

Escribe
LORENA
TUDELA LOVEDAY
O Sea, a Propósito de la Semana Santa
TE cuento hija que, o sea, por dármelas de antropóloga, pucha, o sea, la semana pasada me agarró una depre que un poco más y me iba a Londres a comerme un pedazo de la primera vaca loca que cruzara por mi camino, a ver si así acababa con esta tragedia en que se convirtió para mí el vivir, no sabes.
La cosa empezó, cuando me llega a través de la muchacha de la hermana de María Belén Van Hingoven, pucha una choli, o sea, una chica recién bajada de Ayacucho, llamada Kimberly Kelly pero eso sí, o sea es de lo más linda, limpita, inocente y servil, para o sea limpiar una vez por semana todo mi equipo de cómputo, hija que como tú sabes, pucha vale un huevete de plata y esta humedad de Lima que, o sea, es capaz de aguachentar hasta las sinapsis de Bill Gates, ¿no te parece?
Pero bueno, o sea, la contraté y regio, yo estaba al otro día releyendo mi reporte mensual al Banco Mundial, o sea, esta vez sobre la viabilidad de aplicar Kaothrin a los ambulantes esos que no lo dejan al gordo Andrade en paz, ¿ya?, cuando en eso veo que entra a mi estudio, pucha Kimberly Kelly y te juro, o sea, con la luz de la tarde que se filtraba por el ventanal y la música de Stockhausen que salía de mi equipo, qué quieres que te diga, o sea, la chica era un personaje de Springett, por decir lo menos.
La cosa, hija es que no me pude aguantar y pucha, o sea, me puse a reflexionar horrores en todo lo que ha pasado en las últimas décadas en este país, o sea, a la vez maravilloso y a la vez, pucha, un asco como dice Mario (y de paso, o sea, hazme acordar para que te cuente de la fiesta de sus sesentas en Hyde Park, con decirte que estuvo hasta Camila Bowles, que es más fea, hija que pellizcarse la barriga en el cajón de la mesa de noche).
Bueno, hija te juro que me dio una emoción tan nacional que te juro, o sea, le dije a Kimberly Kelly que si me contaba de la Semana Santa en Ayacucho o sea, le pagaba el doble de lo que habíamos pactado por ese día de trabajo y que además, o sea, podía hacerlo sin parar de limpiar porque eso sí, o sea, una cosa es mi sensibilidad andina y otra muy distinta es que mis equipos de cómputo se conviertan en la vesícula de Chirinos Soto por falta de mantenimiento, tú me comprendes.
Pucha, hija, y empieza la palomita huamanguina esa a contarme, pucha con esa voz dulce como un ojo de agua al atardecer, o sea, cómo es el ritual súper naif de cada uno de los días de la Semana Santa en su tierra y yo te juro, o sea, me maravillaba con todo menos, o sea con las descripciones de los chicharrones, las sopas de gallina y los mondongos que te juro, o sea, ellos no pueden parar de comer ni hasta en las vísperas del sacrificio de Cristo, si serán.
Y así, hija, o sea, se nos pasó la tarde entera y pucha, o sea, yo había cambiado a música de García Zárate y Ayacucho se volvió virtual, pucha sin necesidad de computadora alguna y la felicidad o sea, se instaló en mi corazón.
Pero como en este mundo cabrón, hija, nada bueno dura dos minutos, Kimberly Kelly me saca de mi ensueño en el que yo era poco menos que Jane Bowles en Tánger disfrutando del encanto de lo primitivo y con un recorte de periódico en la mano me pregunta:
-¿Y esta santita de la Semana Santa de Lima quién es para ir a rezarle?
¡Y qué crees que había en el recorte!: una foto de Susy Díaz montada en un burro, con minifalda, entrando al Congreso y, o sea, la bestia (la de carga se entiende), o sea jalada por un ser indescriptible llamado Fulvia Célica que después me he enterado de que hace pila parado, ¿te puedes imaginar?
Bueno, o sea, no comments, ¿no? Quiero decir, o sea ya se acabó, hija ya no hay nada que hacer. Aunque me queda el consuelo de que por lo menos yo viví un poco de lo otro pero hija a la GCU que nace en medio de esto no la salva ni el Domingo de Resurrección, ¿no te parece? A mí sí. Chau, chau. (Rafo León).
CARETAS 1408