Violación
Tras
las
Rejas
Enfermero acusado de abusar sexualmente de "burrier" gringa da la cara. Y niega todo.
Enfermero Gustavo de la Cruz, atendió a chica la madrugada del
13 de enero. Dice que no la tocó.
EL sábado 13 de enero, por la mañana, Ann Elizabeth Sigler Delgado, 20, ciudadana norteamericana detenida por tráfico de drogas, recibió una visita de rutina del personal de la embajada estadounidense. Ella se encontraba en el tópico del penal del Callao.
Sigler, que no habla español, denunció que pocas horas antes, a eso de las 2.30 de la madrugada, había sido violada por un enfermero. Repitió luego esta versión ante el alcaide Parra. Allí detalló que el enfermero, a quien identificó como Gustavo, le había dado masajes, para luego quitarle el brasier, desvestirla y abusar de ella. Previamente, el violador se puso un preservativo, reveló la norteamericana.
El acusado niega todo. "You, you. Cocaine. Hospita.", dice que era todo lo que podía entender la madrugada del 13 de enero, el enfermero Gustavo de la Cruz Centeno a Ann Sigler. Ella estaba internada en el tópico del penal desde el 9 de enero, por presentar un cuadro de toxicomanía con síndrome de abstinencia.
Horas antes había sido examinada por el doctor Pedro Cubillas, quien al retirarse dejó las instrucciones al enfermero, que era el único que se quedaba al cuidado de la detenida. Ella era la única paciente.
Ann Sigler, 20, no habla español. Estaba en el tópico del penal del Callao porque es adicta.
Entre las instrucciones del médico, se señalaba que si la Sigler presentaba náuseas había que aplicarle Gravol y si ocurría un cuadro de convulsiones, le diera Diazepan, que es un ansiolítico, y Ferrobasbitel o Ansiopaz. Con esos medicamentos, según especialistas consultados, un paciente puede ser adormecido.
Según De la Cruz, él aplicó las dosis indicadas en dos oportunidades. Una por la tarde del día 12 y otra a las 2.30 de la madrugada del 13. Observó que la norteamericana se tranquilizaba. Antes de darle las medicinas, cuenta De la Cruz, la Sigler estaba muy nerviosa, gritaba, por momentos se retorcía y temblaba.
`'Me hablaba en inglés, no le entendía nada, salvo las palabras hospital y cocaína. En ningún momento la toqué. Al tópico siempre van a atenderse las internas y cada cierto tiempo pasa la guardia. Ese día terminé el servicio y al regresar el día miércoles 17, me di con la sorpresa de que había sido denunciado por violación."
El día de la presunta violación se realizó una evaluación médica, cuyo resultado suscribió el médico José Luis Janampa Coronado. Allí se lee que Ann Sigler "es una drogadicta que presenta síndrome de abstinencia severa y se encuentra en observación''.
En el examen ginecológico, Janampa señala que no se observan huellas de resistencia en abdomen, región pélvica, región anal y miembros inferiores. Y en relación a los genitales externos todo es normal, añadiendo que la norteamericana presenta Vulvovaginitis Candidiásica. El médico no encuentra indicios de violación.
El acusado y su abogado usan el informe como prueba de su inocencia. Sin embargo, la abogada de una organización feminista sostiene que eso pudo haber sido arreglado, pues es frecuente que violadores sean protegidos por personas de su mismo sexo, sobre todo si pertenecen a la misma institución.
Cinco días después, el 18 de enero, la Sigler rindió otra manifestación ante la Inspectoría del Instituto Nacional Penitenciario, Inpe. Allí se retractó de su denuncia original. En una de sus respuestas sostuvo que era falsa la acusación que hizo. Ella deseaba ir a un centro hospitalario o siquiátrico, dijo, y con esa finalidad denunció la violación. Pero parece que esta declaración la hizo sin la presencia de su abogado o de algún representante de la embajada norteamericana.
En cualquier caso, es sólo una manifestación ante una autoridad administrativa y no judicial, y pudo haberla hecho bajo el temor de sufrir represalias.
El lunes 25, la norteamericana rindió una manifestación ante la fiscal Hilda Barrueto y la jueza Liana Soto, ratificando su primera versión: fue violada por el enfermero. La fiscal formalizó el martes 26 la denuncia y la jueza abrió instrucción contra el enfermero Gustavo de la Cruz.
Ann Sigler está siendo juzgada por tráfico ilícito de drogas. A ella se le encontraron 8 kilos de cocaína pura el 11 de diciembre del año pasado, cuando pretendía abordar un avión a Miami con el argentino Adolfo Varando. Ella dice que fue contactada en una discoteca de Miami por un tal "Gallo", quien le ofreció trabajo de modelo.
La embajada norteamericana ha protestado ante el ministerio de Justicia y el Instituto Nacional Penitenciario por la presunta violación de Sigler, pero hasta la fecha no recibe ninguna respuesta. Recién el martes la norteamericana ha sido trasladada del penal del Callao al de mujeres de Chorrillos.
Según los expertos, en los penales de mujeres son muy raras las violaciones. Estas son más frecuentes en las comisarías,
Gustavo de la Cruz ingresó al Inpe en 1989, y ha trabajado en distintas áreas de penales. En 1993 entró al area de salud del penal y paralelamente estudió enfermería. Recién a partir de este año cambió su puesto de agente penitenciario por el de enfermero. Ahora ha sido cambiado al penal Miguel Castro Castro y está sometido a investigación.
Su abogado, Miguel Romero Bueno, que ha sido director del Inpe en 1990, por el periodo de un año, señaló que es difícil que la norteamericana haya sufrido una violación. Sostiene que no está acreditado el delito porque el examen del médico no lo registra. Agrega que hay contradicciones en las declaraciones de la Sigler. Y concluye afirmando que cuando fue director de penales, constató que en las prisiones de mujeres sólo hay mujeres.
De cualquier forma, la presunta violación de Ann Sigler es una noticia que ya dio la vuelta al mundo, deteriorando aún más la imagen del sistema judicial y carcelario peruano. Las autoridades deberían acelerar la investigación.