Ombligo Herido


Ombligo Herido
Una semana antes del Inti Raymi, el Cusco muestra sus dos caras: monumentos en peligro y delirios de grandeza

Escribe FERNANDO VIVAS S.

Muchas voces de alerta, entre ellas las de la Unesco, se han alzado para detener el progresivo deterioro del Cusco monumental.
La recuperación del turismo aporta recursos y estimula el celo preservador; aunque también crea congestión de servicios y apetitos comerciales que amenazan las casonas y fachadas intangibles. El alcalde Raúl Salízar, al igual que Daniel Estrada con sus fuentes de agua clara y sus caprichos indigenistas, ha provocado alarma con sus proyectos faraónicos en las alturas de la ciudad, pero la compleja problemática edil lo ha obligado a archivarlos y pisar tierra firme. El compromiso del alcalde, del Instituto Nacional de Cultura y de todos los cusqueños es preservar el patrimonio histórico de la humanidad.

El arquitecto cusqueño Julinho Zapata señala los efectos de la meteorización sobre la piedra de los 12 ángulos.

LA Ciudad Imperial es un medallón de dos caras. En una, el patrimonio universal, cavernoso y descascarado, amenazado por grietas peligrosas; en la otra, la flamante bisutería de sus últimos alcaldes, saturada de piletas y poses indigenistas. La obra colectiva de los ancestros ha sido descuidada por el personalismo monumental. En los tres períodos de Daniel Estrada el prurito constructor acorraló al afán preservador. En ausencia de turistas, la ciudad se vio limpia y ordenada y los migrantes provincianos se reflejaron en el agua de las fuentes. Entonces el ex alcalde respondía a las críticas haciendo el referéndum del gusto promedio. "El pueblo está encantado", decía, y en términos porcentuales era cierto, pero la conservación del patrimonio no es asunto de democracia inmediata sino de conciencia histórica. Hay que cuidar el legado de siglos, apuntalar la solidez de los templos con arquitectura restauradora y mantener la textura de las piedras con agua destilada y cuarzo líquido; luego se verá si vale la pena construir nuevos símbolos. Los fondos que creó la ley del tabaco, los 10 dólares que recibe la ciudad por cada turista que llega, además de los aportes internacionales y los propios recursos del municipio y el Instituto Nacional de Cultura bastan para la tarea si no se destinan a otros fines.

Martha Calderón muestra la devastada casona de su bisabuelo, (foto de derecha) el ex presidente del Perú Don Serapio Calderón (1903).

La recuperación del turismo vino con una señal de alarma. La Unesco hizo pública una lista de 100 monumentos históricos en peligro. Entre ruinas griegas y castillos medievales, el Cusco es la única ciudad que figura in extenso. Hernán Crespo, experto ecuatoriano, sostuvo agrias discusiones con Estrada. Cuestionó las avenidas anchas, el Pachacútec gigante, y la desidia preservadora. Recibió una respuesta impertinente: "Que se preocupe por Quito que está peor". Muchas voces de alerta también se han levantado en Cusco y en Lima, entre ellas las de Fernando de Szyzslo y las del Comité Cívico de Defensa del Patrimonio. Todos se preocupan por la meteorización de las piedras (la superficie adquiere un brillo grasoso, luego se pone arenosa y se desgaja) y por la endeblez de algunos monumentos coloniales que se derrumbarían al primer terremoto; también por la cablerización aérea y por la "hotelitis". El arquitecto Julinho Zapata habla de una "transformación descaracterizadora con el concurso de una tecnología de punta que afea la ciudad". El Hotel Libertador encendió la polémica cuando decidió ampliar sus instalaciones en las proximidades del Koricancha proyectando construcciones altas y relativamente modernas. El INC los ha comprometido a no excederse en volúmenes y respetar la simetría del vecindario. El Banco Wiese apagó los ánimos cuando hace dos semanas inauguró una sucursal en el Palacio del inca Túpac Yupanki: restauración impecable, museo de sitio abierto gratuitamente al público y respeto por los ancestros. José Altamirano, jefe del INC, está feliz con la recepción del proyecto, pero mal haría en pensar que esa "privatización responsable" de los monumentos es la solución para sus dolores de cabeza. Es una salida cómoda pero limitante, eficaz pero aislada. Es el Estado el que tiene que preservar y abrir los monumentos al respetable, y el que tiene que ponerse inflexible cuando comerciantes de discotecas, hoteleros y ciudadanos codiciosos presentan proyectos de reestructuraciones arquitectónicas en apariencia inocuos cuando en realidad van a remecer cimientos y adulterar fachadas intangibles.

Bisnieto Guillermo Calderón muestra el nicho de Don Serapio en un pabellón a punto de derrumbarse en el cementerio de la Almudena.

El alcalde Salízar, apagado el escándalo de sus sueños faraónicos, ha oído la alarma. Está colaborando con el INC en la preocupación preservadora, pero aún le falta asesoría a la altura de las circunstancias. Las excavaciones en plena Plaza de Armas siguiendo la pista de un ordinario muro inca dan fe de un entusiasmo sano pero riesgoso. Aunque las evidencias históricas señalan que en ese lugar no podría haber ninguna ruina trascendente, los arqueólogos del municipio han cavado alegremente en la dirección de los cimientos coloniales. En este caso, el centro de la ciudad actual sí es más importante que las ruinas escondidas. Los picos, las brochas y los maderos para apuntalar quedarían mejor al pie de otros muros temblorosos.