La Caperucita Roja en la Boca del Lobo


La Caperucita Roja... En la Boca del Lobo
El haber definido al tribunal que ve el caso "Vaticano" como una "tremenda corte" no pasa de ser una anécdota en la vida de la congresista Susy Díaz. Para cerrar el caso bastará que pida disculpas. Y a otra cosa.

Pero el caso judicial del narcotraficante Demetrio Chávez Peñaherrera, "Vaticano", sigue con agenda abierta. Antes concurrió como testigo el general EP (r) Eduardo Bellido Mora y recientemente la congresista y vedette Susy Díaz. Ella se bate con una defensa cerrada, que consiste en decir que sólo conoció al detenido bajo la apariencia del empresario Camilio Ferrer, disfraz que nunca pretendió develar. "El es como el cometa Halley, se aparecía y desaparecía", cuenta. Mientras tanto...

Posando sobre su cama con edredón rojo, cortinas del mismo color y un osito de peluche para atemperar el ambiente. Con escenario parecido antes de ser congresista presentó "La caperucita rota". Al frente, el hombre a quien dice haber conocido sólo como el empresario Camilo Ferrer.

SUSY Díaz estudia canto y también inglés. Ella no está preocupada por la reestructuración empresarial ni por los inocentes que purgan prisión. Menos aún le interesa relacionarse con su nuevo presidente, Víctor Joy Way, o integrar una de las renovadas comisiones del Parlamento. No, ella se ha propuesto musicalizar sus gorjeos y aprender un mínimo de inglés, el indispensable para no rompernos los oídos y lo básico para pedir correctamente una hamburguesa en Nueva York.
No digamos que a Susy le preocupen demasiado los malévolos comentarios en torno a sus recientes calificativos al tribunal que ve el caso de Demetrio Chávez Peñaherrera, "Vaticano", donde ella está comprendida. Muy suelta de huesos dice que no le pesa haberlos definido como la "Tremenda Corte", porque en verdad los encontró muy aburridos.

Tribunal que preside el magistrado Carlos Vega Flores. Fue descrito por la vedette como "la tremenda corte" y hubo quienes se erizaron.

Y es que a una mujer como la congresista los solemnes magistrados deben haberle parecido compactos como un ladrillo y más serios que un oso, en comparación con aquellos divertidos amigos de la farándula que han cruzado en su fulgurante carrera de vedette y política salerosa.
Astuta, Susy Díaz ha conseguido el respaldo de Martha Hildebrandt. "Ella ha dicho que tremenda no es mala palabra, que tremenda es algo superior y que esa corte debería estar agradecida". Cuando le recordamos que ya empieza a inquietar que en su carrera anterior hayan aparecido varios personajes vinculados al narcotráfico, su respuesta no pudo ser más sorprendente. "Cuando un empresario me contrata nunca pido sus antecedentes. Yo cumplo con actuar y punto, siempre he sido así. Creo que hasta ahora, por ejemplo, no sé quién eres tú, si trabajas en CARETAS como dices, no he comprobado tu identidad y ya te encuentras en mi cama".
Ciertamente estábamos en su cama, con nuestra libreta de apuntes y ella sentada allí, con su faldita celeste fosforescente y el gesto de mosquita muerta con vocecita de muñeca de cuerda. "Si yo estuviera vinculada a los negocios ilícitos no viviría en este minidepartamento, que con mucho esfuerzo lo compré hace muchos años en 12 mil dólares", nos cuenta.
"Recién como congresista me estoy parando y he comprado una casa en Monterrico, también con mucho color rojo, una oferta de 70 mil dólares".
Con cara de Caperucita Roja ante la boca del lobo nos repite la historia del doctor Camilo Ferrer, a quien dice que conoció por intermedio de un bailarín llamado Lázaro. "Pero lo vi (a Ferrer-Peñaherrera) en una camioneta toda vieja. Me dijo que quería contar con mis servicios, que le haga un show. Me pidió mi teléfono y así empezó mi vinculación con él. Pero no sólo a mí me visitaba, en el mundo artístico el nombre de Camilio Ferrer era conocido".

General Eduardo Bellido y Susy Díaz. A su modo, ambos son testigos de un caso que es el único verdaderamente importante en la trayectoria de Chávez Peñaherrera.

Susy dice que la historia se repitió poco después en Uchiza, casi sin ninguna variante. Para añadir detalles nos cuenta que la casa del tal Ferrer en Uchiza era muy sencilla, que no tenía luz, agua ni desagüe, como invasión reciente.
Lo que viene a continuación es un himno a la ternura. La amistad entre Susy y el doctor Ferrer se fortalece, hasta el punto que ella conoce a la mamá y a la hija de aquel en su casa de Córpac, comprometiéndose a iniciar a la heredera en el modelaje. "Hicimos una relación muy bonita", recuerda hoy la congresista, quien dice que comenzó a sentir pena por su nueva amiga, que se ponía triste por las frecuentes y prolongadas desapariciones de papá Camilo (o Demetrio para ser exactos).
La tristeza fue para la hija de Ferrer, pero la oportunidad le llegó otra vez a Susy, en la forma de una invitación del papá para una nueva "presentación artística", esta vez en su casa de Bogotá. Sin pensarlo dos veces ella tomó el pasaje y no paró hasta reencontrarse con su viejo amigo. "Yo nunca me pregunté a qué se dedicaba como empresario, pero mis otros amigos, como el señor Rosales, que murió asesinado por los terroristas, le dieron credibilidad a lo que contaba Ferrer".

Susy Diaz, con su teléfono,un singular "Taco Rojo"

Es difícil conversar tranquilamente con Susy. Sus teléfonos suenan a cada momento, el de la casa y su celular. Es asediada por periodistas peruanos y extranjeros, aunque es necesario precisar que los locales son de los diarios chicos, los escandalosos que siempre especulan con otra primera plana con ella en hilo dental.
A Susy le encanta hablar. A veces ni siquiera es necesario pactar una entrevista porque ya está contestando por teléfono un montón de preguntas A todos les cuenta una historia ligeramente distinta pero con el mismo fondo. Ella no sabía que el doctor Ferrer era Chávez Peñaherrera y nunca pregunta de dónde saca su dinero quien la contrata.
Finalmente nos cuenta que sus amigos, asesores, abogados y algunos periodistas, le han aconsejado que hable mejor y que estudie, a ella sólo le interesa ser "siempre Susy, la que eligieron pues, para qué voy a cambiar".