Antesala Heroica
Arica, 5 de junio de 1880, día de la respuesta. Decidieron luchar hasta el final en defensa de la Patria y el honor.
Encontrada hace dos años, la foto muestra al coronel Francisco Bolognesi en lo que se conoce hoy como la Casa de la Respuesta, modesta vivienda donde habitaba el jefe peruano en Arica. Allí, a las 7 de la mañana del 5 de junio de 1880, según relata Jorge Basadre, se presentó el mayor chileno Juan de la Cruz Salvo a ofrecer la rendición, y recibió la histórica negativa: "tengo deberes sagrados, y los cumpliré hasta quemar el último cartucho". Junto a Bolognesi, José Joaquín Inclán, Ricardo O´Donovan, Justo Arias Aragüez, Alfonso Ugarte, Roque Saenz Peña. En Arica murieron unos mil peruanos. Los prisioneros de los batallones Iquique y Tarapacá fueron fusilados en la plazoleta de la iglesia, cuenta Basadre.
Y Cómo lo Vive Chile
En Arica, 116 años después, se celebra el triunfo y la conquista.
El 7 de junio los peruanos conmemoramos la gesta de Francisco Bolognesi, y los oficiales y soldados que cayeron en el Morro, con el juramento de fidelidad a la bandera. ¿Cómo se celebra esa fecha al sur de la frontera? CARETAS estuvo la semana pasada en Arica, donde nuestros vecinos efectúan el acto central de ese día, en que rememoran "el combate más brillante de la infantería chilena". Todos los años asiste el comandante en jefe del Ejército, general Augusto Pinochet.
Pinochet abandona la sede de la VI División del Ejército, en Arica, luego de 2 horas de besamanos.
Al pie del Morro, donde ondea permanentemente una enorme bandera chilena, se inicia el desfile.
"No soltéis el Morro", es la frase esculpida en bronce que adorna la estatua del historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, en un parque situado precisamente al pie del imponente Morro de Arica, y frente a la avenida San Martín, donde anualmente se realiza el desfile celebratorio del 7 de junio. "El Ejército al cantor de sus glorias", reza una placa en el pedestal de piedra de la efigie, colocada diez años después de la batalla, en 1890.
ARICA ES UNA FIESTA
Las celebraciones comienzan en realidad la noche anterior. Miles de personas se congregan al pie del Morro `hasta que a las doce en punto de la noche estallan los fuegos artificiales en la cima del peñón, de aproximadamente 140 metros de altura. Unos 20 minutos dura al espectáculo, al cabo de los cuales un río de gente regresa a sus casas, mientras muchos otros serpentean y se dispersan en las "ramadas", pequeños quioscos de comida y bebida, en los juegos de tómbolas, en salas de baile y ante un estrado donde cómicos y payasos divierten al público.
A las 8 de la mañana del día 7 empiezan las ceremonias militares, con salvas de cañón disparadas en el Morro. El público no tiene acceso a esa parte del espectáculo. Algunos dicen que el general Augusto Pinochet, Comandante en Jefe del Ejército, está allí, aunque nadie lo sabe a ciencia cierta.
"El hace lo que quiere", dice una ariqueña, aludiendo a la imprevisibilidad de Pinochet.
El general llega a las 9 de la mañana, en un Mercedes Benz blindado, color gris acero, a la sede de la VI División del Ejército acantonada en Arica, un edificio de 7 pisos situado a pocos metros de las tribunas de la avenida San Martín donde se efectuará el desfile.
Estudiante ariqueña: "Esto antes era de los peruanos y ahora pertenece a Chile, o sea, Chile va creciendo así".
Luego del ritual "¡Buenos días guardia"!, "¡Buenos días mi general!", Pinochet ingresa y comienza la fiesta. Un grupo de huasos, ataviados con trajes típicos, bailan una cueca en homenaje al Comandante en Jefe. Y a continuación viene una suerte de besamanos: durante dos horas desfilan por el recinto delegaciones de autoridades civiles y militares, organizaciones cívicas y generales en retiro venidos de todo el país a conmemorar el día de la infantería.
Muchos de ellos le traen regalos a Pinochet, que cada cierto tiempo los ayudantes van depositando en la maletera del Mercedes o en uno de los carros de escolta. Objetos de artesanía, cuadros y otros presentes se van apilando junto a la capa y el abrigo del general que, cuidadosamente doblados, entran y salen del portaequipajes para dar paso a los regalos.
La seguridad de Pinochet es visible pero no exagerada. Algunos pocos curiosos -al parecer no hay muchos desempleados en Arica- se paran cerca, a pocos pasos del lugar donde ha estacionado el Mercedes. Los guardaespaldas los miran, pero no los empujan ni los alejan. Un vendedor de helados acerca su carretilla, un hombre con una mochila al hombro curiosea.
......Dos horas más tarde, cuando Pinochet da por terminado el acto y abandona el recinto, un pequeño grupo lo aplaude. Una señora de clase media se le acerca y le da la mano, otra le manda saludos a su esposa. Una camioneta pick up de doble cabina precede al Mercedes y un automóvil lo escolta. No es mucho para alguien que ha sufrido varios atentados, incluyendo uno con un misil antitanque que resbaló milagrosamente sobre el capó y parabrisas de su vehículo.
El general es idolatrado por una parte de la población. "El viejo es muy agradable", comenta embelesado uno de los asistentes al besamanos, a un amigo que sale junto a él del local.
"Es que Arica es una ciudad militarizada", explica luego un chofer de taxi, interpretando el porqué del apoyo que tiene Pinochet en la ciudad fronteriza.
El dictador que gobernó con mano de hierro durante 17 años suscita sentimientos encontrados.
"Cuando fue Presidente hizo mucho por Arica", cuenta uno de los varios periodistas de Santiago que ha venido a esta ciudad a cubrir la visita del general. "Además, tiene muchos amigos aquí añade-. El sirvió varios años en esta región cuando era oficial, por eso ha venido desde hace dos días y visitado Iquique y Antofagasta".
Pero no todos lo quieren. "Pinochet se va a quedar hasta que se muera en la Comandancia, no va a dejar el cargo", dice una escéptica mujer que no cree que el general se retirará el próximo año, como ha prometido.
Aunque de cuando en cuando incursiona en la política, con declaraciones urticantes, ahora asume su papel castrense. Esta vez, ni siquiera estuvo presente en el desfile militar, ceremonia que fue presidida por un civil, el Intendente, una suerte de Prefecto designado por el gobierno. Quizás por no mezclarse con "los señores políticos", senadores, diputados y alcaldes presentes en la tribuna. El hecho es que prefirió irse a un cuartel a escuchar misa.
Huasos bailan una cueca en la avenida Comandante San Martín. Después, decenas de parejas venidas de todo Chile seguirían con la fiesta. (Abajo izq.) Rito tradicional, beber aguardiente en cuerno. (Abajo) Trinchera y fortificación peruana semidestruida, conservada en la cúspide del Morro.
LOS CONQUISTADORES
La ceremonia central es breve y ordenada. Los vehículos particulares circulan por la avenida Comandante Juan José San Martín -jefe del 4° Regimiento de Línea chileno que murió en la toma del Morro- hasta poco antes de que comience el desfile.
A eso de las 10 de la mañana, tres camiones con soldados han descargado alfombras, sillas y parlantes, instalándolos rápidamente. A las 11.30 todo está listo y empiezan a llegar los invitados. Al mediodía, poco después de que se han disparado nuevamente salvas de cañón en el Morro, un oficial pide permiso al Intendente para iniciar la ceremonia.
La fiesta la inicia una pareja de bailarines de cueca, la danza nacional chilena. Luego, son decenas de parejas, llegadas de todo el país, que bailan frente a las tribunas.
Después, comienza el desfile. Cadetes de la escuela militar, venidos de Santiago, con yelmos que recuerdan la influencia prusiana. Oficiales y soldados del Regimiento Rancagua N° 4, estacionado en Arica, con cascos similares a los alemanes de la II Guerra Mundial. Efectivos del batallón Huamachuco, denominado así por un hecho de armas ocurrido en la Guerra del Pacífico, según precisa el locutor. Destacamentos de la fuerza aérea, la marina y carabineros.
Luego vienen las organizaciones civiles, los bomberos, la cruz roja, los descendientes de los combatientes del 79, los escolares.
El locutor levanta la voz. "Pueblo y ejército se dan la mano para recordar a los hombres que conquistaron esta tierra".
PUEBLOS HERMANOS
Una joven regaña a otra, que parece su hermana menor: "¡oye, acaso eres peruana túuu!", la amonesta, mientras se dirigen a una de las tribunas.
"A los peruanos los quiero, pero más de lejitos", dice riendo la señora que administra el hotel, durante el desayuno.
Las heridas no cicatrizan fácilmente, aunque hayan pasado 116 años desde que peruanos y chilenos se despedazaron en la cima del Morro.
"Esto ya es historia, somos pueblos hermanos", nos dice un oficial de carabineros, al despedirse luego de pedirnos excusas por un incidente rápidamente superado. Ocurrió que poco antes del inicio del desfile, nos pidieron identificación y allí descubrimos que nuestra entrada a Chile estaba fechada en los pasaportes el 6 de junio de 1995. Los funcionarios chilenos del puesto de Chacalluta tenían el sello atrasado en un año.
Luego de rápidas verificaciones constataron el error. En todo momento los carabineros se comportaron con amabilidad, a diferencia de un hosco suboficial del Ejército que nos echó de mala forma del local donde Pinochet recibió los saludos, mientras que la prensa chilena ingresaba libremente.
Cadetes de la Escuela Militar con cascos estilo prusiano.
El asunto es que los sentimientos de los pueblos fronterizos están marcados por los recuerdos de la guerra, pero también por las tensiones presentes, comerciales y no bélicas.
"La Zotac nos está arruinando", afirma un comerciante. Quizás exagere, pero lo cierto es que desde que empezó a funcionar la Zotac en Tacna, el eje del comercio se trasladó a la ciudad peruana. Sin embargo, las medidas dictadas por el gobierno peruano en los últimos meses están desandando el camino. Once partidas de productos que ingresaban a Tacna con aranceles reducidos fueron eliminados. Se anularon los incentivos tributarios. Y se prohibió la importación de vehículos usados.
Todos golpes a una región fronteriza que debería recibir preferencial atención.
No obstante, las relaciones siguen siendo fluidas, y peruanos y chilenos comercian y cruzan la frontera en ambas direcciones sin trabas.
Para los chilenos, pioneros del liberalismo en esta parte del continente, la estrategia, la geopolítica y la planificación no son malas palabras, como para algunos liberales peruanos. El oficial que pronunció el discurso en la ceremonia, se encargó de recordar el valor que tiene Arica para ellos:
"El desarrollo de esta zona debe estar marcado por el recuerdo permanente de los valores de nuestra nación, pero teniendo siempre presente que este progreso debe estar comprendido dentro de la importancia geopolítica que tiene Arica. Para cualquier proyecto nacional, puede ser la puerta de entrada o salida de muchos países hacia el Pacífico, es la puerta de entrada de norte a sur de nuestro país y por lo tanto todo lo que realice en este extremo nacional repercutirá, sin duda, en todo el territorio."
Con auténtico pragmatismo, los chilenos han desarrollado una economía de mercado al tiempo que han promovido y planificado su crecimiento, sin olvidar que hay zonas sensibles que requieren un tratamiento diferenciado.
A la vista del Morro, que hasta hace 116 años fue territorio peruano y donde hoy ondea una gigantesca bandera chilena, no hay que olvidar las lecciones de la historia. Sin rencores ni revanchismos inconducentes, tengamos presente hoy, en pleno apogeo del liberalismo, que el patriotismo y el nacionalismo no son valores pasados de moda.