El Azar y la Histeria


El Azar y la Histeria
Un accidente trágico en la víspera del Día de Arequipa, obliga, sin fanatismos, a seria reflexión en investigación.

Espectacular ascenso
al encuentro de la
momia Juanita. Derecha, emotivo
paseo cívico de
desconcertadas autoridades.

Diagrama de una de las tumbas, halladas cerca de donde se encontró a `Juanita', con el cuerpo de una niña de aproximadamente 8 años rodeada de numerosos objetos.

Escribe TERESINA MUÑOZ NAJAR
Fotos NATIONAL GEOGRAPHIC

En sólo tres días, la Blanca Ciudad, que se aprestaba a celebrar por todo lo alto su 456 aniversario, se vio envuelta en la catástrofe. Treinticinco personas perecen electrocutadas por un cable de alta tensión. El local de la PIP explota y un mayor muere. Una pasajera de Aero Continente que viajaba del Cusco rumbo a Lima, fallece en el vuelo antes de hacer escala en Arequipa. Un torero venezolano es gravemente cogido por el toro en plaza characata. ¿Fue Juanita, la doncella del Ampato, la que asombró al mundo por sus especiales características, quien lanzó la espada flamígera y vengadora? Por supuesto que no. A las puertas del tercer milenio debe comprenderse que accidentes y desastres naturales no son fruto de supercherías ni maleficios sino de la inevitabilidad y caducidad de la existencia humana. Y en el caso de la bombarda, la impericia de un artesano y la imprevisión e irresponsabilidad de los organizadores de la festividad, fueron las causas verídicas, palpables y funestas de la desgracia.

UNA interminable lista de tragedias se han sucedido en Arequipa a lo largo de los siglos. Ocasionadas por los embates de la naturaleza o por la terrenal mano del hombre. La reacción ante las primeras ha sido siempre loable, pues a punta de esfuerzo y tenacidad la ciudad se ha vuelto a levantar. Pero ¿qué ocurre cuando la desdicha la produce una inexplicable falla humana? Al parecer, es tanta la perplejidad que algunas veces, simplemente, se recurre a interpretaciones que van más allá de la razón.
No necesariamente hace falta que suceda una desgracia. Generaciones de arequipeños han crecido rogando al Altísimo que jamás florezca el naranjo de Sor Ana de los Angeles Monteagudo y que al Santo Padre de turno no se le antoje canonizarla. De lo contrario, dicen, reventará el Misti y no quedará piedra sobre piedra.
Ahora la cosa es distinta. Medio año de calamidades, una tras otra, han motivado en el sentir popular que su ocurrencia se atribuya a los influjos de la "momia Juanita". Y el lunes pasado hasta un grupo de chamanes sesionó en Arequipa tratando de pescar en río revuelto.
Nada más disparatado. El hallazgo de la "Dama del Ampato", como algunos insisten en nombrarla, constituye una de las más grandes revelaciones arqueológicas de la centuria. Y a éste se sumó la semana pasada el descubrimiento de otras dos momias e ídolos de oro en el volcán Pichu Pichu que da mayores luces al significado de esta suerte de culto y sacrificio en las alturas.
El relato sobre el rescate de la momia Juanita que hace uno de los descubridores, el antropólogo norteamericano Johan Reinhard (en el National Geographic de junio de 1996) es alucinante.
El 8 de setiembre de 1995, Reinhard, acompañado por su amigo arequipeño el andinista Miguel Zárate, con quien ya había escalado numerosos picos en los Andes peruanos, se hallaban en las alturas del volcán Ampato. Días antes, una vez más, el Sabancaya había erupcionado y los expedicionarios querían ver, desde ahí, los estragos provocados.
De pronto, cuando Reinhard tomaba notas distraídamente, escuchó el silbido de asombro de Zárate quien, ante lo que sus ojos veían, sólo atinó a elevar por los aires su hacha para cortar hielo. El antropólogo corrió a su lado y los dos contemplaron lo increíble: un pequeño abanico de plumas rojas de papagayo, evidentemente de la cultura inca, sobresalían de un montículo.
Era nada menos que una momia petrificada. Como ya se sabe, el calor originado por el Sabancaya causó deshielos en los volcanes circundantes y la tumba de la momia se había movido. Tratar de sacarla fue toda una odisea. La cara de Juanita estaba expuesta, se había secado y la piel parecía cuero rugoso. Esto hacía pensar que el resto del cuerpo se encontraría deshidratado. Error. Una vez que Reinhard y Zárate la libraron del pedestal de hielo que la atrapaba y la pudieron cargar, calcularon que sobre sobre sus hombros sostenían un peso de aproximadamente 40 kilos.
Tenían a la primera momia mujer congelada que nunca antes se había encontrado. Y la única alternativa para seguir preservándola era la de trasladarla hasta el departamento de arqueología de la Universidad Católica de Arequipa (base académica de Reinhard en el Perú) y colocarla en un refrigerador.

A la izquierda, posible reconstrucción de la momia congelada mejor conservada del mundo. Derecha, el andinista arequipeño Miguel Zárate, quien acompañó a Reinhard, fue el primero en ver a Juanita. Coincidentemente, el mismo Reinhard conforma parte de la expedición (dirigida por Antonio Chávez, decano de la facultad de Arqueología de la Universidad Católica) que la semana pasada ha encontrado dos momias más en el Pichu Pichu, a una altitud de 5,630 metros.

Bajar 450 metros (hasta el campamento de altura) con Juanita y los objetos que encontraron con ella representó una suerte de pesadilla. La montaña de hielo cubierta de cenizas y gravilla del Sabancaya les impedía moverse con seguridad. Miguel Zárate optó por cortar el hielo con su hacha para construir escaleras y facilitar la bajada, pero el peso y el cansancio les obligó a dejar a la momia, refugiarse en un sitio adecuado y esperar que culmine la noche para volver a recogerla. Aún les faltaba descender 6,000 metros para llegar al pie del volcán.
A la mañana siguiente regresaron por la momia y, alrededor de las 4.30 de la tarde llegaron al campamento base (4,900 m. alt.) donde Henry Huamaní, el arriero, los esperaba. Aproximadamente a los 4,600 metros se detuvieron para descansar. Recién al día siguiente, colocaron a la momia (bien protegida en las bolsas de dormir) sobre el burro. Fue en ese momento que Henry Huamaní tapó con una cinta los ojos del animal. "¿Por qué lo haces?", le preguntó Reinhard. Henry contestó solemnemente: "Porque puede encabritarse si sabe que va a cargar un cuerpo muerto".
El hecho es que 64 horas después de haber iniciado el descenso, según el relato de Reinhard, Juanita pudo descansar en una refrigeradora de la Universidad Católica. Allí fue depositada por Miguel Zárate. Es entonces que la noticia da la vuelta al mundo. Konrad Splinder quien estudia en Austria al famoso "Iceman" (el Hombre de las Nieves que se halló en la frontera de Austria e Italia en 1991), llegó hasta Arequipa y dijo que el descubrimiento era de trascendental importancia y que Juanita estaba, inclusive, mejor preservada que el "Iceman".

Radiografía del cráneo y del brazo de Juanita. En este último se puede observar el músculo. Abajo, la especialista peruana, Sonia Guillén, examina el cabello de la momia.

Se trata, además, de la primera momia mujer congelada inca que se ha encontrado en la historia y, probablemente, su cuerpo sea el mejor preservado de todos los que se han hallado en América y que datan de tiempos precolombinos. Por otro lado, nunca hasta ahora, se había descubierto una momia en un nevado tan próximo al corazón del Imperio Incaico. Los anteriores hallazgos se ubican en Cerro de Plomo en Chile, en el Aconcagua en Argentina y en el Cerro El Toro (entre Chile y Argentina) y corresponden a momias de miles de años de antigüedad congeladas y deshidratadas.
Juanita (que no pasaba de los 13 años), no muestra signos de una muerte violenta. No fue estrangulada ni tiene el cráneo roto como ocurría con muchos de los sacrificados en la época incaica. La niña, en opinión de Reinhard, habría nacido en el Cusco ya que el manto y vestido con que fue envuelta son característicos de la zona. Así como los múltiples objetos (cerámica y utensilios) que la acompañaban. Otra posibilidad es que haya vivido en los alrededores del Cañón del Colca. Tal vez, -especula el científico- en Cabanaconde, justamente donde él y Miguel Zárate iniciaron su aventura.
Naturalmente, para cumplir con el rito del sacrificio la doncella fue conducida al nevado arequipeño. Se entregó al Apu y en su cima, quien sabe por exposición, murió. Las otras dos momias que luego se encontraron cerca de Juanita, también son de niños y tal como cuenta Reinhard, todo parece indicar que un rayo fulminante, en cierto momento, los calcinó.
Actualmente, por los estudios que se realizan en Estados Unidos, se abre una serie de posibilidades -dice Reinhard- para los antropólogos, patólogos, microbiólogos, parasitólogos, bioquímicos, ginecólogos, especialistas en textilería y cerámica inca y hasta ornitólogos quienes investigarían el tocado de plumas (aparentemente de papagayo) de la momia. Y, definitivamente, los resultados de la prueba de ADN, proporcionarán una rigurosa respuesta científica de la, hasta ahora, misteriosa vida y milagros de Juanita.
Finalmente, esta momia, encontrada por azar, brindará un conocimiento mayor de una de las civilizaciones más grandiosas de la historia. Y punto.