Por HAROLD FORSYTH

Gobernabilidad Palabra muy Difícil

DEFINIR "gobernabilidad" es una tarea complicada y, como se trata de un vocablo que está muy en boga, conviene aproximarnos a su sentido verdadero, al porqué de su súbita generalización y del interés que convoca.
Para empezar, es necesario decir que la palabra es una traducción antojadiza del término inglés "governance" o "good governance", que empezó a ser utilizado, hace algunos años y en diversos documentos e investigaciones, por el Instituto Carter, de Atlanta. Según me contaba un experto, la traducción más exacta al español debió ser "gobernancia" (a pesar del extraño sonido) pues se hubiera evitado la confusión que genera la palabra gobernabilidad cuando la usamos en nuestro idioma.
Sucede que el uso corriente del término le ha dado un significado incorrecto que podríamos definir como la capacidad de ejercer el poder político y ser obedecido. Y, claro, como gobernar significa "mandar con autoridad", es "gobernable" una sociedad en la cual se manda y se cumple; contrariamente, es "ingobernable" una sociedad en la cual el mando no genera cumplimiento.
Claro está que este significado de la palabra sirve para medir el grado del despelote social y llena un vacío en el idioma español, pero no se corresponde con la intención original del extraordinario concepto.
Según los españoles Arbós y Giner, gobernabilidad podría ser "abordar el problema de la validez de la política en términos que pretenden ser más aceptables y actuales para unas mentes acostumbradas a medirlo todo". Kooiman, sin embargo, propone una definición más provocadora: "gobernabilidad puede definirse como la capacidad de un sistema socio-económico-político para gobernarse a sí mismo en el contexto de los sistemas más amplios de los que forma parte".
Hay otras definiciones, menos abstractas. En buena cuenta, gobernabilidad es gobernar con políticas que sean eficaces y que sean aceptadas por todos como legítimas. Pero, para que esto ocurra, no basta que la organización gubernamental funcione eficientemente; es preciso, más bien, articular un proceso social de interacciones con todas las organizaciones, grupos y movimientos con miras a alcanzar un equilibrio y, luego de lograda esta meta, influir en ellos para alcanzar equilibrios mucho más deseables.
De allí que, en estos tiempos, la noción de lo que es un buen gobierno no se mida por lo que hace el gobierno en sí o por la ejecución de sus planes y programas, sino por la calidad de la interacción que establece con todos los actores sociales. La gobernabilidad es, entonces, altamente democrática y horizontal, contrariamente al sentido de verticalidad que se le suele asignar equivocadamente.
Desde este punto de vista (que es el verdadero), el Perú -sin restarle el mérito que le cabe al Gobierno en la implementación de una agenda de cambio- tiene indiscutibles problemas de gobernabilidad pues es obvio que la enorme debilidad institucional del país impide que las reformas en curso beneficien al conjunto social y adquieran la legitimidad y sostenibilidad que requieren.
Gobernabilidad es cambio institucional y ello explica por qué organizaciones como el BID o el Banco Mundial enfatizan este hecho. Sólo como ejemplo, conviene señalar que no es gobernable una sociedad en la cual el poder legislativo, el poder judicial, el sistema electoral y los partidos políticos son intrínsecamente débiles; tampoco procede concebir procesos de privatización que consagren monopolios o un poder ejecutivo que excede su rol regulador y hace todo lo posible por evitar la producción de consensos.
La gobernabilidad presupone, ciertamente, el desarrollo de liderazgos o agentes del cambio institucional en el entendido de que la sostenibilidad democrática sólo puede fundarse en una coherencia entre la institucionalidad económica, política y social. Justamente es eso lo que no se da en el Perú y es necesario que el gobierno así lo entienda pues aún es posible orientar las reformas en el sentido adecuado.
No puede hablarse de gobernabilidad en el Perú sin citar a Francisco Sagasti y a Max Hernández, quienes tienen el mérito de haber introducido el concepto en su acepción correcta y en toda la riqueza de su contenido a través del proyecto "Agenda Perú". Es obvio que se trata de una palabrita complicada pero es preciso que nos aproximemos a ella y asumamos, con firmeza, el tremendo reto que plantea a nuestra imaginación.

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CARETAS 1408