Cine-TV


La Barra Mansa
Las mezclas arbitrarias de "Pisco sour".

Por Fernando Vivas

  • La TV. peruana espera aún su gran comedia de situación. "Fandango" y "Casado con mi hermano" trabajaron la fantasía y el candor cuando las sitcoms norteamericanas procesaban la malicia y el naturalismo doméstico. Cuentan que "Lucifer", la abortada serie del Canal 4, iba por la misma vía. El sentido del ridículo fue usado por los guionistas leopoldos como un arma aniquiladora que restaba chispa y capacidad de reacción a los personajes para dársela a situaciones fantasiosas y naif. Los yankis, en cambio, dejan en libertad a sus criaturas para esgrimir contra sí el ridículo (en forma de autoescarnio) o utilizarlo astutamente contra los demás. Dos reglas de oro, la segunda derivada de la primera. A) Los seres triunfan sobre la situación, no al revés. B) En todos los capítulos, los personajes deben mantener su perfil. Deplorable la sitcom que muda la personalidad de sus criaturas en función de sus plots. Estas reglas las dominan desde Lucille Ball hasta Chespirito, el más coherente de los modelos latinos. Los grandes héroes de comedia son gafes, torpes y chistosos pero también inteligentes; sólo los malos libretistas les llevan bronca con situaciones adefesieras.

    Fiorella Cayo, bar-woman en "Pisco sour".

    "Pisco sour" no está libre de estos cargos aunque en principio tenga varios puntos a favor: Personajes liberales y desinhibidos, un espacio de encuentros a la vez doméstico y cosmopolita, música y tragos para refrescar los procedimientos. "Cheers", la sitcom yanki que el equipo de libretistas encabezado por Enrique Moncloa ha tomado por fuente de inspiración genérica, tomaba este paquete de ligerezas y, a veces, en serio, como buena comedia veleidosa, lo elevaba a niveles casi filosóficos. Por eso, el bar de "Cheers" quedaba en Boston, la ciudad de las universidades. El de "Pisco sour" queda en esa Lima que Iguana Films, por complejo cultural, no se atreve casi a nombrar, aparentemente cerca del mar y de la sopa social que los libretos usan descuidadamente como cantera de tópicos. Cumbre del facilismo fue el capítulo en el cual el grupo cae víctima de un comando feminista terrorista y acaba festejando el cumpleaños de Mona (Susan León). La inverosimilitud restó ironía, el esquematismo mermó chispa y una equivocada dirección clipera acabó destrozando las acciones. No fue osadía temática, fue falta de imaginación. Mejor estuvieron los capítulos de la diva hollywoodense o de la falsa superación de Mona porque, a pesar de resbalarse ocasionalmente por la pendiente de la candidez y la "desnaturalización", esta vez los libretistas no desbordaron con fantasías excéntricas la humanidad de sus criaturas. El modelo yanki sigue siendo legítimo pero es absurdo invocarlo para traicionarlo. Al margen de él queda el mundo más allá de la barra, ese "espacio en off" que mientras más definido más consistencia daría a la sitcom. Ojalá afinen la mezcla.


    Rey a Caballo
  • Clark Gable, el "Rey", recibió un apodo histriónicamente inmerecido. Su versatilidad dramática, su capacidad para capear un enredo cómico o sobrevivir una crisis melodramática eran limitadas; pero nadie le discute la imponencia de sus gestos, la sonrisa cachonda de viejo lobo con la que salía de cualquier lío. Reinó sin dificultad en un ámbito donde todos eran reyes y hacia su prolongado final se permitió algunas performances nostálgicas y agónicas, románticas y ensoñadoras a su hosca e inexpresiva manera. Raoul Walsh, un director que dirigía como él actuaba con resultados magistrales, lo tuvo de cómplice en tres westerns sutilmente crespuculares. Uno de ellos, "Garras de ambición", coprotagonizado por Jane Russell y Cameron Mitchell (1 a.m. del viernes en Canal 4). lo pone al mando de una caravana de gigantes.

    Aladino

  • Al complejo marketin g de los largometrajes de la fábrica de Disney no escapa la eventualidad de una serie televisiva. El "Aladino" (1992) de John Musker ya tiene la suya. (Canal 2), de lunea a viernes a las 4 p.m.)

    Ultima Víctima
    Natalia Do Vale (Elena) feliz sobreviviente de "La próxima víctima

  • Para Silvio de Abreu un redondo happy hubiera sido de mal gusto; plagiar algún clásico final de Hollywood como hizo con el de "Alma negra" en "La reina de la chatarra" (¿recuerdan a Daniel Filho volando en lo alto de un tanque de petróleo mientras repite, junto a James Cagney, "mamá, estoy en la cima del mundo"?) hubiese sido un capricho cinéfilo que Globo no toleraría por segunda vez; un simple final abierto sin descubrir la cara del asesino hubiere ocasionado una rebelión de la platea. Y el concurso de Pantel se iba al tacho. Así que optó por la conclusión híbrida: un final cerrado con coda abierta. Un capítulo que descubre la cara del asesino hacia el final, lo mata sumariamente por la espalda en una suerte de anticlímax (el público esperó demasiado para verlo morir así) y en una suerte de epílogo tramposo -a la usanza del cine de terror moderno que siempre alberga en el final la promesa de inmortales pesadillas- descubre a una nueva víctima en la gigantesca Claudia Raia. El bandolero queda sin identidad pero el principal sospechoso es el propio Abreu, jugando con el público y con Globo.


    Picotazos
    "¿Dígame doctor, usted es el primero o segundo vicepresidente?"
    Humberto Martínez Morosini entrevistando a César Paredes Canto, 2do. vicepresidente del Perú.