Toro Sobrero


Toro Sobrero
Historia de una corrida en dos plazas -Lima y Nueva York- con aplausos iniciales, pitos en medio de la faena y un final dirigido a acallar a los descontentos.

El Presidente Alberto Fujimori, bautizado como El Niño de las Ventas luego de la venta de acciones de la Telefónica, duda en la suerte final. Las protestas del tendido de sombra opacaron su faena y debe resarcir a la afición con la venta local de una porción del paquete que el Estado se ha reservado.

Foto VICTOR CH. VARGAS

Al cierre de esa edición Alberto fujimori parecía decidido a desprenderse de una parte del cinco por ciento de Telefónica del Perú que todavía retiene el gobierno, pero especulaba en torno al volumen a colocar en el mercado.

LA mañana del martes nueve, desde Palacio de Gobierno, el Presidente Alberto Fujimori convocó a los ministros Alberto Pandolfi, Jaime Yoshiyama, Jorge González Izquierdo y Daniel Hokama a una reunión de emergencia de la Copri, en la que al final habrían acordado que el Gobierno suelte entre 2.5 y 2.6 por ciento de su paquete de acciones en la Telefónica del Perú. Se supo que la propuesta quedó pendiente de afinamiento, pero en horas de la noche un trascendido que llegó a los medios señalaba que la oferta se había reducido a un fluctuante uno o dos por ciento. Trascendió que el Presidente seguía reacio a dar atención a los 15,016 compradores de paquetes de 20 mil soles. El "Niño de las Ventas" (Caretas 1421), pese a su excelente faena de la semana anterior en el ruedo de Nueva York -dos orejas y rabo por los US$ 1,108 millones de dólares- no pudo dar la vuelta al ruedo entre palmas y flores como fue su deseo. Y es que apenas pretendía iniciar el festejo en hombros de sus peones, el martes dos de julio la protesta de una sorprendente porra en los tendidos de sombra por el prorrateo local le arruinó la tarde.
Una semana después el diestro, entre desencantado y sorprendido, atinó a regalarle un toro al respetable para morigerar la protesta, especialmente de aquellos entendidos que la habían expresado en voz alta y con varios amplificadores. Aunque el peso del obsequio no estaba acordado.
Debe recordarse que el martes dos por la noche el gerente general del Banco de Crédito, un fastidiado Raymundo Morales, dijo claramente que si hubieran sabido que no se iba a ofertar más de 150 millones de dólares, habrían restringido la oferta a sus clientes. En el mismo tono áspero el presidente de la Confiep, Jorge Picasso, acusó al Gobierno de haber preferido al inversionista extranjero, en detrimento de los nacionales.
La propia Martha Chávez, presidenta al parecer saliente del Congreso, elevó inusualmente el tono, para informar que ella también había comprado un paquete de veinte mil soles y estaba colgada como muchos. Nunca se sabrá si sus palabras expresaron una asordinada protesta personal, o quiso ponerse como un ejemplo espartano de acatamiento a los dioses.
En este coro y en plena batahola, con reflejos y buen temple, no faltó el Defensor del Pueblo, Jorge Santisteban de Noriega, quien se dio maña para colocar un par de banderillas de fuego. El propuso, premonitoriamente, que el Estado debía desprenderse de una parte de sus acciones para satisfacer a todos los tendidos. Naturalmente, recogió las primeras palmas.
El que puso una puya fuera del lomo fue el picador español Rafael Hernández, presidente de la Telefónica y por lo mismo dueño de la plaza, quien contra todo pronóstico pifió al atribuir ignorancia al tendido que protestó, a cuyos asistentes tildó además de provincianos.

LUNES 1° EN NUEVA YORK

Juan Assereto, secretario ejecutivo de la Copri, contó el sábado seis a una radio local, que el recorte en la venta local fue sugerido por los bancos de inversión. En una reunión conjunta entre Merril Lynch y J. P. Morgan, el gringo Jim Miller, de Merril Lynch, habría recomendado a los miembros de la Cepri, capitaneados por Javier Tovar, que de acuerdo a los antecedentes de otras colocaciones, resultaba conveniente dejar demanda insatisfecha, tanto en el tramo local como en el internacional. En esa reunión se decidió no bombear parte de la oferta externa a Participación Ciudadana, como lo había previsto el prospecto de colocación. Más bien se habló de elevar el monto tentativo inicial de la oferta internacional, que así pasó de US$ 798 millones a US$ 918 millones. En rigor, en toda colocación de este tipo existe una especie de guardado de acciones, conocido en el ambiente bursátil como el green shoe, un colchón de valores que el propietario puede trasladar en la hora nona y según su conveniencia. Entre la delegación peruana que asistió a Nueva York, nadie pensó que al final el gobierno pondría su zapato verde en las alfombras de Wall Street. Y es que allá había consenso para atender preferentemente a Participación Ciudadana, tanto que el propio ministro Jorge González Izquierdo había llegado a asegurar: "No habrá tope para esta colocación" (29.5.96 El Comercio)

Jaime Yoshiyama y Javier Tovar en extremos ¿opuestos?, al centro presidente de la Bolsa de Nueva York y Rafael Hernández, de Telefónica.

¿Por qué entonces se prefirió los dólares contantes y sonantes de Nueva York, al diez por ciento de la cuota inicial de los paisanos? El Gobierno necesita caja y eso no es un secreto para nadie. Camet y Pandolfi se pasean por Europa pidiendo chepa al Club de París, y esta vez el Presidente no calibró la dimensión de la pifia local, tal vez llevado por el entusiasmo de González Izquierdo, quien le aseguró que él podía manejar la tormenta que se desencadenara.
En el exterior la prensa especializada no cesó durante la semana de elogiar la faena, que rompió un maleficio de dos años en la región a causa del efecto tequila. La colocación de las acciones de la Telefónica -dijo el informativo norteamericano Bloomberg- es la más grande operación latinoamericana desde la de YPF en 1993. Matthew Hickman, de la casa especializada Lehman Brothers, de Wall Street, se sumó a los elogios. "Es un éxito increíble en la arena internacional" comentó esta semana, y sostuvo que el suceso fue un voto de confianza de los inversionistas internacionales en el Gobierno del Presidente Fujimori.

Jorge Picasso, sí por los locales.

Descontento Raymundo Morales.

Marha Chávez, ¿víctima o ejemplo?

Juan Assereto, contó lo que vio.

Al cierre de esta edición el ADS (diez acciones de la Telefónica) se cotizaba en el New York Stock Exchange (NYSE) en US$ 23.20, es decir a US$ 2.32 por cada documento, trece por ciento por encima del precio de su lanzamiento. Cuando la plaza ya estaba cerrada y los aficionados bebían vino en bota, no faltaron los críticos de la corrida. Un sector muy respetable opinó que el precio de cierre de las acciones de Telefónica en Nueva York, que fue puesto en US$ 2.05, pudo haber sido más alto. Uno de ellos señaló como un error la colocación local a plazos con un descuento del diez por ciento. "Si no se subsidian ni el arroz ni el azúcar, por qué tenemos que subsidiar la venta de acciones a miles de compradores, que en modo alguno representan a los 23 millones de peruanos que son los propietarios".

Estrictamente, la rebaja en el precio de la acción fue una clara señal para un mercado muy sensible y atento. Muchos tenedores vendieron sus títulos ante la perspectiva de comprarlos luego con un premio del diez por ciento. Y por si fuera poco... a plazos.
Debe recordarse que en las nueve semanas anteriores a la exitosa operación, la cotización de Telefónica se desplomaba mientras el índice general de la Bolsa subía, algo que por lo menos era muy extraño en un mundo en el que los valores de esa empresa lideran el mercado.
En ese sentido hay quienes piensan que los coordinadores globales (léase Merril Lynch y J. P. Morgan) pudieron empujar el precio local cuesta arriba, si hubieran participado activamente en el mercado limeño, como lo recomendó Leopoldo Reeves, ex gerente financiero de Telefónica Perú, en un artículo publicado el ocho de diciembre de 1995 en el Wall Street Journal.
Sea como fuere la corrida ha concluido, aunque el torero, los tendidos y los comentaristas todavía tienen tela para tejer un buen rato.