TRANSICION


Por HAROLD FORSYTH

¿Por Quién Doblan las Campanas?

HACE algunos días, las campanas del New York Stock Exchange (NYSE) resonaron para indicar la puesta en venta de las acciones de Telefónica del Perú, lo que fue entusiastamente aplaudido por los compatriotas presentes en tan importante evento.
Como quiera que se trata de la bolsa más dinámica e importante del mundo, la activa participación de una empresa registrada en el Perú en el mercado financiero internacional es motivo de gran complacencia, especialmente si se obtienen los impactantes resultados que, según parece, han superado los cálculos más optimistas.
Toda esta verdadera fiesta financiera se ha visto afectada, sin embargo, por el evidente privilegio que han tenido los inversionistas extranjeros de cara a los nativos. En ese sentido, la referencia del Presidente de Telefónica del Perú a nuestro "provincianismo" -aunque no tuviera intenciones peyorativas- refleja con claridad la ciudadanía de segunda clase de los peruanos frente a la sublime obsesión de cautelar la "imagen" del Perú en el mundo de las grandes finanzas, aun al precio de descuidarla en la propia casa.
Nada de esto niega el éxito obtenido pero se hace imprescindible sacar conclusiones sobre el significado de la denominada "participación ciudadana"en la colocación de los paquetes accionarios del Estado, especialmente si estamos embarcados en un proceso sin retorno y se avecinan seductoras ofertas tendientes a estimular en los peruanos aquello del "capitalismo popular".
Lo primero que se nos viene a la mente, al ver esa tremenda explosión de frenesí financiero provocada por la tarde peruana en la bolsa de Wall Street, es cómo este hecho se entronca con la problemática real y no oficial del Perú, esto es la falta de cohesión social y la desincorporación de vastos sectores. Ciertamente, aun aceptando, como aceptamos, la validez del mercado como el elemento regulador de la economía más justo que el mundo ha conocido, no podemos perder de vista que los graves indicadores sociales del país convierten en exquisita la jornada neoyorquina.
Obviamente, la idea no es negar con una retórica falaz la posibilidad de que los peruanos se acerquen a su propio manejo financiero y planifiquen sus opciones económicas personales y familiares. Pero esto presupone cultura financiera y ella sólo puede darse ensanchando la base participativa. De lo contrario, el mensaje seguirá orientado a unos cuantos, que, para colmo, encarnan el "provincianismo financiero".
Resulta, por ello, curioso e indicativo que la entidad diseñada para promover la venta de acciones e incorporar al pueblo a las bondades del capitalismo haya sido bautizada, precisamente, "Participación Ciudadana". Este concepto toma dos ideas propias de la política, cuando lo cierto es que la compra o venta de acciones, si bien son un derecho inherente a una sociedad libre que practica una economía abierta, tiene poco que ver con la "participación" de los "ciudadanos".
Durante el gobierno militar del general Velasco, los estrategas sinamistas nos inculcaron el exótico concepto de la "democracia social de participación plena" que no era democrática, participativa ni, mucho menos, plena, sino una simple trampa para engañar incautos.
Toda comparación es odiosa pero es oportuno recordar que el concepto de "participación" alude al ejercicio de derechos "ciudadanos" tales como el voto, la capacidad de organizarse políticamente en grupos concretos y la opción de influir en el proceso de toma de decisiones. Además, mal puede hablarse de ciudadanos cuando los destinatarios privilegiados de la primera oferta de "Participación Ciudadana" han sido, precisamente, los extranjeros.
Con este mismo razonamiento, cabe afirmar que la "participación" en la compra de acciones no reemplaza, en ningún caso, ni los derechos ni la actividad política del ciudadano, que es necesario incentivar a como dé lugar.
Mientras tanto, es preciso vincular más eventos como el del NYSE con la realidad de un Perú menos evidente en los medios de comunicación pero no por ello menos real. De lo contrario, corremos el riesgo de que, al doblar las campanas que anuncian las vertiginosas transacciones en las que -ojalá- participarán muchas empresas peruanas, alguien se pregunte qué tiene que ver todo esto con el Perú.

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