
Por AUGUSTO ELMORE
EL canciller peruano, Francisco Tudela, durante su visita a Buenos Aires, en donde se reunió con su colega ecuatoriano, declaró que el gobierno del Perú espera que los responsables por el contrabando de armas argentinas al Ecuador sean sancionados. Creo que, al igual que el presidente Fujimori, será mejor que tome asiento para poder esperar sentado. ¡Allí no pasa nada!
De paso, ¿por qué no condecoran al periodista argentino que investigó el contrabando? ¿Temen ofender a los ofensores?
Me parece una grave imprudencia la que comete una compañía de seguros al establecer un seguro que cubre el desacato a las normas, algunas de ellas de singular importancia para la vida civilizada en una ciudad: como la de manejar ebrio o pasarse una luz roja, y provocar un accidente en cualquiera de los dos casos, que pueden o suelen ocurrir en la misma ocasión (un borracho que se pasa la luz roja, como todos los borrachos). Es decir que a partir de esa novedosa y criticable forma de privilegio, aquellos que tengan para pagar puntualmente la prima consiguiente no correrán riesgo económico alguno, y podrán cubrir hasta el daño que produzcan a terceros. Quizá también podrían garantizarles que no irán presos ni perderán el brevete. Total, todo será sólo cuestión de prima.
El seguro contra los que provoquen accidentes en cualquiera de dichas circunstancias debería estar prohibido. No debe haber seguro contra el desacato de las normas. El que lo cometa debe atenerse a todas las consecuencias. Si no por allí alguien propondrá mañana un seguro contra atropello y fuga.
Nuevo lema publicitario: Mejor es tener un seguro y no necesitarlo, que manejar borracho y no tenerlo.
Hay que tener paciencia. Esa sabia lección es la que enseña el triunfo de la selección peruana sobre la de Armenia. Paciencia, digo, como la que han tenido los miembros de la Comisión Mundial '98 para buscar y finalmente encontrar un equipo peor que el nuestro. El que busca encuentra, sin duda, aunque cueste trabajo. Los felicito, señores. Con 18 equipos como el de Armenia ¡ganamos el Mundial!
Leo que cobrarán peaje en las avenidas La Marina, Javier Prado y Faucett. ¡Me imagino los atraques que se armarán allí cuando los automóviles, camiones y demás vehículos se sobreparen para hacer el pago consiguiente! Al paso que vamos ¡ojalá que no se les ocurra poner un peaje en la calle donde vivo! Me opondré a ellos hasta quemar el último cartucho.
En nombre de los Fundadores de la Independencia, Vencedores del Dos de Mayo y Defensores Calificados de la Patria, protesto enérgicamente por los ¡horrendos! colores con los que han pintado el noble edificio que alberga desde hace muchos años a esa institución en la Av. Arequipa. Quienes hayan ordenado el incalificable pintado de su fachada -convirtiendo a ese digno inmueble en una miserable y huachafísima torta de cumpleaños de última categoría (¡pasen a verla!)- han ofendido la majestad, sobriedad y seriedad de la institución que lleva tan renombrado como largo nombre. Eso no se lo merecen los Defensores Calificados de la Patria, ni los Vencedores del Dos de Mayo, ni tampoco, muchos menos, los Fundadores de la Independencia. Nadie que se respete puede pintar en forma tan atrabiliaria la fachada de su casa. Invoco a los miembros activos de la institución para que ordenen deshacer el entuerto, antes de caer en el ridículo cuando en las próximas Fiestas Patrias convoquen a celebrarlas. Francamente, así como lo han dejado, más parece un casino.
Me indigno porque desde niño concurrí a esa casa -en donde se respiraba patriotismo- de la mano de mi padre, que honraba así a su abuelo (mi bisabuelo, lo digo con orgullo), calificado oficialmente como uno de los Fundadores de la Independencia. Entonces era una mansión honorable y digna. Hoy, unas cuantas manos de pintura y el reprobable malgusto de alguien, la han arruinado. Ojalá que por poco tiempo. Al menos todavía no la han convertido en lo que ahora parece, es decir en un casino.
Vi por televisión el juramento de los miembros del Tribunal Constitucional, como en otras ocasiones el de los ministros y otros funcionarios. Todos se ponen de rodillas, posición que, creo, no es la más digna ni conveniente. Los juramentos deberían hacerse de pie, para no inducir a quienes los hacen a convertirse en genuflexos.
Y hablando de genuflexiones: alguien por allí trató de echarle barro al manejo del Vaso de Leche, con el propósito de justificar la ley que se lo encarga a los distritos. Yo me pregunto: si fuera cierto lo que esas voces interesadas afirman ¿se imaginan el zafarrancho (¡de combate!) que se producirá cuando haya que supervisar a decenas de distritos? ¡Se va a armar la de Cristo es grande con tantas manos en la mermelada, es decir, en la leche!
Antes había un gran comprador, que por serlo probablemente podía obtener mejores precios. Ahora habrá decenas y la tentación de llevar leche para su molino se multiplicará. Entonces será hora de llorar por la leche derramada. Es decir, desperdiciada.
Mucho cuidado con el viaje del presidente Durán Ballén a Estados Unidos a conversar con Clinton, en compañía de sus ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores. Lo que le sople al oído al mandatario norteamericano no será nada favorable para el Perú, sin duda.