De Vuelta al Barrio


De Vuelta al Barrio
Luis Castañeda Lossio se coloca en expectante posición política a partir del tema de la seguridad social.

Con sus hijos Luis y Darío, el ex Presidente del IPSS disfruta del descanso obligado. Derecha, cuando aún no cumplía un año de edad.

"En política lo que vale es la historia, no las profecías". Con estos términos, Luis Castañeda Lossio, el renunciante directivo del IPSS que desencadenó la semana pasada una tormenta política, dejaba en suspenso cualquier especulación acerca de su eventual lanzamiento a la arena política. El reposo del guerrero, en cierto modo. Sin embargo, ha motivado que incluso la presentación en el Congreso del Gabinete Pandolfi gire sobre el pivote del IPSS. Aun cuando Castañeda rehúya entrar al ruedo político, podría ufanarse de haber conseguido galvanizar a la opinión pública sobre un tema en el que la discusión continuará caldeada y sobre la que la vigilancia ciudadana le deja poco margen para contrabandos legales. El nombramiento de su sucesor, Alejandro Arrieta Elguera, fue tan apresurado que ni siquiera guardó las formas jurídicas, puesto que las de la cortesía no forman parte del repertorio habitual. El presidente del IPSS no es nombrado por el gobierno sino por el Consejo Directivo, según ley. El Estado nomina sus representantes, y el Consejo elige entre ellos al presidente ejecutivo. Nace pues la gestión de Arrieta bajo el signo de un vicio legal. Mal antecedente. La primera adhesión principista sobre la seguridad social proviene del Colegio Médico del Perú. Este, el martes, publicó en la prensa, un comunicado en el que previene sobre lo que se esconde detrás de la declaración del Primer Ministro Alberto Pandolfi. "De eliminarse -dice- la obligación de aportar al IPSS, una participación privada alternativa captaría a las poblaciones de mayor poder adquisitvo y a las más jóvenes, que bordean en conjunto el 30% de los actuales asegurados y aportan el 60% de los ingresos del IPSS, y que a su vez tienen los menores riesgos de enfermar. El Instituto, con un tratamiento desigual, quedaría con los menores ingresos, pero con los asegurados de mayor edad, de menores recursos y mayores riesgos de enfermar". Ese es el punto medular de la discusión, el mismo que, como dicen los médicos, aconseja en un país de tan profundas desigualdades, un diálogo nacional y no facultades extraordinarias otorgadas al Ejecutivo para que, en otro desembalse, haga de las suyas en su designio privatista. El gobierno parece no medir las consecuencias sociales y políticas de una acción apresurada en el tema de la salud. No es que el Perú sea la excepción en el debate sobre el destino de la seguridad social y el estado de bienestar, pero sea en Francia, España, Estados Unidos empezar a desbrozar la madeja tiene de inmediato repercusiones de alto registro sísmico.

Luis Castañeda: ¿cuánto tiempo para reflexionar?

¿Quién es Luis Castañeda Lossio?
Un padre feliz porque tiene la mejor familia y los dos hijos más bellos del mundo.
-¿Cómo es que surge en Ud. esta vocación de servicio que le atribuyen?
-Diría que es casi genética. Mi padre fue alcalde de Chiclayo y de pequeño me llevaba a sus visitas por los barrios. Había uno, llamado de Las Latas, de gente muy pobre que me impresionó. Mi padre hizo un asilo para ancianos. En fin, así empecé a trajinar en ese tema de la pobreza.
-¿Cuánto influye el ser chiclayano?
-Por cierto. El chiclayano es un hombre abierto. Siempre he comparado, cómo en algunos casos cuando alguien es encumbrado, se vuelve pituco, inabordable. Un provinciano es la persona que más vive la realidad del país porque ha vivido en un ámbito pequeño. En Chiclayo, por ejemplo, todos los estratos estaban aglutinados, podían haber diferencias en el sentido económico, pero el trato es muy igualitario.
El que nace en una provincia adquiere un compromiso no sólo geográfico sino con un modo de ser ceñido a la sencillez.
-¿Cómo son los primeros recuerdos de la infancia?
-Mi primer recuerdo es un poco trágico. Comprender que mi madre falleció cuando nací. Es una de las cosas que me signa más y debe haber contribuido tal vez a este espíritu de sacrificio que cultivo a diario. La entrega de uno por otra persona
Mi hogar fue bueno y ordenado, fuimos 9 hermanos, una tía nos crió. Fui el último de esa fila de hermanos de diferentes edades.
-¿Cómo surge la vocación por el derecho?
-Seguramente pensé antes que en el derecho, en el diseño y el dibujo. Por una cuestión familiar. Tengo dos hermanos arquitectos, mis hermanas pintan, tenemos una afición especial por la pintura. Y lo que son las cosas, estudié derecho para luego en el trabajo desempeñarme en administración de empresas. La vida es así, cambia, no se puede programar. Piense en los últimos hechos.
-¿Cómo fue la vida universitaria en la Católica?
-La recuerdo como una universidad de calidad, siento orgullo por eso. No es por mi caso tal vez (no vayan a decir que me estoy descolgando para alabarme).
-¿Fue muy intensa la militancia política?
-En mi caso, quizá no se pueda hablar de política, dentro del concepto generalizado. Pesa en mí más la preocupación social. A mi siempre me ha gustado servir, ayudar, es algo que está en mí.
-¿Pero acaso también eso no supone una concepción del Perú?
-Sí, efectivamente. El Perú me impresiona porque lo veo desintegrado, un país mosaico en todos los sentidos. Por eso me impresiona que haya gente que camina tan de espaldas a la realidad peruana o que pretende circunscribirla a márgenes estrechos. Es tremendo ver que se quiera copiar, que se mire al país como algo ajeno, que se tenga la huachafería de querer sentirse norteamericano. No creo que uno se pueda resignar a ver la pobreza, la miseria del país como parte del paisaje. No concibo que alguién pueda decir frente a la pobreza, ése no es mi problema.
-¿Han habido grandes momentos de ruptura en su vida?
-Mi vida tiene una continuidad. No he cambiado en absoluto, eso tampoco es un mérito. Creo no haber estado en el error, que ya es bastante. Sigo siendo solidario, y ahora más a propósito de mi salida del IPSS.
-¿Esa salida no es un momento de ruptura?
-Aclaremos. Dejo una institución, pero no hay una ruptura en el hilo de mi vida.
-¿Ha conocido el poder cuando estuvo con Belaunde, con las alcaldías de Alfonso Barrantes o Jorge del Castillo, con la propia administración de Alberto Fujimori?
-No he tenido vinculaciones con el poder. He tenido determinados cargos técnicos en sucesivas administraciones. Sí he valorado a personas como Eduardo Orrego, Jorge del Castillo o Alfonso Barrantes. Me respetaron, valoraron mi trabajo. Se pudo hacer cosas importantes a favor de la ciudad. Mi paso por la Municipalidad fue muy interesante porque hay en ella un aspecto deliberante y una parte ejecutiva. Hubo democracia, participación, búsqueda de consenso y no de imposición.
Hay que desacostumbrarse en el país a retacear méritos. ¿Por qué no reconocer los aportes en lugar de estar mostrando los dientes?
-¿Ese entusiasmo democrático que señala se dio durante la administración Fujimori?
-Dicen que cada uno habla de la feria como le va en ella. Por experiencia personal, manejaba una institución autónoma y fui respetado. Esa es una lección que hay que sacar: el IPSS es autónomo y no debe tener una dependencia política. El presidente Fujimori me dejó actuar en forma totalmente independiente. Por lo demás, si no lo hacía, yo me iba.
-¿No se ha preguntado si lo que ha hecho es sólo tarea técnica o es tarea con implicancias políticas?
-Es una tarea técnica con implicancias políticas. Uno no puede hacer un tajo en una persona y decir esto es técnico, esto es político. A mí la política me parece una tarea social, y eso lo seguiré haciendo donde esté. Eso no es un interés resonante.
A mí no me gusta que me cataloguen como político. No me interesa que digan, ahora Castañeda que ya no está en el IPSS hará política. Siempre he hecho política si se entiende por ella servir a los otros. Lo seguiré haciendo.
-¿No se dio tiempo para pensar en la Alcaldía de Lima?
-Hubo muchas propuestas en ese sentido. Pero no consideré oportuno pensar en ello. Creo que estaba muy enamorado de lo que estaba haciendo.
-¿Y ahora está enamorado de la política?
-Parafraseando la canción, estoy enamorado del Perú.
-¿No siente que es una alternativa política para el 2000?
-Hay varias aristas en la pregunta. Dice que se piensa que puedo entrar en tal o cual cosa. No quiero ser utilizado. Menos a raíz de la circunstancia que he dejado el Seguro y voy a defenderlo a como dé lugar, desde el llano. Yo no dejo el Seguro para pasar a la política. Quiero tomarme un tiempo para reflexionar. No es que esté haciendo tauromaquia, éste es un momento de reflexión. Cuando tome una decisión será seria, ponderada y a su tiempo.

Castañeda: "No puedo suscribir la idea de que la economía va bien, pero la población va mal.

-Hay sin embargo una certeza: ha pasado a la defensa de la Seguridad Social y eso tiene, mal que le pese, implicancias políticas...
-Nadie puede estar de acuerdo con una política de salud que supone favorecer al que ya está favorecido. Se dice que entre los fines del Estado está cautelar la salud, y en la práctica no se la está cautelando. Se dice que todo hay que dejarlo al mercado, no creo que la salud sea cuestión de mercado. Es peligroso, incluso desde el punto de vista de estabilidad del país, es inhumano, sostener que en la salud se pueda aplicar la ley de la selva. Esta es mi posición sostenida incluso antes de estar en el Seguro. No la motiva mi alejamiento del IPSS.
El Seguro ha redoblado mi compromiso con la gente. Desafía a uno para que luche contra la miseria, la desolación, el sufrimiento. Decir que el IPSS atiende a los sectores A y B no es lógico. ¿Si la persona que paga diez soles corresponde a los estratos AB, cómo estarán entonces los segmentos C y D?
No puedo suscribir la idea de que la economía va bien, pero la población va mal.
-¿Cuánto tiempo tomará el período de reflexión?
-Lo suficiente para tomar una decisión correcta. Todo lo que ha ocurrido en estas semanas es tan casual, tan rápido, de una manera no provocada, que aún estoy en un estado de sorpresa. No debo apresurarme.