desaprobación subió de 22% a 25% en el último mes.
El motivo parece claro, según la empresa encuestadora: las dificultades de la economía. Por eso, el ministro del sector, Jorge Camet, se hundió de 49% de aprobación en enero, a 43% en febrero y 36% en marzo. Paralelamente, la desaprobación subió de 26% a 40% de febrero a marzo.
Los que creen que su situación económica está peor que hace 12 meses pasaron de 34% a 37%, y los que creen que está mejor bajaron de 23% a 19%.
Desde hace algún tiempo, los partidarios del régimen están aconsejándole que cambie de estrategia de comunicación, como si los problemas se resolvieran con una mejor propaganda. Lo que no se entiende de este punto de vista es por qué, si se trata solamente de un problema de imagen, el bien aceitado servicio de manipulación del gobierno, que hasta ayer funcionaba, hoy ya no lo haría tan bien.
Los expertos en "guerra sicosocial" del gobierno vienen trabajando a tiempo completo, igual que antes. El asunto es que la realidad es cada vez más difícil de disfrazar, aunque se inventen nuevos argumentos y justificaciones.
La semana pasada, por ejemplo, el presidente Fujimori hizo una interesada revelación: los problemas presupuestales se deben al conflicto con Ecuador. Lo dijo sin inmutarse, a pesar de que todo el año pasado repitió una y otra vez que la guerra había costado una bicoca porque las Fuerzas Armadas estaban preparadas, y que no había afectado la marcha del país, porque la economía era sólida como una roca.
La verdad es que está tratando de culpar al conflicto de un pecado que sus críticos, especialmente los liberales, le atribuyen a él: haber gastado en exceso durante 1994 y los primeros meses de 1995 para ayudar a su campaña electoral.
Las expectativas creadas por Fujimori en su reelección fueron muy grandes y estuvieron sustentadas no sólo en las promesas del presidente-candidato, sino sobre todo en el crecimiento real de la economía. Esto hizo verosímiles sus ofertas electorales.
La decepción, sin embargo, parece que fue rápida. El triunfo de Alberto Andrade en noviembre del año pasado habría reflejado, en parte, ese temprano desasosiego, que se ha manifestado abiertamente en las encuestas de los primeros meses de este año.
La estrategia del gobierno para asfixiar a Andrade negándole recursos, arranchándole concejales y recortándole funciones parece no haberle dado resultado tampoco, pues su aprobación, según la misma encuesta de Apoyo subió de 65% a 74% entre febrero y marzo, superando largamente a Fujimori. Andrade, no hay que olvidarlo, ganó con 52% la elección municipal.
Y esto a pesar que se está enfrentando a grupos no sólo numerosos sino también bulliciosos, como los ambulantes y los empleados municipales. Por eso, tal vez, quienes desaprueban su gestión han aumentado de 6% a 11% entre febrero y marzo.
En cualquier caso, el cazurro alcalde de Lima parece ser el único que capitaliza el desgaste de Alberto Fujimori. El nivel de aprobación de la oposición ha pasado de 36% en enero a 30% en febrero y 31% en marzo, mientras su desaprobación ha subido de 43% a 46% en el último mes.
No es para menos, porque ni los partidos ni los grupos representados en el Parlamento están haciendo nada que posibilite que ganen o recuperen las simpatías ciudadanas. El caso más patético es el de la UPP, la bancada no oficialista más numerosa, que se va desgranando de a pocos.
Así, no es mucho lo que puede esperarse de la oposición parlamentaria en el futuro inmediato. No obstante, podría jugar un papel en el debate de la privatización de Petroperú, medida que el gobierno insiste en llevar adelante a pesar de la falta de argumentos y la mayoritaria oposición ciudadana.


CARETAS 1407