Fiorella Cayo, bar-woman en "Pisco sour".
"Pisco sour" no está libre de estos cargos aunque en principio tenga varios puntos a favor: Personajes liberales y desinhibidos, un espacio de encuentros a la vez doméstico y cosmopolita, música y tragos para refrescar los procedimientos. "Cheers", la sitcom yanki que el equipo de libretistas encabezado por Enrique Moncloa ha tomado por fuente de inspiración genérica, tomaba este paquete de ligerezas y, a veces, en serio, como buena comedia veleidosa, lo elevaba a niveles casi filosóficos. Por eso, el bar de "Cheers" quedaba en Boston, la ciudad de las universidades. El de "Pisco sour" queda en esa Lima que Iguana Films, por complejo cultural, no se atreve casi a nombrar, aparentemente cerca del mar y de la sopa social que los libretos usan descuidadamente como cantera de tópicos. Cumbre del facilismo fue el capítulo en el cual el grupo cae víctima de un comando feminista terrorista y acaba festejando el cumpleaños de Mona (Susan León). La inverosimilitud restó ironía, el esquematismo mermó chispa y una equivocada dirección clipera acabó destrozando las acciones. No fue osadía temática, fue falta de imaginación. Mejor estuvieron los capítulos de la diva hollywoodense o de la falsa superación de Mona porque, a pesar de resbalarse ocasionalmente por la pendiente de la candidez y la "desnaturalización", esta vez los libretistas no desbordaron con fantasías excéntricas la humanidad de sus criaturas. El modelo yanki sigue siendo legítimo pero es absurdo invocarlo para traicionarlo. Al margen de él queda el mundo más allá de la barra, ese "espacio en off" que mientras más definido más consistencia daría a la sitcom. Ojalá afinen la mezcla.

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