Metamorfosis
De empresario atribulado a secuestrador capturado.
G. Higueras Cortez, dos apellidos honorables, era el más improbable de los raptores. (Derecha) Con su segunda esposa.
¿Gonzalo? ¿El secuestrador? ¡No puede ser! ¡Se debe haber vuelto loco!
Esta reacción de los muchos amigos y conocidos de Gonzalo Higueras -ahora identificado con precisión policial como el acusado Gonzalo Max Higueras Cortez- fue más o menos unánime.
Y que el secuestrado fuera el siquiatra Mariano Querol completa el círculo de lo que parece ser un libreto de película inglesa.
Gonzalo Higueras Cortez, con dos apellidos honorables de los que en el Perú se llaman distinguidos, era el más improbable de los raptores -o probable sólo en un caso tramado por Agatha Christie o protagonizando al inspector Hércules Poirot en el Expreso del Oriente-
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Atenazado por las deudas y perseguido por los acreedores, Gonzalo Higueras "entró en trompo", como dijo un amigo suyo, al llegar al límite de la desesperación. No podía pagar el colegio de sus hijos, el alquiler de su departamento, ni las cuotas de los autos que había adquirido para poner una empresa de taxis.
Hijo de don Eulogio Higueras, exitoso agricultor piurano que por poco fue arruinado por la reforma agraria y luego se rehízo, Gonzalo era y es conocido como un hombre apuesto y bonachón, algo bohemio, elegante y culto, y padre particularmente afectuoso -un personaje mejor retratado en esta carátula de CARETAS, en suma, que en el iracundo y magullado personaje que aparece en la foto del fichaje-.
Los amigos lo describen como una persona bondadosa capaz de prestar ayuda a extraños, como un pianista autodidacta, talentoso, con alguna que otra composición a su haber.
Los Higueras y los Cortez son parte de la alta burguesía y la leyenda de Piura.
Este lunes 8, don Eulogio cumplió 76 años y de no haber mediado esta catastrófica situación, hubiera reunido en su casa de Piura o en la casona de Colán a buena parte de una familia extendida que incluye a 7 vástagos.
Gonzalo es el mayor de los varones, después de tres hermanas mujeres. Don Eulogio fue campeón nacional de 100 metros planos, y varios miembros de la tribu cantan y tocan guitarra con una musicalidad que, según dicen, viene del lado materno, de Graciela Cortez de Higueras.
Pero la familia ha conocido desgracias anteriores. César Cortez, tío carnal de Gonzalo, salió una noche de 1992 de su departamento en la calle Tarata para hacer una compra y al volver encontró a su esposa, hijo e hija muertos por causa de la explosión.
Criado y educado en Piura, la vida adulta del propio Gonzalo no parece haber sido fácil, sobre todo en el campo de los negocios, con una mala estrella que lo persigue desde hace unos años.
Infancia feliz en Piura.
Fue el primero de la familia que llegó a Lima, como "liebre", en la época de las vacas flacas, en los años '70, ingresando a la Universidad de Lima y viviendo en una pensión.
Casado en primeras nupcias hace 15 años con Carolina Tola, una mujer muy hermosa y emprendedora, vinculada a la confección de ropa y boutiques. Con ella tuvo dos hijos. Vivían en una casa en la calle Blas Cerdeña, vecina a la de Antonio Querol, hijo del siquiatra.
El matrimonio naufragó hace tres años y después del divorcio él se casó con Lorena Carrillo, con la que tiene una niña de meses.
Tuvo un negocio de alquiler de tractores, luego una fábrica de confecciones, Hila S.A. que naufragó con el "shock" de 1990. Previamente, el socio con quien había montado la empresa murió en un accidente de tránsito.
Su casa, en la que viven su ex mujer y sus hijos, fue embargada por el Banco Latino. Unos proveedores de apellido árabe lo presionaron desde entonces inmisericordemente. Otro banco también lo trató con suma dureza.
Quizás sea un símbolo de los tiempos en que viven ciertos estratos de la población, pero cuando Lorena Carrillo estaba en amores con él, también se vio desposeída de la casa en que vivía con su abuela. Gonzalo se casó de inmediato con ella y asumió responsabilidades adicionales.
Estableció Taxi Cab hace unos 9 meses en base a una flota de autos Lada adquirida de la firma de "Toño" Querol y Eric Rey de Castro, hijo, pero pronto se vio con problemas financieros allí también.
Higueras compró los taxis Lada que quiso pagar con dinero del secuestro.
Hace 5 semanas su mujer sufrió una suerte de infarto intestinal, una peligrosa emergencia médica que lo llevó a la Clínica Americana. Allí se vio en una difícil situación para cubrir los gastos, logrando salir del apuro firmando una serie de letras.
-Gonzalo entró en trompo hace algunos meses -dice un amigo-. Luchaba en diez frentes simultáneos. Todas sus defensas se habían ido al diablo. El hombre afable, cariñoso, cuya casa había sido un centro de piuranos, el promotor de las reuniones familiares, fue perdiendo la razón.
La Policía indica que lo empezó a seguir una semana antes de su captura. Lo vio en el Centro Comercial Caminos del Inca en Monterrico durante el período del secuestro. Es decir, seguía aparentemente una vida holgada.
Hay quien dice que el sábado se le vio jugando al fútbol con sus hijos -a quienes veía constantemente- en una de las canchas del Markham.
Es decir, al tiempo que manejaba el secuestro y sus secuelas, aparentaba llevar una vida normal.
-Pero había perdido incluso el sentido de costo beneficio. Ciento cincuenta mil dólares, que tenía que compartir con otros, no le iban a servir mayormente para resolver sus problemas dice otro amigo.
Quizás si el desafortunado empresario piurano hubiera requerido los servicios profesionales de Mariano Querol, en vez de secuestrarlo, hubiera encontrado una salida diferente a los problemas que lo agobiaban.