En otra ocasión CARETAS divulgó una grabación de conversaciones por celular del susodicho con el Ing. Fujimori y el general Hermoza Ríos en la noche del intento de contragolpe de 1992. Su timbre de voz no es como para ganarse la vida en la radio, y su actitud en esos diálogos fue de paje a capitán.
Quizás, en suma, no sea telegénico, lo que resultaría fatal para alguien con tanto cartel. La única instancia segura en la que el propio Montesinos ha dosificado su perfil en ese medio se dio en un programa de `La Revista Dominical', pero apareció a la distancia, en una penumbra bien pensada, como silencioso intelectual que lee con la cabeza gacha textos doctos.
Ese otro documento televisivo, en el que se destaca dando instrucciones a un camarógrafo escondido tras un espejo que filma al Estado Mayor del Ejército en una cena con el Presidente, pudo haber sido divulgado por él mismo, pero eso es incierto.
A Montesinos, sin embargo, no se le pueden negar determinados méritos. Fue él quien infiltró el movimiento del general Jaime Salinas y desbarató la conjura. Ese, marginando deslealtades constitucionales, es uno de sus trabajos.
Ahora, sin embargo, en la coyuntura creada por la acusación del narcotraficante Demetrio Chávez Peñaherrera, una pléyade de miembros del régimen encabezada por el propio Presidente ha salido a añadir que, estando dotado el Dr. Montesinos de los talentos del almirante Canaris, la sagacidad del inspector Poirot, el patriotismo de Cáceres y la caballerosidad de Sir Walter Raleigh, es indispensable respetar su absoluta privacidad como si fuera el padre confesor de Santo Tomás de Aquino y evitar que alguien le pregunte algo.
En 1990 CARETAS opinó que Montesinos se había convertido en el `Rasputín' del recién estrenado régimen. Por decirlo el director de la revista fue condenado a un año de prisión con libertad condicional y a pagar una reparación de diez mil dólares. En el proceso judicial participaron para inculparnos el actual ministro de Justicia y el presidente de la Corte Suprema. Así que eso de Rasputín no lo repetiremos ahora.
Pero nadie podrá negar que los poderes hipnóticos que tuvo cierto monje ruso parecen reproducirse en determinado ex capitán arequipeño.
¿De qué otra forma se puede explicar que el Presidente y su corte recluten energías y recursos no sólo para defender al aludido sino para impedir que responda como cualquier cristiano a las afirmaciones de `Vaticano'?
El propio Fujimori saca la cara frente a críticas y acusaciones, pero el Dr. Montesinos tiene la prerrogativa adicional de ignorar cuestiones muy gruesas. ¿Cómo interpretar ese fenómeno?
Los inconvenientes y peligros de su silencio son obvios. El Perú es el primer productor de coca del mundo. Se acaban de descubrir cargamentos de cocaína en un avión de la FAP y en buques de la Marina, y generales del Ejército están siendo procesados. Todo esto puede ser parte de un círculo virtuoso que demuestra que en el Perú se está sentando la caña al narcotráfico.
Ahora, sin embargo, un reo en severa cárcel militar lanza una acusación puntual contra el más destacado asesor presidencial. No está claro qué puede ganar Vaticano implicando a tan poderosa persona. Por otro lado, la carrera del Dr. Montesinos ha sido, por decir lo menos, accidentada, y en el pasado ha tenido vinculaciones profesionales con casos de narcotráfico (ver reportaje aparte).
Le conviene al aludido rechazar la "patraña" (según el juicio adelantado de la Fiscal de la Nación) de este narco "mitómano" (según Hermoza). Al gobierno le conviene que el episodio se aclare formalmente. A la justicia le corresponde actuar de oficio para deslindar responsabilidades. Al hombre público le toca rendir cuenta de sus actos ante la sociedad.
Pero todos se juntan para salvaguardar al Dr. Montesinos de todo trámite judicial, de cualquier comisión parlamentaria, y de algún atisbo de careo en el que la patraña del mitómano naufrague en el ridículo.
¿Por qué? ¿Todo en aras del presunto carisma de un "agente encubierto" que a estas alturas del partido resulta siendo otra de nuestras ficciones chicha?
¿No se entiende que este comportamiento sólo fomenta el por-qué-será de las sospechas?
¿O es que hay algo más?
Así que, ya, pues, que responda Montesinos.