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El Sol y los Carbones
El III Encuentro de Cineastas Andinos

Por FERNANDO VIVAS SABROSO

  • Los festivales de cine modestos constan básicamente de películas y de apuros. Al lado de las funciones, vistas a ojo sufrido con los proyectores a carbones del Cusco, están los invitados que fueron reemplazados por otros, las autoridades que saludan a la bandera, los programas tachoneados y las conferencias que trocan de horario y sentido. Los organizadores Federico García y Pilar Roca nos hacen sentir sus apuros y la respuesta -¿cuál otra podría ser? -es vagar por la ciudad y hablar de cine. Mientras, el más grande de los festivales callejeros del Perú, con irrestricto corcho libre, embriagó a los operadores y cerró el paso a las salas. Moraleja: Nunca en Inti Raymi.
    Por fin, cosidos los ecranes y cargados los carbones, podremos entrever hasta el 28 algunas estimables cintas latinoamericanas cuyos autores están entre nosotros: Juan Bautista Stagnaro y su académica, pero muy elocuente, epopeya médica "Casas de fuego" sobre el mal de Chagas alimentado por la pobreza; el brasilero Fabio Barreto y su "O guatrilho" que fuera nominada al Oscar en idioma extranjero, la chilena Tatiana Gaviola y su pretenciosa "Mi último hombre" sobre un amor apocalíptico entre escombros y callejones sucios de una metrópoli latina, el colombiano Jorge Ali Triana y su "Edipo Alcalde" escrita por un equipo de guionistas encabezado por García Márquez, que voltea festivamente a Sófocles al campo minado y tragicómico de la política regional. La sorpresa boliviana también se hace presente con "Jonás y la ballena rosada" de Juan Carlos Valdivia y sobre todo con "Cuestión de fe", pagana road movie sobre motivos narco-religiosos dirigida por Marcos Loayza.
    Cuando no se ve nada, se puede discutir. Y hay mucho pan por rebanar. Juan Carlos Torrico, director de "Asia, el culo del mundo" nos ha lanzado un desafío a los críticos: Sentarnos en público a debatir porque le hemos puesto peros a su película. El encuentro ya tiene nombre, "Con el culo al aire". Un debate mayor nos envolvió a cineastas, funcionarios y críticos: ¿Qué hacer con la ley de cine promulgada en 1995 por Fujimori que destinaría un fondo para hacer concursos de proyectos cinematográficos? Tras confesiones de escepticismo, análisis de coyuntura e imprecaciones a las prácticas abusivas de los sellos norteamericanos, se coincidió en bregar duro para que el Estado pague el efectivo de la ley. Por lo pronto, Fujimori en su visita relámpago del martes manifestó una voluntad política de ayudar al cine que los cineastas evaluaron en unos 2 millones de soles pero resultó ser medio millón. También se acordó que hay que buscar todos los lobbies, agentes coproductores, socios regionales, y posibles fuentes financieras para costear los largometrajes que exceden las capacidades de retribución de cada mercado local. La imaginación para producir, se concluyó, tiene que ser, tan grande como aquella para filmar.