18 Días No fueron Broma


18 Días No fueron Broma
Una de las dos fotos que los secuestradores enviaron a la familia para demostrar que estaba vivo. Derecha. La casa de Chosica fue alquilada en abril para albergar al secuestrado. Acondicionaron un baño para que sirviera de celda.

Durante las más de dos semanas que duró el cautiverio, Mariano Querol permaneció encerrado en un cubículo donde apenas podía moverse (ver croquis dibujado por el propio Querol más adelante). Aunque los secuestradores no lo trataron mal, su situación fue muy dura, como la de cualquier persona privada de la libertad. Con el agravante de la incertidumbre, el no saber cuánto tiempo permanecería en esa situación. Al síndrome de Estocolmo, el siquiatra Querol añade ahora el "efecto Lima", que sería una suerte de relación de dependencia que establece el secuestrador con su víctima. De hecho Querol empezó a convencer a uno de sus cancerberos, al que llamaba "el amigo", para que se fugara con él. Quizás si hubiera permanecido más tiempo, hubiera logrado su propósito.

A principios de abril, Gonzalo Higueras conoció a Ricardo Escobar del Aguila en un restaurante campestre de Cieneguilla. Entre whisky y whisky, conversaban con otros amigos sobre la difícil situación económica del país y la precariedad de los negocios.
Higueras le contó a Escobar lo mal que le iba a su empresa de taxis y las deudas que lo asfixiaban. Escobar también arrastraba deudas, aunque no tan grandes como las de Higueras.
De pronto, Gonzalo Higueras dejó caer una idea audaz. "A veces me dan ganas de asaltar un banco o realizar un secuestro'', dijo. "¿Te animarías tú?". Escobar lo tomó como un chiste. Pero Higueras insistió. "El secuestro es lo más fácil. Yo conozco a mucha gente que tiene dinero y no sabe qué hacer con él. Hacemos uno y salimos de todas nuestras deudas. A nosotros nadie nos conoce, nunca van a sospechar. Anímate...".
Los dos rieron de lo que se suponía era una fantasía. Intercambiaron números telefónicos y se despidieron. Pero dos días después, Escobar del Aguila recibió un llamado de Higueras. En la conversación Higueras le propuso el secuestro, pero esta vez muy en serio. Escobar aceptó y se comprometió a buscar otras personas.
"Que no tengan antecedentes", precisó Higueras. El elegiría la persona que iban a secuestrar, conseguiría dinero para financiar la operación, tenía una pistola y podía obtener un revólver .
Escobar reclutó para el secuestro a Manuel Enrique Rodríguez López y Alberto Marston Montrevil, amigos de Cieneguilla. El siguiente paso fue alquilar una casa en Chosica en Prolongación Lima Norte 379.
Una semana antes del plagio, Higueras decidió que la víctima sería el siquiatra Mariano Querol, padre de uno de los dueños de la empresa que le había vendido los autos Lada para su compañía de taxis. El, además, había sido vecino de Antonio Querol y sabía que éste había construido un edificio donde antes tenía una casa. Suponía que su situación económica era boyante.
En vísperas del secuestro, el 17 de junio robaron una auto Hyundai azul, que usaron para el rapto.

De izquierda a derecha los "libertadores" Antonio, Andrea y Daniel Querol abrazan a su padre. Los tres juntaron fuerza, dinero y talento para liberarlo. Querol prefiere contar lo menos siniestro de su cautiverio y poner poco énfasis al relatar los momentos en que sus captores le aplicaban abominables dosis de inquina: "Su hijo es un negociador terrible" le decían. "Sólo toma en cuenta el asunto del dinero. Es un hombre muy frío" le repetían.

LAS PISTAS

La División Antisecuestros de la Policía tuvo muy poco para comenzar. El relato del chofer y de un carpintero de la casa en construcción, que proporcionaron las características de los plagiarios y permitieron construir los identikits.
Un detalle llamó la atención: no hubo violencia. Los delincuentes avezados no dejan testigos y generalmente disparan, aunque sea al aire, cuando cometen el delito.
No era mucho. La familia, como es natural, no quiso colaborar con la Policía por temor a las represalias contra el siquiatra.
El auto utilizado para el plagio proporcionó algunos indicios más. Fue hallado abandonado por la Policía cerca a la avenida Prialé. Una revisión minuciosa identificó huellas digitales de varias personas. Se cotejaron las huellas y visitaron a las personas que identificaron. Encontraron a todos menos a uno que vivía en Cieneguilla.

CAMINO DE ERRORES

En la captura de esta "banda" de amateurs (que creían haber aprendido la técnica de los secuestros viendo vídeos) obraron seguramente varios factores.

  • El propio Higueras hablaba con "Toño" Querol en las transacciones telefónicas. Si bien es posible disfrazar la voz, hay giros en el lenguaje que pueden delatar.
  • La familia de Querol sostuvo siempre que no tenían dinero, pero los secuestradores mencionaban hechos como el de la construcción de un edificio por la familia Querol, que aparentemente pocos conocían (por más que los secuestradores profesionales a veces están al tanto incluso del movimiento bancario de sus víctimas). Pero aquí también hay detalles que pueden delatar.
    También le dijeron a Toño que había recibido dinero de su socio, que le compró su parte en la concesionaria de autos. Los familiares de Querol -y la Policía que escuchaba subrepticiamente-, se dieron cuenta que quien negociaba sabía mucho de la familia.
  • En las conversaciones con la familia, primero Escobar y luego Higueras, desarrollaron un trato amable, claramente distinto del de delincuentes comunes.
  • Higueras hacía un doble juego. Por un lado, se encargaba de la negociación. Y por el otro, exteriorizaba su preocupación a través de algunos amigos por la situación de Querol. Así, logró enterarse que la Policía de alguna manera tenía contacto con los familiares. En las negociaciones les hacía saber eso, por lo que la Policía reforzó sus sospechas que se trataba de alguien más o menos cercano.
  • Al hacer contacto con los familiares de Querol, Higueras les ordenó que compraran un celular para hacer a través de ese nuevo teléfono las negociaciones. Higueras no sabía que el celular es tan o más fácil de interceptar que un teléfono fijo. Ya la Policía sabía que pedían 350 mil dólares y que rebajaron a l50 mil.
  • Finalmente está el error que cometió al llamar a través de su teléfono celular al de Toño, cuando su intención era comunicarse con el celular de sus cómplices en Chósica. Según parece cortó casi al instante, pero aparentemente esto permitió a la Policía rastrear el origen de la llamada.

    Dibujando el croquis para CARETAS.

    La estrecha celda donde tuvieron cautivo a Querol. Aunque no lo maltrataron, fue un castigo inhumano.

    CERRANDO EL CERCO

    La Policía tenía la pista del sujeto de Cieneguilla, sus características. Y fue el mismo quien llevó a un establecimiento de revelado fotográfico el rollo que tomaron a Querol con un periódico en la mano. Ellos avisaron a la familia para que recojan allí las fotos. La Policía fue al lugar, preguntó por las características del individuo y así confirmó que era el de Cieneguilla.
    Este mismo individuo se comunicó con su casa y dijo tener un cachuelo en Chosica durante un mes. Así, la Policía tenía una referencia del lugar donde posiblemente podían encontrar a Querol.
    Pero lo que permitió finalmente la plena identificación del jefe de los secuestradores, fue la detección del número telefónico de donde los secuestradores hacían las llamadas.
    Días antes de su captura, Gonzalo Higueras ya estaba detectado y era seguido por elementos de la Divise. Habían puntos fijos de vigilancia en la autopista Prialé y la Carretera Central, por donde solía ir el propio Higueras hasta la casa de Chosica a llevar víveres y dar instrucciones. Inclusive la Policía tenía un plan de rescate. Pero el comandante de esa unidad, Remigio Hernani Meloni, con buen tino, ordenó no intervenir hasta que Mariano Querol fuera puesto en libertad.
    Detenido en la tarde del sábado 6, cuando se disponía a viajar a Piura, Gonzalo Higueras intentó suicidarse arrojándose del carro policial en marcha. Ese mismo día, en su departamento de San Isidro, estando esposado, intentó arrojarse por la ventana desde el cuarto piso en un descuido de sus captores. Lo agarraron a tiempo. Higueras ahora está en el penal de Canto Grande con sus cómplices.

    CONSEJOS DE SECUESTRADOR

    El siquiatra Mariano Querol relató a CARETAS algunas de sus experiencias con los secuestradores. "Con uno de ellos establecí una buena relación e incluso hablamos de la posibilidad de irnos juntos, de fugar. No se concretó porque eran necesarias varias semanas de persuasión y yo estuve sólo 18 días. Si el interés es crematístico, a lo mejor se establece la confianza suficiente y la palabra del secuestrado puede tener más valor que la de los cómplices. Se habló de esto como una posibilidad con el que yo llamaba "mi amigó".
    El que le tendió la trampa para el secuestro, que se hacía llamar Freire, "tomó una cita, vino pero se fue antes de que yo llegara. En la segunda cita comenzó a dar los datos de un paciente, un supuesto tío suyo, ya mayor, que estaba mal y no quería salir de la casa. Comenzó a darme datos respecto a la esposa de este señor y todo lo necesario como para hacer una pequeña historia. Me dio también una dirección y un teléfono, que eran falsos, pero yo no lo comprobé. Conversando con Freire cuando estuve cautivo, me hizo sentir un tonto". Le pregunté si existía ese paciente y me dijo:
    -No. Yo iba inventando.
    -Pero fuiste muy convincente, le contesté.
    -Todo era falso, incluso el teléfono. Si usted no hubiera sido tan confiado y hubiera llamado por teléfono se daba cuenta del invento.
    Y luego me dio un consejo:
    -Doctor, no sea tan confiado para la próxima. Cúidese, tome sus precauciones.


    Angustia Familiar
    El sufrimiento y la incertidumbre de los hijos.

    Antonio, el hijo mayor de Querol, llevó la batuta y cargó con la responsabilidad de la negociación. Tenía el corazón comprimido, pero manejó la codicia de los secuestradores con una lucidez y un temple admirables.

    Escribe CECILIA VALENZUELA

    FUERON minutos eternos. Andrea, Antonio y Daniel sentían que se asfixiaban dentro de la casa. Abrieron la puerta y salieron a la calle. Ni el frío de la noche los persuadió para regresar junto a la chimenea de la sala.
    A las 7.30 p.m. los secuestradores le habían permitido a su padre una llamada al celular de Antonio. El mensaje fue breve: "Estoy bien hijo, voy para allá". Los muchachos habían dejado el rescate, en un maletín, cerca de una paradita en Cieneguilla. Ahora sólo les quedaba esperar que los plagiarios cumplieran su palabra y que su padre volviera a salvo a casa.
    La noticia del secuestro había reunido a la familia Querol. Antonio llamó a Andrea a Venezuela y a Daniel a Alemania. Al tiempo de la distancia, los tres hijos de Mariano Querol se reunieron en Lima para lograr la liberación de su padre. Durante los dieciocho días que duró la pesadilla pensaron, actuaron y procedieron como uno solo: "Tenemos temperamentos muy distintos, dice Andrea, sin embargo, en ningún momento discutimos, sólo pensábamos en mi papá".
    Los contactos iniciales sembraron tensión y zozobra en la familia. Una carta amenazante advertía que si no separaban a la Policía de la investigación, su padre sufriría las consecuencias. Al cabo de cinco días la comunicación se cortó. "El bullicio en la radio, la prensa y la televisión sobre mi desaparición los puso muy nerviosos" recuerda el doctor Querol. "Sentían que toda la Policía de la ciudad les pisaba los talones: no sabíamos que usted era tan conocido, me dijeron: yo tampoco lo sabía, les respondí".
    Tomaron su tiempo para tranquilizarse. Pasó una semana entera hasta que las negociaciones se reanudaron. Hubo otro mensaje. Las comunicaciones escritas estuvieron indefectiblemente cargadas de violencia. Las telefónicas, en cambio, comenzaban siempre con la misma frase: su padre está bien.
    Las horas transcurrían marcadas por la angustia. Al día siguiente de llegar de Caracas, Andrea entró al consultorio de su padre en silencio. Sobre la mesa encontró Noticia de un Secuestro de Gabriel García Márquez con un listón sobre la tapa. Un escalofrío le cruzó la columna vertebral.
    Tres días antes del plagio Antonio le había regalado el libro, que acababa de salir, por el día del padre. El doctor lo había dejado, conservando el moño del paquete, sobre su mesa de consulta esperando un momento de relajo para meterle diente. Andrea rompió a llorar al tiempo que lo tomaba y comenzaba a leerlo. "Aunque las circunstancias en que ocurrieron los secuestros del libro fueron distintas, encontré muchos de mis sentimientos, de mis reacciones y mis temores retratados en los de los personajes que describe García Márquez. Me ayudó mucho leer ese libro mientras mi padre estuvo secuestrado" comenta.