Controversias


Un Mapa del Poder

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

QUIZAS la consecuencia más importante del escándalo provocado por la denuncia de Vaticano, ha sido la de revelar algunas de las características de los poderes que realmente gobiernan el Perú. El presidente Alberto Fujimori, por ejemplo, mencionó elogiosamente hasta en tres oportunidades al general Nicolás de Bari Hermoza, sin que Guido Lombardi se lo preguntara, el domingo pasado en Panorama.
¿Por qué lo hizo? Fujimori estaría tratando de consolidar al presidente del Comando Conjunto, amenazado por la oleada de compañeros de promoción de Vladimiro Montesinos, y fortalecer sus vínculos con él.
El asunto es que Montesinos preparó el terreno para que Hermoza accediera a la Comandancia General del Ejército en 1991. Hermoza era un general no muy brillante y con algunos asuntos poco claros en su pasado. Era él un hombre manejable, adecuado para los propósitos del hombre fuerte del SIN, que avanzaba en el control de las FF.AA. y ultimaba los detalles para el golpe de Estado.
Todo funcionó a la perfección, salvo que Hermoza empezó a colocar en puestos claves a oficiales que le eran adictos personalmente, al tiempo que sacaba del camino a los que podían hacerle sombra, creando una base propia de poder. El dúo Fujimori-Montesinos se convirtió en triunvirato con la incorporación de Hermoza.
Aunque con altibajos, Montesinos ha ido incrementando su poder en estos años. Si llegara a tomar el control directo del Ejército a través de sus adictos compañeros de promoción, desplazando al longevo general Hermoza, la situación de Fujimori sería más bien precaria. Si bien está fuera de duda que sigue siendo necesario para mantener el gobierno autoritario con apariencia democrática, lo cierto es que correría el peligro de empezar a parecerse a Bordaberry o a alguno de los civiles que Manuel Antonio Noriega ponía y quitaba en Panamá.
Esa sería la explicación de por qué Fujimori ha aprovechado la situación creada por Vaticano -o inducida por los adversarios de Montesinos, según los mal pensados-, para restarle algo de poder al asesor y fortalecer un poco a Hermoza.
El toque de Fujimori empujando a Montesinos hacia la luz pública, es parte del mismo propósito de disminuir su poder, destruyendo en parte el mito de la invisibilidad, exponiéndolo a las críticas y -quizás- al ridículo.
Porque a Fujimori le conviene mantener el triángulo más o menos equilibrado y evitar que el hombre fuerte del SIN concentre dos tercios del poder, si llega a copar el vértice del Ejército.
El problema para Fujimori reside en que él no maneja los hilos en el Ejército y difícilmente puede constituir un grupo que responda directamente a su voluntad. Necesita pues, de un aliado como Hermoza.
El general, por su parte, aprovecha esta situación para tratar de perpetuarse en el mando, y resistir las crecientes presiones de abajo que pugnan por una renovación en la cúpula.
Vladimiro Montesinos, entre tanto, ha extendido sus tentáculos al cogollo del Ejecutivo, y tiene ahora una sólida alianza con dos ministros claves, Jaime Yoshiyama y Jorge Camet. Además, como se sabe, ejerce una decisiva influencia sobre el Poder Judicial, la Fiscalía y la Policía Nacional.
A lo anterior se suman las rencillas entre los institutos armados. La Marina y la Fuerza Aérea están cada vez más mortificadas con el dominio absoluto que tiene el Ejército sobre el ministerio de Defensa (MD), que se manifiesta, entre otras cosas, en las preferencias presupuestales. Desde su creación, en 1987, el MD ha estado en manos de un general del Ejército. Y desde 1992 la presidencia del Comando Conjunto, que antes era rotativa, ha corrido la misma suerte. Eso ya es demasiado, creen oficiales FAP y AP.
Lo peor es que no hay visos de cambio. La derrota ante Ecuador el año pasado, reavivó las demandas presupuestales de las distintas armas y las presiones para efectuar transformaciones en los institutos.
La publicación de un informe de inteligencia de la Marina que involucra al Ejército en operaciones de narcotráfico, es parte de esta pugna no tan sorda. De esa manera los verdes quedan tan manchados como los azules -del avión presidencial-, los blancos de los buques cargueros y el SIN jefaturado por el -negado- asesor presidencial. Están empatados.
No hay que perder de vista, sin embargo, que el triunvirato sigue existiendo, que los tres se necesitan mutuamente y que todos quieren perpetuarse en el poder. Eso es lo que los une.
Lo nuevo es que las pugnas entre ellos -que han existido antes- alcancen el nivel que han tomado ahora. Tal vez en algún momento se descontrolen.