Transición


Por HAROLD FORSYTH

Calidad Total en las Fuerzas Armadas

HACE algunos meses, publicamos un artículo sobre los drásticos cambios en la concepción, doctrina y estructura de las fuerzas armadas francesas, que habían sido anunciados por el presidente Jacques Chirac.
Una súbita reactualización del tema militar nos obliga a ocuparnos, otra vez, del mismo. Ciertamente, no es una casualidad que la reforma de los institutos armados se haya convertido en un concepto compartido que se está manejando, inclusive, en el seno de la OTAN, hoy dirigida por el español Javier Solana.
Por ejemplo, el nuevo gobierno de España que preside José María Aznar ha mostrado un tremendo interés en iniciar un sostenido proceso de cambios en la concepción de las fuerzas armadas españolas. En ese sentido, se ha anunciado un próximo proyecto de ley que prevé la supresión del servicio militar, conocido en España como "la mili", para el año 2001; este punto incluso fue parte del acuerdo negociado que permitió la investidura de Aznar por el parlamento.
Pero el fin del servicio militar es sólo uno de los muchos temas que caracterizan la agenda actual de la defensa europea. Se especula, por ejemplo, que el redimensionamiento de los ejércitos, su tecnificación y su profesionalización plena deberían ser adoptados por todos los países de la Unión Europea como una respuesta a la potencial estructura de paz que puede avizorarse luego de la estabilización de los nacionalismos que sobrevino a la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría.
Nada de esto implica disminuir la capacidad defensiva de los estados sino, por el contrario, garantizarles más y mejor defensa. Obviamente, ante el violento desarrollo de la tecnología de punta y el reto subyugante de esa red de redes que es Internet, el juego de la guerra se ha replanteado casi por completo.
Asimismo, ya nadie duda de que la vigencia de la democracia y el respeto a los derechos humanos son los nuevos referentes éticos de la sociedad internacional. ¿Cómo -entonces- encajan las fuerzas armadas en el nuevo entorno mundial? El interés concreto de varios gobiernos junto con la preocupación de importantes especialistas en la materia están contribuyendo decisivamente a definir o, mejor dicho, a redefinir lo que podríamos denominar la inserción o la reinserción de las fuerzas armadas en un mundo caracterizado por la globalización.
No es extraño, en consecuencia, que algunos medios de comunicación de nuestro país se hayan empezado a interesar por el tema de la "reforma" en las fuerzas armadas, lo que parece muy lógico en la medida en que el Perú vive un radical proceso de cambios estructurales. El reto es visualizar nuestros requerimientos de defensa para el siglo XXI y definir un rol preciso para la fuerza armada. Y es preciso que se entienda que esto debe hacerse con un criterio nacional.
No puede negarse que es necesario superar la doctrina militar peruana, que ha devenido en obsoleta y no es más aplicable en el actual entorno internacional. Obviamente, las reformas militares que están en boga en Europa son de prematura aplicación para un país como el nuestro, pero es preciso reconocer que se está afirmando una tendencia cuyo coletazo nos va a llegar tarde o temprano.
Samuel Hungtinton, en su libro "El Estado y el soldado", aborda el complejo tema cívico-militar basado en lo que denomina la "insularidad" de los militares, que privilegian la "seguridad" como un valor, frente a la "libertad", que constituye un valor inherente al elemento civil. Esa dualidad en la percepción de los valores es lo que crea, según Hungtinton, una fractura en la relación cívico-militar.
La cercanía de algunos hechos políticos críticos y la larga lucha antisubversiva pueden turbar nuestra capacidad de análisis. Pero las fuerzas armadas son y significan mucho más que una etapa de nuestra historia, por más compleja que ella sea y por altos que hayan sido sus costos. Esto implica que es urgente redefinir y repensar la relación cívico-militar y plantearla de cara al futuro. Cualquier reforma que pierda de vista este elemento será limitada y no encontrará el resultado que busca, es decir, el incremento de la capacidad defensiva del país.
Mucho puede hablarse de la conveniencia de racionalizar el personal militar, replantear sus unidades y sofisticar su equipamiento con miras a ganar eficiencia y reducir costos. Los principios de la denominada "calidad total" -tan importantes para la actividad empresarial son, objetivamente, aplicables a los institutos armados, bajo los mismos principios.
Pero, en el Perú, es preciso cerrar algunas heridas y tender puentes para reencontrar una relación que ha sido históricamente conflictiva y crítica. Esta es la verdadera y gran reforma sin la cual todas las demás serán, necesariamente, débiles y efímeras.