¿El Año de los
600,000 Turistas?
Diez cosas que hay que hacer para llegar a tan ansiada meta, el próximo año, quizás.
A estas alturas de la temporada, hasta los lustrabotas en la Plaza de Armas del Cusco saben que no van a venir este año ni siquiera una tercera parte de los famosos 600,000 turistas. Incluso los peruanos preferimos ir al Caribe.
Un turista es alguien que viene al Cusco, sin duda alguna. Eso no incluye a los empresarios chilenos y de otras latitudes que colman los hoteles 5 estrellas en Lima. Ellos no son turistas, ni deberían inflarse las cifras de visitantes con estas llegadas.
Así las cosas, según los especialistas consultados, este año no llegamos ni a los 200,000 visitantes menos del 10 por ciento de lo que recibe Egipto. Es más, no parece que 1996 será mejor que el año pasado.
El problema radica en que el producto peruano todavía es medio malo y medio caro. Los pobres turistas vienen al Perú para sufrir y ver, rapidito no más, las ruinas pasando el mínimo tiempo posible aquí.
CARETAS ha hablado con medio mundo en la industria turística y ha elaborado diez puntos necesarios para lograr que vengan al Perú los mentados 600,000 turistas, -el mismo número que desde el año pasado ya llega a Cuba para salvar la economía de la isla. No cabe duda que si pueden salvar a Castro también podrían salvar a Fujimori.
La cordialidad y belleza escénica no bastan. El Perú sigue siendo un destino medio caro y medio malo.
1
Privatizar Enafer, o por lo menos el tramo Cusco-Machu Picchu. De todas las cosas que el gobierno tiene que hacer, esto es de lejos lo más fácil e importante. El trato que reciben los turistas hace recordar a Albania; y kilómetro por kilómetro el tren a las afamadas ruinas es más caro que el Concorde o casi tanto como un taxi en Tokio.
Además, en cualquier momento puede ocurrir un accidente, es totalmente previsible, y el efecto será peor que el de un accidente aéreo. No falta quienes se preguntan: ¿Para qué privatizar Aeroperú y los hoteles de turistas si no se hace lo mismo con lo más esencial, la cuerda umbilical de la industria turística peruana?
2 El aeropuerto de Lima ha mejorado, pero aún falta mucho. Los turistas todavía tienen que enfrentar a su llegada y salida lo que parece ser un enjambre de taxistas/lobos. En el lado nacional, reina una confusión bárbara, y de hecho muchos pierden el avión al extraviarse entre el pago de impuestos y la puerta de embarque.
3 Implementar vuelos internacionales directos al Cusco, como ya se hacen a Iquitos. Nadie tiene que ir a Ciudad de México para llegar a Cancún, y así debería ser con el Cusco.
4
Todo turista extranjero debería cancelar, como es el caso en Chile, el hotel, la comida y los aviones sin pagar el IGV, aun si lo compra localmente. El presente sistema recién implantado es confuso e injusto, malo para todo el mundo, empezando por la SUNAT.
En materia de impuestos, la industria turística tiene que ser tratada como una industria exportadora, y los impuestos sobre las compras de infraestructura turística en el exterior debieran ser igualmente deducibles de impuestos. Ciertamente ésa sería una clara señal de que el gobierno realmente quiere que la industria despegue.
5 Los hoteles en Lima, y sobre todo en el Cusco, están tratando de cobrar mucho, sin proveer una mejor calidad. Los turistas, por lo general, no se quejan aquí, ni en ninguna parte, por un servicio bueno y caro. En cambio, Cusco es ahora medio caro y medio malo.
6 Perú es caro comparado con la competencia. Un tour que costaba US$ 1,300 el año pasado cuesta hoy US$ 1,600, y la calidad no es mejor. El equivalente en México cuesta US$ 500 menos y es de mejor calidad.
7
El circuito en Cusco tiene que modificarse de cabo a rabo. El primer día sería aconsejable que los turistas duerman en el valle de Urubamba (2,600 m.s.n.m) para evitar el soroche. El segundo día, ir a Machu Picchu, y recién al tercer día, y siguientes, subir al Cusco.
Actualmente es al revés y los turistas pasan el primer día en Cusco con soroche, con el agravante de que tienen que levantarse a las cuatro de la mañana por segundo día consecutivo para tomar el tren a Machu Picchu. Si duermen en el Valle, recién tendrían que levantarse a las 6.30 a.m.
8
Hay que lanzar una consistente campaña de avisaje y de relaciones públicas en el exterior. Vale la pena contratar para esto a lo mejor del mundo. Veinte años atrás nadie en su sano juicio iba como turista a Inglaterra y todos los ingleses huyeron a España. David Ogilvie, el legendario publicista británico, diseñó una campaña "inventando" una Inglaterra de antaño que creó, de la noche a la mañana, una enorme industria.
Si Ogilvie lo pudo hacer para una isla fría, cara y mojada, ¿qué no se podría hacer para una perla como el Perú? Bastaría ver los resultados para la España de Franco hace cuarenta años, o Florida, que era peor y más aburrido que Iquitos hace pocas décadas.
9 Mucho, mucho ojo con el medio ambiente. Los ingresos provenientes de Camisea serán pocos comparados con las pérdidas que sufriría el Perú por permitir que destrocen la Amazonia. El río Vilcanota, que pasa por el Valle Sagrado y Machu Picchu, ya es un asco, con el efluente de Cusco. Paracas es un desastre desde hace años.
10
Lo mismo puede decirse específicamente de los restos arqueológicos. Estos valen la pena no solamente por razones nacionalistas bien fundadas, sino porque una defensa activa por parte de las autoridades es excelente publicidad en el exterior. Lo que quiere decir, en buen romance, es que si los peruanos no damos importancia a lo que tenemos, ¿cómo esperar que vengan millones de personas de afuera para apreciarlos?
Y de yapa, mejorar las carreteras en Cusco, Colca y Puno, con carácter de urgencia. No vale la pena que una agencia o un hotel compren ómnibus de lujo (o sea, ómnibus normales para los gringos) si las carreteras son un desastre.
España era un país bárbaro y medieval hace 500 años. Se hizo rico con la conquista del Perú y de México. Hoy tiene 43 millones de turistas todos los años. Para tener siquiera la décima parte de eso tenemos que crecer veinte veces.
Elocuente despelote en las afueras de la estación férrea de Ollantaytambo, Cuzco, el fin de semana pasado, para abordar el tren a Machu Picchu mientras que la impecable infraestructura existente en Urubamba, a sólo veinte kilómetros de distancia, no se aprovecha. Así las cosas, ¿insiste en viajar al Perú? El año pasado sólo 120,000 extranjeros dijeron que sí.