
Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
El Intocable
NO existe en la historia contemporánea del Perú un caso como el de Vladimiro Montesinos. La acusación de Vaticano, corroborada por otros testigos en los últimos días, confirma las sospechas que muchos tenían desde hace años sobre las actividades del hombre fuerte del Servicio de Inteligencia Nacional.
No se puede decir, pues, que se trate de una información que cause grandes sorpresas.
La obstinación del gobierno no sólo en defenderlo, sino en impedir a como dé lugar cualquier posibilidad de investigación, no hace sino reforzar las dudas.
Porque no se trata sólo de las declaraciones de las más altas autoridades gubernamentales en favor del ex capitán, sino de la descarada manipulación de las instituciones que podrían y deberían emprender una indagación sobre la acusación de Vaticano.
El oficialismo ha rechazado la formación de una Comisión en el Congreso con el pretexto de que es el Poder Judicial el que debe investigar. Entretanto, el Tribunal que juzga a Vaticano ya rechazó el pedido para citar a Montesinos, luego de que la fiscal de la Nación asumiera públicamente la defensa del asesor presidencial.
En suma, ni el Congreso, ni el Poder Judicial ni la Fiscalía parecen dispuestos a investigar.
El hecho de que la autoridad moral y la credibilidad de los escuderos de Montesinos sea tan baja como la del mismo acusado, no impide que usen el poder que todavía detentan. Por ejemplo, la congresista Martha Chávez, que hizo una terca defensa del asesor el domingo pasado en La Revista Dominical, es la misma que sustentó en junio de 1993 el dictamen Siura-Freundt, afirmando que los estudiantes de La Cantuta se habían autosecuestrado para incorporarse al terrorismo, negando enfáticamente que algún militar hubiera participado en el operativo.
A los pocos días se hallaron los restos de los secuestrados y poco después se demostró que los asesinos eran militares en actividad y que todos trabajaban para el Servicio de Inteligencia. No obstante, el hombre fuerte, al que ahora sus defensores atribuyen todas las supuestas virtudes y éxitos del SIN, fue excluido del proceso, al igual que ahora.
El poder de Montesinos es, pues, inmenso. Es una pieza clave del régimen autoritario existente en el país. El convenció a Alberto Fujimori para aliarse con los militares y dar el golpe del 5 de abril. Ha convertido al SIN en los ojos y oídos del gobierno, además de un aparato político que sustituye al partido que Fujimori nunca tuvo, y un instrumento de control sobre las FF.AA.
En pocas palabras, Montesinos es irremplazable en el entorno del Presidente. Sin él es muy difícil que Fujimori pueda perpetuarse en el gobierno, como pretende. Incluso podría ponerse en duda que llegue al 2000.
No se conoce a otra persona que pueda ocupar ese lugar y que reúna las características del asesor: inescrupulosidad a toda prueba, habilidad para captar las ideas de los demás y ponerlas en práctica, conocimiento de la mentalidad militar y judicial, capacidad ejecutiva y de trabajo.
Sin embargo, paralelamente a las demostraciones de poder de Montesinos, aparecen otros hechos que indicarían que sus adversarios dentro del régimen le están cobrando cuentas atrasadas y buscarían deshacerse de él.
Un indicio es que algunos medios de comunicación, con firmes vínculos con alguna institución militar o un sector del gobierno, y que durante mucho tiempo han demostrado fidelidad al régimen, de pronto se sumen a las denuncias e investigaciones de la prensa independiente.
Si esos medios se atreven a manosear al asesor, significa que están perdiendo el miedo a sus represalias. Lo cual implica que se sienten respaldados por alguien que también tiene poder.
El intocable está dejando de serlo.
Conforme pasan los días, las presiones sobre Montesinos crecen en intensidad. Si llegara a caer, el triángulo en el poder -Fujimori, Montesinos, Hermoza- se desequilibraría y entraríamos a una nueva situación política.