
El Color del Dinero
Mecanismo y funcionamiento del mercado de arte pictórico. Tras usual paréntesis veraniego, el circuito vuelve a activarse.
Acaba el verano, y con el otoño la escena plástica local se despereza y recobra vitalidad. Galerías, artistas y coleccionistas retornan a la danza de exposiciones y -con suerte- compras. ¿Pero cómo funciona este sistema? ¿Quién fija los precios? Aquí una aproximación al difícil equilibrio entre la creación salvaje y el calculado mercado de arte, organización aún incipiente en nuestro medio.

LA mejor y casi única manera de vender un cuadro en nuestro país es en una galería de arte. La cotización se dicta a través de dos parámetros fundamentales, la trayectoria del artista y la demanda de su obra. Así, cuando un artista tiene aceptación en una exposición, usualmente sube el precio en un 30% en la próxima. Hay otros locales que se autodenominan "galerías" pero que en realidad no realizan verdaderas exposiciones, sino que tienen permanentemente una cantidad de cuadros a la venta. A estos Luis Lama les llama "tiendas de arte...con todo el respeto que se merecen, pues cumplen también una función, la de vender los cuadros". Parientes cercanos de estas "tiendas de arte" son los nuevos espacios no tradicionales -cafés de moda- que ofrecen cuadros para acompañar el capuccino.
En cuanto al comprador, no necesariamente se trata de un visitante habitual de galerías. Con suerte, es un banco. Además, hay personas dedicadas a vender cuadros puerta a puerta. Estas por lo general trabajan con cierto número de galerías, vendiendo bajo comisión. Roberto Asconiga de la Galería Praxis asegura que trabaja con algunas personas utilizando esta modalidad. En el mercado internacional se les conoce como "Art Dealers" y están agrupados en sindicatos. En Lima se cuentan con los dedos de una mano.
¿A cuánto puede vender su obra un artista recién egresado? El promedio es de 500 dólares. Pero la competencia es durísima. Esto hace que los artistas opten por otras fórmulas menos convencionales para vender. La venta ambulatoria es el primer, y tal vez peor (artísticamente hablando) recurso. El arte del Parque Kennedy ya se ha convertido en fórmula de fácil salida. Pero otros pintores también han encontrado fórmulas de venta sin pasar por la galería. Los que ya tienen cierta trayectoria venden en sus talleres. Esto no es del agrado de los galeristas, aunque según Lama el verdadero problema no está en que vendan en sus talleres, sino en que venden más barato que en la galería. Con esto no sólo devalúa su propio trabajo sino que demuestra falta de ética hacia el público; si alguien compra en galería un cuadro y luego se entera que otra persona le compró al pintor uno similar mucho más barato, tiene todo el derecho de sentirse estafado. Lama opina que las galerías no pueden impedir que un artista venda en su taller al mismo precio del mercado (puesto que estas no firman ningún convenio con él para venderle por lo menos un cuadro mensual), pero que sí tienen derecho de no volver a presentar a aquellos que, haciéndoles una competencia desleal, abaraten sus obras a puerta cerrada, medida que Cecilia Gonzales confiesa haber tomado más de una vez. Pero ningún comprador toca a la puerta de un pintor poco conocido, para ellos hay otro sistema: el vernissage casero. Por supuesto, esta modalidad tiene detractores. Cecilia Gonzales, por ejemplo, reclama que ella sí tiene que cumplir con todos los requisitos para vender en su galería, mientras que la organizadora de un vernissage casero hace el negocio de su vida sin facturas de por medio y sin que la SUNAT se entere. Asconiga, sin embargo, piensa que no vale la pena alarmarse por algo que viene sucediendo desde siempre y que jamás ha sido una verdadera competencia para las galerías. A Pedro Rotta le parece que lo más grave del vernissage casero es su aspecto netamente comercial. Es muy raro que las personas que realizan este tipo de actividad cuenten con la preparación necesaria como para organizar un exposición coherente y de calidad, simplemente se limitan a exhibir los cuadros que saben fácilmente comercializables. Rotta dice que los jóvenes aceptan participar en esto debido a la conveniencia económica, el cuadro se vende más rápido pues es más barato y ellos reciben el dinero sin tantos intermediarios, pero este dinero ganado relativamente fácil es lo que origina el problema. "Van perdiendo la consideración que ellos deben tener por su trabajo, hay menos responsabilidad pues ese público es menos exigente, repiten fórmulas vendibles y lo peor es que estas señoras empiezan a manejar la obra. Un alumno me contó el caso de alguien que le dijo "ese cuadro en rojos repítemelo en azul", él no aceptó pero hay otros que sí aceptan y así empiezan a cortar la libertad de actuar del artista".
El egresado, o cómo conservar la creatividad a pesar del mercado.
A esto hay que agregar que, tanto el que vende en taller como en vernissage, al no estar en el mercado formal no se considera su obra. Nadie hace crítica de arte a puerta cerrada, nadie cotiza a un pintor que no exhibe públicamente; cabe preguntarse si los artistas que optan por estas formas de ventas son conscientes de ello. Porque en un país en donde, al contrario de lo que sucede en el mercado internacional, la obra de un pintor baja su cotización en cuanto éste fallece, tal vez lo único que interesa a estos pintores es vender bien mientras estén vivos. Luego no sólo será demasiado tarde, sino más barato. (Tanya Moscoso)
Quién es quién.
Heredia
en Ekeko
Lectura de poemas de Julio Heredia

Sorprendido por los cambios, que a la larga son los de siempre, el poeta Julio Heredia, antiguo periodista de CARETAS, ha retornado al Perú luego de doce años de ausencia. Ha vuelto con la edición bilingüe del Libro de los Muchachos Chinos (Vericuetos Collection Escargot au Galop, 1995) que en Francia ha merecido críticas favorables. Además, este 8 de abril a las 8 p.m. en El Ekeko de Barranco ofrecerá una lectura del "Libro Divino del Desdén", que próximamente publicará en Lima bajo el sello de "El Santo Oficio".
No soy pues el extranjero.
Yo soy un poeta
que entre otras gentes es
el mal agüero, y vengo
atraído por aquello que
escuché allá, detrás de
todas
las aguas del mar : que
aquí todos se alimen
tan de cosas blancas,
como arroz y poesía
¿Qué diga una gran pala
bra, más, para poder
aquí habitar?
Dragones salen al encuentro (fragmento)
TEATRO
HISTORIAS DEL SOL
DOMINGO 7
EXPOSICIONES
ANDRES ZEVALLOS
ROSTROS DEL CHULEL
ARKINKA
Informe sobre el arquitecto portugués Siza.
Arkinka, la impecable revista de arquitectura, diseño y construcción que dirige Frederick Cooper Llosa, dedica la nota central de su quinta edición a la obra del arquitecto portugués Alvaro Siza, destacando sus personales apuntes sobre una visita al Perú y su pasado arquitectónico en setiembre del año pasado. Además, Vermeer bajo estudio.
LIBROS
TIEMPO DE OPERA
Tiempo de Opera para Aída.
Feliz retorno de Aída Balta a la novela tras casi una década de silencio. Esta vez, la autora de "Sodoma, Santos y Gomorra" y de "El Legado de Caín", presenta "Tiempo de Opera" (Editorial Signo Tres). Es la historia de una psicoanalista, su paciente y la intensa relación que va formándose entre ellas, contada de tan sutil manera y con el talentoso oficio ya conocido en Balta, que la alejan de cualquier caída en el escabroso facilismo de moda. La condición humana y sus proezas en los mares del inconsciente, en ágil narrativa guiada por luminosa fraseología de Lacan.
Humor
en el
Circo
Muestra de Alberto Lama,en la Galería de Cecilia González.
QUE mejor pretexto para hacer derroche de humor negro que la vida bajo la carpa de un circo. Pero eso no es todo lo que ha logrado Alberto Lama en su última muestra. "Circus City" es una combinación de fanfarria y tristeza, de color y magia, de realidad e incertidumbre. El pintor le echa la culpa de todo al "azar". "Son señales que te da la vida", dice. Y es que el año pasado, Lama tuvo que pasar cuatro días enteros en un circo, asistiendo a la producción de un video clip del cantante Gian Marco. El tiempo fue suficiente para que la imaginación desbordara. "Entonces me reconcilié con el color y decidí hacer esta producción". Se trata de una serie de plumillas sobre cartulina, óleos, altos relieves y cerámicas en los que personajes circences han quedado capturados para siempre.
Lama (Lima 1964), aprendió a dibujar en el taller de Cristina Gálvez y luego pasó por la Católica y Bellas Artes. Y si bien confiesa que lo suyo son los murales "porque brindan un reto diferente", lo cierto es que son muchas cosas las que acaparan su atención. Además de haber pintado las paredes de conocidos bares barranquinos, compone canciones y tiene su propio grupo de rock: "Mundo raro", hace efectos especiales de caracterización para comerciales y se divierte disfrazando a artistas en "De dos a cuatro". Tal vez sea el transitar por todo ese mundo de "imágenes salpicadas" lo que haya hecho que Alberto Lama sea un auténtico creador. Si alguien quiere comprobarlo, basta una entrada a "Circus City". Sólo hasta el 8 de abril.