CHINA TE CUENTA QUE...


Pucha, Ahora Sólo
Queda la Familia
Escribe
LORENA
TUDELA LOVEDAY
BUENO, qué quieres que te diga, o sea, el horno no está para bollos así que vamos a hablar claro, ¿ya?: que Torres salga por aquí y por allá a decir que al Chino Feo lo deben reelegir cuantas veces quiera Su Serenísima Eminencia Macaco I, es asunto que queda entre gente fea y que lo aprovechen que para eso les pagan. Más aún si viene de ese señor, hija, que te juro, o sea, yo lo veo y no sé por qué me acuerdo tanto de esos budines de panadería que había antes, hija, que de chiquita sólo pensar en morder trancaculo de semejante bodoquería, o sea, me mandaba a la Clínica Americana una semana en shock.
Igual, que sea la señorita esa que nunca me acuerdo cómo se llama y que, pucha, cobra su sueldo por colgarse una medalla al pescuezo y poner la carota (como si valiera la pena) en cuanto accidente, catástrofe, crimen o estafa se produce en este país de zarzuela; o sea, que sea ella la primerita en salir a defender a don Vlad con el argumento de que `Vaticano' es un maleante (ay hijita, ya pues, que entre bomberos no se van a venir a pisar la manguera), pucha, me resulta a mí, o sea, tan o más ajeno que si me contaras que la Porfiria (que es la hermana de mi cocinera y que, o sea, viene, dos veces a la semana a la casa a limpiarme el gym), o sea, se peleó con su cuñada porque ésta le metió un chisme a la tía de su suegra allá en Morropón por un lío de tierras, ¿no te parece?
Y nada te cuento, o sea, de lo poco que me pueda importar que por ejemplo, o sea, un ex ministro de Educación que ahora es congresista y que, o sea, por una de esas casualidades de la vida ...OHHH...!!! resultó que había sido el dueño de la más grande de las academias pre-universitarias de nuestra mamarrachenta historia, pucha, haya tramitado con premura de pedo loco una ley que, o sea, saca de en medio a la competencia de su negocio, y todo con el coro de los oficialistas que le hacen echa, dale, toma, pucha, a todo lo que tiene que ver con sus chapuceros asuntos de gente horrible.
Me parece, o sea, que todo ésto, pucha, cae dentro del comportamiento habitual de la indiada chichera y por eso, o sea, no me llama la atención y siento, o sea, igualito a cuando estoy en una preferencial y por la bocacalle mete hasta la mitad de su berrinchoso carro de cholo, un cholo frenético con cara de cholo, pezuña de cholo, mentalidad de cholo, nariz de cholo, escuchando su música de cholo en medio de su infeliz vida de cholo y yo me digo a mí misma, ¿vale la pena que yo me arrugue el vértice de ojos tan bonitos como los que tengo, o sea, maldiciendo a este cholo puyudo sin modales, noción de respeto ni clase, que me ha hecho sobreparar el auto porque en su esquema de cholo, o sea, si no se ganaba alguito en este momento y sin postergación, o sea, quedaba como cholo para el resto de su vida? No, Lorena, me terminé diciendo, esto hay que verlo de otra manera si no, o sea, vas a tener que ir donde Pitanguy antes de lo previsto.
Así que me he dedicado a ver todo esto como si en lugar de estar en el Perú año 1996, o sea, estuviéramos en París de fines del XVIII, pucha, o sea, cuando la indiada (que será rubia y hablará francés pero es indiada al fin), pucha, se dedicaba en las calles a hacerse el uno, el dos y el tres con el cuento de que eso era la Revolución mientras la gente de verdad se puso a pensar en lo único que vale la pena, hija, cuando la amenaza de afuera te quita el sueño: la unión de la familia, y en eso estoy, porque tengo verdaderamente una espina en el corazón, y es el primo Francisco metido en todo esto.
Ya Freud había escrito una vez, hija, que en toda familia, aun en la más civilizada, pucha, el narcisismo de las pequeñas diferencias, o sea, arroja a uno de sus integrantes a la identificación primaria con la horda primitiva, y pienso que es eso lo que le ha pasado al primo Francisco, porque no creo que sea por el sueldo que haga lo que está haciendo, ¿no te parece? Tanto que el otro día no me aguanté y lo llamé a decirle que si tenía problemas de plata que, o sea, en ese caso yo lo podía ayudar pero que please, o sea, se callara la boca y el muy muy, o sea, cuando se dio cuenta de por dónde iba mi oferta de ayuda, o sea, me hizo la clásica de empezar a producir ruidos con la boca y a gritar, ¡China, China, se corta la comunicación, estos teléfonos están cada día peor...!, y adiós, a mí, que me he pasado la vida tratando pacientes sicóticos y sobre todo, o sea, sorteando en el camino las piedras de la estupidez humana, no pues, hija, qué falta de sentido de la realidad.
De manera que, pucha, o sea, de hoy en adelante mi cruzada ya no va a ser la democracia porque me he dado cuenta de que eso en este país es darle alfajores a las vacas; no, pucha, todos mis esfuerzos van a ir hacia la recuperación del primo Francisco, y empiezo desde acá a mandarle un mensaje, ya que no me quiere contestar el teléfono: Primo, estás a tiempo, no te sigas metiendo con esa gente, acuérdate de cómo se agarraban a cuchillazos en el callejón ese que había a la vuelta de la casa de la tía María Mercedes... ¿quiéres terminar así? Y contigo, chau, chau. (Rafo León).