El Hito Mc Bride
Paciente investigación de historiador Ernesto Yépez revive un testimonio clave para definir la posición norteamericana en el problema con Ecuador.
Teniendo como fondo su biblioteca, Ernesto Yépez señala en el mapa uno de los recorridos de George McBride, el incansable geógrafo norteamericano.
ERA ya un hombre maduro cuando aceptó el encargo.
Jamás imaginó que su tarea, que en principio debía durar algunos meses, se prolongaría por espacio de casi seis años y que su caudaloso informe sería toda una revelación que, al parecer, es retomado ahora como fuente básica para la posición de los Estados Unidos, uno de los garantes del Protocolo de Río de Janeiro.
Su nombre dice poco a los peruanos, que, sin embargo, deberíamos estarle agradecidos por la meticulosidad y el compromiso que como geógrafo lo llevó a considerar al Protocolo como un instrumento "que satisface los requerimientos de una frontera internacional, tanto en su carácter histórico como geográfico".
A la izquierda, anotaciones de puño y letra de McBride comentando el fallo de Días de Aguiar. Al centro, foto del geógrafo, nacido en 1876 y fallecido en 1971. A la derecha, folleto con vista de los edificios de los Archivos Nacionales de EE.UU.
George McBride, hombre de Kansas, había ya visitado América Latina de joven. Anduvo en Chile y Bolivia entre 1901 y 1915 como profesor misionero, luego se hizo geógrafo e incluso escribió un libro sobre las comunidades agrarias altoandinas de Bolivia, otro sobre México y un tercero sobre Chile.
Su dominio del español era más que correcto y sus conocimientos geográficos lo ubicaron como una de las figuras recomendables para desempeñarse como asesor técnico de los Estados Unidos para la Comisión Demarcatoria Mixta Peruano-Ecuatoriana.
Empezó su ardua labor en 1942, pasando alternativamente del Perú al Ecuador. "Leyó, viajó, escuchó, aconsejó, se prodigó con altos funcionarios de Estado, agregados militares y políticos, empresarios, demarcadores, hombres y mujeres de la ciudad y el campo", dice Ernesto Yépez, el historiador que lo ha rescatado y cuyo informe es objeto de su reciente libro "Mito y Realidad de una Frontera", una meritoria contribución a la bibliografía sobre las relaciones entre Perú y Ecuador.
El veredicto del estudioso norteamericano es particularmente valioso para el Perú.
La aventura de Yépez parece igualmente otra novela. Cada cierto tiempo, juntando contribuciones de algunas universidades y sus ahorros, viaja a Washington y se entrega con ahínco a estudiar la multitud de legajos del Departamento de Estado que guardan los Archivos Nacionales de los Estados Unidos. "Es como viajar por el tiempo -dice. Los papeles del Departamento de Estado reúnen una información excepcional. Es como si se explorara el Perú colonial en el Archivo de Indias, con el agregado de que la información es en este caso prolija y sorprendente, porque cubre un espectro variado y descomunal".
Aquí están ante nuestra vista el geógrafo paciente y el historiador que se enerva ante el descuido del país por sus propios intereses históricos, políticos y diplomáticos.
McBride fue objetivo y veraz, confiaba en que podía allanar el camino del enfrentamiento con base en la verdad y que su país podía contribuir a ello desde su posición dominante.
Yépez, por su parte, cree que aporta a la cancillería y a los peruanos pruebas irrefutables de la razón de la causa peruana en el asunto fronterizo con Ecuador, como antes lo hiciera con los testimonios de cómo el Perú manejó con tanto desacierto y descuido las negociaciones con Chile para la realización del Plebiscito y el Tratado de 1929 sobre la cuestión de Tacna y Arica.
¿Cuál es la contribución de McBride? Haber buscado entre la maraña documental, jurídica y política de la larga disputa del Perú y Ecuador aquellos aspectos que tenían que ser confrontados con la realidad social y geográfica para distinguir lo que era válido en las reclamaciones de ambos países y lo que formaba parte, por así decirlo, de un fárrago patriotero que nublaba cualquier horizonte de paz y de convivencia.
No siendo un improvisado -de algún modo ambos países procuraron llevar agua para su molino gracias a la excepcional versación de McBride sobre el tema- el juicio final del estudioso norteamericano es particularmente valioso.
El señala que el protocolo es un instrumento inmejorable porque respeta la frontera "tradicional" de ambos pueblos desde tiempos inmemoriales y el trazo de la frontera "es el mejor que pudo haberse encontrado". No desconoce que Ecuador buscará cambiarlo, pero eso sería dañino "porque cualquier revisión significativa resultaría en un límite peor y no mejor".Y añade: "Intentar una revisión general de la frontera del Protocolo abriría completamente la inveterada controversia sin ninguna esperanza de encontrar una línea que resolviese el problema tan bien como ahora se ha hecho. Desde esta perspectiva los límites del Protocolo deben ser considerados finales".