Se Armó la Pampa

Ambulantes confabulados con mayoristas y cachineros quisieron doblegar el brazo edilicio. Lo que resultó escandalosa fue la cómplice pasividad policial.

Foto JAVIER ZAPATA

Hay quienes prefirieron el domingo de ramos. Los ferreteros y cacos del Jirón Lampa optaron por un lunes de palos. La resistencia al programa municipal de erradicar a los ambulantes esta vez se estrelló con un Alcalde que no da su brazo a torcer y que reclamó de la Policía una actitud más decidida. Los incidentes una vez más ponen al descubierto extrañas tácticas del gobierno para desarticular esfuerzos que como los de Alberto Andrade en la urbe y de Ketín Vidal en la Policía Nacional gozan de apoyo público.

La batalla se extendió por varias calles. En Pachitea, un enardecido vendedor de electrodomésticos acusa a los revoltosos, pistola a la cintura, y luego los enfrenta blandiendo improvisado garrote. La antigua disputa entre informales y comerciantes a la que, sin embargo, la Policía dio las olímpicas espaldas. Cuando Ketín Vidal dio la orden de cooperar, la función disuasiva del cuerpo policial borró la agitación.

"Todo este desorden, finalmente, se puede resolver si el Presidente interviene directamente haciendo respetar la ley".
Esa es la conclusión a la que ha llegado Alberto Andrade el día lunes 1 de abril, luego de una semana en que además de poner a prueba su voluntad de hacer respetar al Municipio ha visto cómo se venían abajo las acciones de ordenar el comercio ambulatorio en el Centro Histórico de la vieja capital.
El repaso que hace Andrade es exhaustivo: " Desde el inicio de mi gestión intenté comunicarme con el general Ketín Vidal. Supuse que no me respondía porque tenía que empaparse en su importante cargo. No quisiera pensar que hay una orden superior que le impide siquiera coordinar con nosotros".
Lo real es que la Policía ha actuado -como pudo verlo cualquier televidente o transeúnte en el centro de Lima- con pasividad. Ketín Vidal se ha escudado en que las disposiciones legales no lo obligan a desalojar a los ambulantes. "La función de la Policía es cuidar el orden público", sostuvo paladinamente en la TV el domingo 31.
La formal respuesta de Ketín tiene una base verdadera. "El desalojo corresponde a la Policía municipal, pero cuando los ambulantes apelan a la violencia y se enfrentan con palos, fierros, piedras, se quiebra el orden público y es el momento en que la Policía tiene que intervenir", señala el regidor Jaime Mirando Souza. "La Policía acompaña a la Policía municipal, es el factor disuasivo que impide un eventual enfrentamiento cuerpo a cuerpo", añade.
El comportamiento de la Policía, por otra parte, ha sido cambiante. Brindó apoyo en las primeras acciones en el mes de febrero. Por eso se consiguió "liberar" el Parque Universitario, las inmediaciones del Palacio de Justicia, incluso Lampa misma.
Pero estas conquistas, muy bien recibidas por la población y por los medios informativos, han sido provisorias porque se requiere la permanencia de efectivos policiales para evitar nuevas infiltraciones. La Policía, en definitiva, sólo actúa dentro de horarios establecidos (son como oficinistas pues trabajan en la calle sólo de 8 a.m. a 5 p.m.).
¿Por qué no recurrir a la Policía municipal?
"En primer lugar, el policía municipal no porta armas ni tiene tampoco posibilidades de detener a alguien. La confiscación es su única función, pero llegar a ello significa tener apoyo policial porque si no es simplemente avivar peleas", señala Miranda Souza. "Hay además un factor sicológico. La gente respeta a la Policía, al municipal lo ve como una autoridad disminuida".
Andrade por su parte, que constata a diario la animadversión gubernamental, confió en que continuando con la labor de erradicación de los ambulantes se ganaría a la opinión pública y ambos -Municipio y población- lograrían finalmente disuadir al gobierno para que colabore.
Por eso la operación para sacar a los ferreteros y reducidores de La Cachina y las últimas cuadras de Lampa. En la madrugada del lunes 25 de marzo, intervinieron 178 efectivos policiales y unos 150 municipales. Fue una ofensiva impresionante , pues aún no estaba en las calles el grueso de ambulantes, salvo cuidadores que pernoctan allí. Por eso no hubo protestas y se aceptó el desalojo.
Horas después la Policía se retiró. Empezó entonces una marea de individuos que incluso los ambulantes señalan como " cachineros", es decir, los delincuentes que rematan el producto de sus robos. "Los ambulantes estábamos tratando de recuperar nuestros productos y quioscos del depósito de La Cabaña", dice uno de los dirigentes.
Los "cachineros" se envalentonaron y provocaron un cierrapuertas. Los municipales tuvieron que escapar y acuartelarse en La Cabaña. Andrade y sus regidores llamaron a la VII Región Policial. El general Héctor Gonzalez Salinas, jefe de esa región, brillaba por su ausencia. Al morir el lunes, se había obtenido una pírrica victoria.
El martes, el alcalde Andrade convoca a una conferencia de prensa, señalando que la Policía " ha quitado el cuerpo" y reclama una definición del propio gobierno. La responsabilidad recae en el ministerio del Interior que hasta el cierre de esta edición no ha dicho esta boca es mía. Se sabe, por diversas fuentes, que el Ministerio de Limatambo está perfectamente enterado de todo lo que viene ocurriendo.

Alberto Andrade y Ketín Vidal: se declaran mutuo respeto, pero insidia gubernamental los separa.

Martes y miércoles continuó la inacción, hasta el punto que Lampa contagió al Parque Universitario. La Policía pasaba de cuando en cuando, los ambulantes se retiraban, cruzaban la calle, jugaban al quite. La Policía observaba. En Lampa, era evidente que había un diálogo feliz entre cachineros y policías. "¡Cómo no!, señor -clama Jorge Chumbe, un vecino de Lino Cornejo-. En Cotabambas, todos los días los cachineros cumplen con darles una chancha a los policías. Eso lo sabe todo el mundo".
La Policía fue más lejos. Jueves y viernes, los ambulantes continuaron en Lampa. La Policía exigió que los municipales se retiraran porque "podían provocar alteraciones del orden público".
La historia de Lampa es, definitivamente, antológica. Para la Policía Nacional es otra fuente de descrédito. Peor aún, coloca a su jefe -a quien le ha costado mucho llegar a ese cargo- Ketín Vidal en una posición particularmente incómoda.
Ketín el sábado dispuso que se redoblara el apoyo, aunque tratando de evitar actos de fuerza. Además se presentó el domingo en la televisión. Si algo le queda de recuerdo al espectador es un Ketín Vidal haciendo malabares para no quedar mal ante nadie. Esa posición, por desgracia, es tan provisoria como la de un puesto de ambulante.
Después de la reconvención de Ketín, el lunes la Policía volvió a ser una atenta colaboradora. Policía montada, canina, de infantería despejó el Parque Universitario , Lampa y "La Cachina". Los bárbaros belicosos no presentaron batalla, con lo que queda demostrado que la disuasión es la madre del cordero.
"En este asunto, frente a la tibieza de la Policía, el Municipio tiene que acelerar su plan de reordenamiento a través del serenazgo", señala Alberto Andrade. Hasta el momento se han comprado 2 camiones y 6 camionetas y se está ampliando el número de policías municipales que deberán enfrentar a la delincuencia durante todo el día y la noche en el Centro Histórico y los corredores como el Parque Universitario y la Plaza San Martín.
Detalle curioso y aleccionador: el General PN González Salinas le ha pedido a Andrade que no continúe con este proyecto porque representa "un menoscabo de las funciones de la Policía Nacional". "La VII Región tiene 35 mil hombres y no es posible que no haga respetar el clamor de los vecinos para darle seguridad al centro. Máximo nos han enviado 178 efectivos y sólo en Lampa hay 800 ferreteros. Juzgue Ud. ", añade Andrade.
No cabe duda que el Alcalde de Lima se ha apuntado más que un poroto. A los pocos días de la erradicación de los ambulantes del Parque Universitario, una encuesta de Apoyo realizada en Lima Metropolitana entre el 8 y 10 de marzo, arrojó un sólido respaldo de la opinión pública: 78% estuvo de acuerdo y apenas un 19% lo desaprobó.
El escepticismo con respecto a una erradicación total de los ambulantes, sin embargo, era notorio. Sólo un 30% creía que "podía" acabar con el mal, un 43% creía que la situación mejoraría y un 23 consideró "imposible" erradicar el comercio ambulatorio.
No se han divulgado encuestas posteriores pero la gente de Andrade se muestra confiada. Los sondeos de opinión de radio y TV recogen un masivo respaldo ciudadano. Este lunes, cuando Andrade ingresó al palacio municipal fue vitoreado por jubilados que hacían cola frente al local.
La apuesta municipal es que los cachineros, mayoristas y chacales (ver Glosario) no tardarán en cansarse de su posición de fuerza y optarán por ubicarse en otro lugar. Ya habría sectores entre los ambulantes que se han convencido que doblegar al alcalde será difícil y mientras tanto no podrán vender. Según fuentes municipales, agentes de Sendero Luminoso estarían infiltrados entre los belicosos. Una amalgama de mayoristas con ladrones, ambulantes y senderistas que es una verdadera bomba de tiempo.
No deja de ser curioso que dos personalidades cuya actuación pública es respaldada por la opinión ciudadana y que demuestran voluntad de hacer bien las cosas -Alberto Andrade y Ketín Vidal- se ven en la práctica aprisionados por una lógica que parece provenir del Presidente. ¿Es que se puede desear que fracasen para que no se conviertan en eventuales alternativas de poder o potenciales candidatos en las futuras elecciones? Los celos de los caudillos son proverbiales pero no pueden llegar a tanto.


CARETAS 1408