Camino al Infierno


Camino al Infierno
Gonzalo Higueras comenzó el proceso judicial con el denigrante recorrido por el Palacio de Justicia. La defensa podría argumentar sobre el estado mental del empresario.

Recluido en el penal de máxima seguridad de Cantogrande, Gonzalo Higueras comparte una celda con los otros tres implicados en el secuestro de Mariano Querol. Al frente está Alfredo Zanatti y poco más allá Carlos Manrique. Entre los buenos amigos de Higueras que fueron a visitarlo a prisión está el congresista Rafael Rey. Gonzalo fue enamorado de la hermana de Rey hace veinte años. También Federico Cúneo y Javier Gonzales Olaechea, que aparecieron en TV, atestiguando sobre su personalidad de hombre afectuoso.

Higueras en medio de la
jauría. (Derecha) A
poco de su liberación,
M. Querol en el cumpleaños
de un amigo. Podría testificar
sobre salud mental de secuestrador.

Gonzalo Higueras podría pasar un año de cárcel por cada día que tuvo a Querol secuestrado. (Derecha) La improvisada celda de Chosica.

GONZALO Higueras no se libró el lunes pasado del humillante paseo a trompicones por las escaleras y pasadizos del Palacio de Justicia. Todos los detenidos que son llevados a declarar ante el juez pasan por ese trato salvaje y también peligroso, porque algún delincuente en trance de delatar a sus cómplices, podría recibir una cuchillada en el tumulto.
A la prensa se le asigna el papel de jauría con la víctima, pero se estorba de tal forma, que es muy difícil trabajar adecuadamente y obtener una foto como la de la carátula de CARETAS. Bien harían los reorganizadores del Poder Judicial en poner orden en esa infernal excursión.
Al final, la diligencia no se llevó a cabo porque el abogado de Higueras no se presentó.
En días pasados la familia Higueras, padre, madre y varios hermanos, fueron a visitar a Mariano Querol para pedirle disculpas por lo sucedido, y refrendar las excusas escritas del secuestrador. No ha trascendido el contenido de la conversación, sólo que Querol habría dicho que llegaron a un "pacto de caballeros". No se sabe a qué se refiere, pero el siquiatra en más de una ocasión ha pedido clemencia para sus plagiarios.
La única defensa que podrían esgrimir los abogados de Higueras, está relacionada con su estado de salud mental, no sólo porque es una persona sin antecedente alguno y una personalidad pacífica y afable, sino por ciertos aspectos absurdos del secuestro y las presiones de una sucesión de fracasos económicos que lo habrían desquiciado.
En tales circunstancias, los abogados (y los fiscales también) recurren a peritos, es decir, a sicólogos y siquiatras como el propio Querol.
Lo único que faltaría en este insólito caso es que Querol testifique sobre la dudosa salud mental de su secuestrador. Esa sí que sería una noticia que daría la vuelta al mundo. Y no podría hablarse de otro caso del síndrome de Estocolmo, porque esas afinidades y simpatías que se dan entre secuestrados y secuestradores se generan en función del trato personal y directo, y las circunstancias de riesgo y confinamiento que ambos comparten. En este caso, como se sabe, Higueras no tuvo relación directa con Querol.
Eso podría atenuar su responsabilidad, porque su culpabilidad es indiscutible. Sin embargo, las opiniones del presidente Alberto Fujimori ya están creando un mal precedente, que ha sido censurado por varios abogados. Fujimori dijo en un programa dominical de TV que éstos serían los primeros condenados a cadena perpetua. Cualquiera puede opinar en público, menos las autoridades. En especial, las que tienen influencia poderosísima sobre los magistrados. Sacar provecho político de la situación, sobre todo por el estatus social del secuestrador, es deplorable.

Alberto Marston de Montrevil, cadete del Leoncio Prado. Conoció a Higueras en Cieneguilla el 5 de julio, día en que se cobró el secuestro. Le ofrecieron trabajo y lo llevaron para que recogiera el dinero. (Derecha.) Manuel Rodríguez López con su madre. Preparaba pachamancas en Cieneguilla. Higueras prometió pagarle 5,000 dólares por su participación en el secuestro Era "el amigo" de Querol y abandonó al grupo durante 4 días. Al final lo convencieron para que regresara. El siquiatra, que era delgado y canoso como su padre, lo estaba persuadiendo para que escaparan juntos.

ENCUENTRO FATAL

Alberto Marston de Montrevil, 23, conoció a Higueras el mismo día que se cobró el rescate, el viernes 5 de julio. Al mediodia se encontró en Cieneguilla con su amigo Ricardo Escobar ("Freyre"), que le presentó al empresario.
Higueras los invitó a almorzar en el restaurante campestre El Rosado. Escobar le comentó a Marston que Gonzalo tenía una empresa de taxis y que él se podía hacer cargo del mantenimiento de los autos.
Alberto Marston vio en el empresario una oportunidad de encontrar empleo. Luego de una prolongada sobremesa, Escobar le ofreció a Marston llevarlo a Lima. En el camino le dijo "recogeremos un paquete. No va a haber demoras, ni se va hacer ningún trámite. Te vas a ganar un sencillo."

Todos los implicados comparten una celda en Cantogrande. Son vecinos de Zanatti y Manrique.

A la altura de un grifo, cerca a Musa, por las calles Kontiki y Acapulco, vieron un carro blanco. "Te van a dar un paquete en ese carro y nos vamos", le dijeron a Marston. En efecto, así sucedió. Luego dejaron a Alberto en la Av. Angamos, y lo citaron para el día siguiente en la Plaza de Armas de Chosica.
En efecto, el sábado Alberto Marston acudió a Chosica. Allí se encontró con sus amigos de Cieneguilla, Ricardo Escobar y Manuel Rodríguez López, que lo llevaron a la casa donde habían tenido secuestrado a Querol. Allí, en medio de la celebración cuyo motivo Marston desconocía, fueron atrapados por la Policía.
Manuel Rodríguez López cumple 30 años el 30 de julio. El es el menor de cinco hermanos, tres de ellos chilenos al igual que sus padres.
Era uno de los expertos pachamanqueros más solicitados por los restaurantes de Cieneguilla, y construía con Ricardo Escobar rotondas y techos de caña bambú para esos establecimientos. A principios de junio, Escobar le presentó a Higueras.
Casi de inmediato Rodríguez fue contratado para cuidar la casa de Chosica, que pronto albergaría al secuestrado. Le dijeron que eventualmente cuidaría a una persona con tratamiento médico.
En vísperas del secuestro, Escobar le confesó a Manuel que iban a plagiar a una persona. Le ofreció 5 mil dólares y un trabajo fácil, de menos de 20 días.
Rodríguez López fue uno de los que se encargó de cuidar a Mariano Querol y el que desarrolló una mejor relación con él. Según el secuestrador, el siquiatra se parecía a su padre fallecido hace diez meses, delgado y canoso.
Mientras Higueras negociaba con la familia, los nervios traicionaron al inexperto Manuel Rodríguez, que con el pretexto de ir de compras, abandonó la casa de Chosica.
Pasaron 4 días y Rodríguez no regresaba. Freyre no podía salir ni para comprar comida, por no dejar solo al secuestrado. Mariano Querol confesó a CARETAS que él le mandó decir con Escobar que regrese. El siquiatra temía que las cosas se complicaran y que lo llevaran a un lugar peor del que estaba.
Al final, Rodríguez regresó, borracho. "Doctor, regresé por usted", le dijo, al tiempo que le ofrecía una lata de cerveza, que Querol rechazó.