Ocurrió Feo


Ocurrió Feo

Las malas buenas notas de "Fin de semana".

Por FERNANDO VIVAS

  • Vamos al grano. "Fin de semana" está perdiendo el poco sentido de la seriedad con que nació, ha arruinado buena parte del sentido del humor que creía tener y, lo más grave, le cuesta mucho transitar por esa delicada zona fronteriza entre ambos sentidos. Por allí discurre también, en ese cruce del periodismo de investigación y la miscelánea ligera, el zafarrancho cultural limeño, pero los chicos en lugar de empaparse en él se lo saltan alegremente a la garrocha. Claudia Cisneros, Lalo Mercado y hasta el buenote de Mijail Patzl se han vuelto muy fatuos como para caer simpáticos; creen demasiado en el efecto automático de su presencia y descreen de las notas que los acompañan. Sus reportes, los serios y los chacoteros, los obligan a involucrarse (dis) forzadamente en la aventura y si el tema no permite la payasada, la nota pasa volando para recién redondearse en el set. "Fin de semana" responde a las señas básicas de un magazín informal, ese género que tiene por modelo regional el "Ocurrió así" made in Miami, pero en el fondo es un programa cómico fallido y un espacio cultural imposible. Su director Ronald Velarde, ex responsable del noticiero de ATV, sabrá sopesar primicias y repartir comisiones, pero nunca ha coordinado un taller de pataclaun. Ni le pagan para eso. Al parecer, José Francisco Crousillat , hijo del dueño de América y jefe local del canal, sí estaría contento porque fue el principal instigador de la locademia y porque le tiene camote a sus muchachos pero, al menos, que evite sus excesos y su desgobierno.

    Claudia Cisneros, Mijail Patzl y Lalo Mercado.

    Sería injusto condenar el bloque entero por un disfuerzo de Claudia o una patanería de Lalo o una simplonada de Mijail; pues los tres ofrecen de vez en cuando notas ágiles y sintéticas, sanamente ilustrativas y de redacción trasparente; pero tengo que detenerme a deplorar la "última" de Lalo: el sábado pasado el reportero-claun preguntó a varias transeúntes por su talla de sostén; algunas le contestaron azoradas, otras lo evitaron educadamente, hasta que una, dignísima, le dijo de plano que no le iba a contestar. Impertinente, el claun insistió hasta que la chica le dio la espalda y un no rotundo. Para redondear la faena, Lalo le gritó "care loca" y se fue feliz al canal a celebrar la broma con sus patas.
    Sergio Galliani hasta hoy se lamenta de haber restregado una torta en la cara de una señora alegosa en "Obab baba luba..." Pero aquella vez la cosa no salió al aire, quedó en quejas y disculpas escritas por el staff del Canal 2. Lo que más sorprende ahora es que la infamia haya sido editada, aireada y sacramentada. Para acabar con la última contingencia del fin de semana, recordemos que no hace mucho la ex directora Verónica Insausti fue defenestrada porque dejó pasar una nota amarilla de Claudia Cisneros sobre el sexo al paso. Días después, Claudia y Lalo cubrían el festival de Viña del Mar. Esta semana, ¿a quién premiarán y a quién darán el jalón de orejas?


    Max Factor (1905-96)
    Max Factor saludando a Gladys Zender en Hollywood.

    Tras la línea de polvos y cremas faciales, las estrachatas y los estuches multiusos, Max Factor existió de verdad. Fue un peluquero del deep south que viajó a Hollywood en el cine mudo para aplicar emplastos a las estrellas silentes. Entonces había que dibujar labios con brocha para que se apreciaran entre tanta gestualidad y delinear los ojos a fuerza. En los '30, el buen Max se sentó en sus laureles, se apartó del cine y se dedicó a gerenciar su firma multinacional. Cada año lanzaba baratos ungüentos al mercado mundial: fue el compañero de tocador de las secretarias y las amas de casa que no se podían dar el lujo de un perfume francés. Su herencia es millonaria.

    Van 16
    `Risas y Salsa' pasó los tres lustros y, con el deceso de `Trampolín', es el programa populachero más viejo de la Tv. Y tienen para rato a juzgar por las ganas con que levantan cabeza cada que se les bajan las pilas. Por ahora todavía les funcionan sus remedos satírico-musicales (sus fotostáticas con original al lado), los ademanes del Gordo Casaretto y hasta las más hoscas bromas de enanos. Chelita está pasajeramente amarrada a un collarín, que se mejore.

    El Ciclo de Angie
    Angie Schrimplin.

    Erica del Busto, personaje estigma de `Obsesión', nació condenada. Era, en la ficción de la novela (`A mil por hora', la novelilla dentro de la primera, cuenta poco) un chantaje de casting, la perversión de la prensa y, de refilón, la debilidad húmeda del dueño del canal. Su papel era nefasto porque tenía que serlo y estaba escrito mejor que el promedio de las líneas. Angie Schrimplin, la actriz, sí fue maltratada: se la quiso novata, indistinguible, de una belleza llamativa y a la vez estándar, odiosa y caballuna como la de Margaux Hemingway en `Star 80'. Lo que los peruanos se supone que gustan pero que en el fondo recelan y detestan. Por pena y compensación se le buscó cierta inocencia y deseos de trabajar limpio, trasladando sus culpas a la madre teatrera interpretada por Ana María Jordán. Pero no le dio oportunidad de redención. Su muerte por bala defectuosa -se quería un efecto especial en una secuencia de `A mil por hora' y salió mal- es una salida tosca, arbitraria, que resuelve conflictos coyunturales pero no resuelve al personaje. El ciclo de Angie acabó con sangre.

    Picotazos
    -"Yo no sé casi nada de administración pero los que me han acusado saben menos".
    Ana Kanashiro en `La Revista Dominical'.