Benedicto El Policía que Capturó a Guzmán


Benedicto El Policía que Capturó a Guzmán
Desconocido hasta ahora -es la primera vez que se publica su fotografía-, el coronel Benedicto Jiménez Baca fue el artífice de la captura de Abimael Guzmán, como jefe del Grupo Especial de Inteligencia de la Dincote. Pisqueño, de madre griega, Placa de Oro -equivalente a Espada de Honor- de su promoción de la antigua Policía de Investigaciones del Perú, PIP, Jiménez fue el único policía admitido en la exigente Escuela de Comandos del Ejército, donde culminó exitosamente el curso.
Desde 1981, apenas iniciado el brote subversivo, Jiménez trabajó en la Dinpa, predecesora de la Dincote. En el curso de esos años, tuvo que enfrentarse no sólo con los terroristas sino también con la desidia, apatía y rencillas que carcomían las instituciones encargadas de combatir la subversión. A pesar de lo cual, supo impulsar la organización del Gein, grupo que finalmente obtendría la mayor victoria de la lucha antisubversiva.
Hoy día, cuatro años después, diversas circunstancias han decidido al coronel Jiménez -que desde hace más de año y medio está como agregado policial en Panamá-, a publicar extractos de un libro que tiene como título provisional "La Captura de Gonzalo". CARETAS publica en exclusiva, algunos extractos del libro de más de 300 páginas.

Escribe Coronel PNP BENEDICTO JIMENEZ GRAN parte de la narrativa contiene reflexiones sobre varios aspectos de mi vida y el trabajo que me tocó desempeñar, primero como jefe del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) y luego como jefe operativo de la División de Inteligencia Número Uno, organización que planificó, desarrolló y ejecutó el Plan de Operaciones de Inteligencia Victoria, que culminó con la captura de Abigur, Abimael Guzmán Reinoso y otros conspicuos dirigentes de la cúpula de SL.
Después del 12 de setiembre de 1992 el Perú ya no es el mismo. Ese día se abrió una profunda brecha en la historia. Este acontecimiento hizo cambiar la actitud mental de todo el pueblo peruano.
Es también evidente, que muchas veces los efectos no guardan proporción con la generosidad que motivó este hecho y menos aún cuando el país no estaba preparado para una captura de tal magnitud. Si bien es cierto en un comienzo despertó admiración y un sincero reconocimiento por parte de algunos, en otros especialmente de mi institución policial, se despertó celos, envidias, odios y malignidad, factores entre otros, que motivaron el alejamiento de la unidad que me vio nacer, desde 1981, como oficial de Policía especializada en la lucha contra el terrorismo, así como ser testigo impotente de una tendenciosa disgregación y maltrato sistemático de los integrantes del GEIN.

"El Cachetón" en la Dincote.

Muchos de los que integraron el Gein fueron cambiados a distintas unidades policiales con la secreta intención de que no quede vestigios de que alguna vez existió un grupo que se atrevió a "escalar las alturas" capturando al líder senderista sin disparar un solo tiro, basados en el principio estratégico de vencer sin luchar y cometiendo uno de los más grandes pecados que en el Perú no se perdona: "No comunicar arriba para que se monte el espectáculo político".
A principios del año 1990, poco o nada se conocía de las organizaciones terroristas que venían actuando en nuestro país y los que, por sus propios esfuerzos, creían conocerlos se fueron de la institución policial guardando celosamente sus secretos, mencionando con sorna y egoísmo lo siguiente: "si quieren celeste, que les cueste".
Esa situación hizo mucho daño a la Dirección Nacional Contra el Terrorismo, una organización de élite de la Policía Nacional del Perú, creada como División Policial Antisubversiva (DINPA), en 1981, con los mejores dectectives de la ex Policía de Investigaciones del Perú. Hubo un retraso temporal de la lucha contra el terrorismo.
SL, hasta ese momento (enero de 1990), sólo había sido atacado desde el punto de vista militar. Desde la creación de la Dincote, se habían hecho importantes capturas de mandos militares y alguno que otro mando político, pero todos componentes del aparato militar o destacamentos y milicias. Si bien es cierto se incautaron armas y explosivos, no se llegó a golpear con contundencia el aparato político, el partido.
Las cabezas, los cerebros de las organizaciones terroristas, seguían intactas.
Los años 1990, 1991 y 1992 fueron los más importantes y de mayores resultados en la lucha contra el terrorismo -medidos en eficacia y eficiencia-. Eso constituye ahora una de las áreas (contrasubversión) por la cual el gobierno del Presidente Fujimori recibe un apoyo mayoritario de la población.
Asimismo, sin temor a equivocarme, puedo afirmar que el comienzo del fin de Sendero Luminoso empezó a partir de la operación de inteligencia llamada Isa, que el Gein ejecutó el 1 de junio de 1990, después de tres meses de Ovise.
Cuando culmina esta operación, nos trazamos el objetivo de capturar al líder senderista. Isa nos permitió deducir que Abimael Guzmán vivía en Lima y nos brindó valiosa información sobre los Aparatos Centrales, estructura y quienes estaban dirigiendo estos importantes aparatos que dependían directamente de la Dirección Central.
Con la anterior aseveración, no pretendo restarle importancia a los años precedentes en la lucha contra el terrorismo de la Dincote, de 1981 a 1989. En estos años se acumuló una valiosa experiencia en cuanto al conocimiento del enemigo.
En este país de "deliciosas jactancias" y "pueriles vanidades", quiero dejar constancia que el apresamiento de Abimael Guzmán y parte de la cúpula senderista no fue producto del azar ni la casualidad, ni tampoco obedeció a la "centralización y unificación de la comunidad de inteligencia que condujo al apresamiento del líder y sus seguidores mas cercanos" ni su captura "es consecuencia del perfeccionamiento del Sistema de Inteligencia", tal como pretende deducir el Gral. Edgardo Mercado Jarrín en su libro Perú: Perspectivas Geopolíticas.
También me preocupa y no deja de inquietarme cuando la historia se pretende reducir a "pequeñas biografías", a la descripción de un personaje aislado, por muy notable que haya sido, y se oculta ex profeso la historia de un grupo, de un conjunto de hombres y mujeres.
El arresto del líder senderista obedeció a una rigurosa planificación de tres años de trabajo, desde el 5 de marzo de 1990, fecha en que se creó el Gein y se empezó a elaborar y aplicar la teoría de inteligencia policial operativa.

Coronel Marco Miyashiro, "el Químico", yunta de Benedicto y hombre clave del Gein. Derecha, presentes de las bases al "Presidente Gonzalo" en museo del Gein.

LA CUBIERTA PERFECTA

Entre el 1 y 2 de setiembre se observó ingresar al Castillo (nombre clave que daban a la vivienda de Maritza Garrido Lecca) a varias mujeres que luego se determina estaban ligadas al jet-set limeño. Eran bailarinas de danza moderna y amigas de la "Lola" (Maritza). A las mujeres se les colocó apelativos: "Blanca Nieves", "Tongolele", "Petunia", "La Gringa", "La Niña". En algunas oportunidades ingresaban y salían mujeres con sus hijos.
Me pregunté ¿podía estar viviendo "el Cachetón" (Abimael Guzmán) en un lugar donde ingresaban mujeres con niños? Este detalle rompía la lógica y me hizo dudar. Estas dudas las comenté con mis dos delfines, los tenientes Bonilla y Gil. Los dos se dedicaban a realizar el análisis operativo y dependían directamente de la jefatura. No lograron convencerme. Al final ordené que se retirara la vigilancia del Castillo por algunos días, mientras se evaluaba la operación. Con el Zorro (Zenón Vargas, el coordinador de SL) se debería continuar.
A mediados de julio de 1992 el teniente Gil trató de convencerme para que se prosiga la vigilancia. El azuzaba al teniente Bonilla para que lo ayude. Gil es un joven oficial contradictorio, inteligente, astuto, brillante y con actitud de "generalito". Tenía una habilidad especial para el interrogatorio de inteligencia, pero en ciertas ocasiones era indolente y despreocupado. Para motivarlo lo llamaba cariñosamente "hijo".
El teniente Bonilla era serio, culto, estudioso, responsable y callado. Gil hablaba por los dos.
Gil y Bonilla insistían todos los días para retomar la vigilancia del Castillo. Después me enteré que habían coordinado con un equipo de vigilancia a cargo del teniente Tiburcio "Calcio" para que permanezca en el servicio de observación fija en el Castillo, sin interrupción, evitando realizar seguimientos.
Al César lo que es del César. Un gran mérito para mis dos delfines que siempre se mostraron perseverantes y obstinados.

PEQUEÑOS DETALLES

El 5 de setiembre, Fósforo, uno de los agentes del puesto de observación fija, se había dado cuenta de un detalle, cuando miraba con binoculares el Castillo: Maritza Garrido, cada tres días, entre 8.10 y 8.30 a.m. se asomaba a una de las ventanas del segundo piso (lado izquierdo), miraba a ambos lados de la calle y luego procedía a sacudir las sábanas y las colchas de la habitación.
Esto evidenciaba que en esa habitación dormía con su marido. Pero lo que llamaba la atención era que nunca se vio asomarse a Carlos Incháustegui por esa ventana. Se suponía que eran esposos y verlo acercarse a la ventana sería lo más normal.

Teniente General Antonio Ketín Vidal, "Aguila 10" en la clave de la Dincote. Garantizó el respeto de los derechos humanos de "Gonzalo" y sus lugartenientes. Resistió a pie firme el intento del Servicio de Inteligencia, a través del coronel EP Alberto Pinto Cárdenas, de llevarse a Abimael Guzmán de la Dincote la noche del 12 de setiembre. Luego, rechazó la recompensa monetaria que le correspondía. Aceptó que le pusieran a Guzmán el número 1509, conmemorando el aniversario de la antigua PIP, el 15 de setiembre. Por todo eso lo cambiaron de la dirección de la Dincote en diciembre de ese año, al tiempo que trasladaban a Benedicto Jiménez, Marco Miyashiro y muchos otros oficiales, desarticulando el equipo que capturó a Guzmán.

"ALEA JACTA EST"

Estaba en plenas cavilaciones cuando me fijé en la hora: 2.30 de la tarde del 12 de setiembre. Fuera del Museo del Gein se había armado un alboroto. El Zorro había sido intervenido cuando estaba caminando a cinco cuadras de su casa. Sin perder un minuto, lo habían traído a la Fortaleza (el Gein). El jefe del equipo de la detención subió a la oficina a avisarme que ya tenía al Zorro.
Mientras disponía los siguientes pasos a seguir, que tenían que ver con el registro domiciliario en la casa del Zorro, hizo su ingreso a la Jefatura del Gein Aguila 10, clave con la que se conocía al general Vidal. Era más que seguro que el "chino" Alva le había avisado del comienzo de la operación y de la detención del Zorro.
Esta situación le molestó sobremanera y no supo ocultar su enojo. Su mal humor nos dejó perplejos e intrigados a "Químico" (Marco Miyashiro), "Ingeniero" (Valencia) -comandantes PNP- y a mí, quienes en esos momentos nos encontrábamos en la oficina intercambiando ideas sobre el siguiente paso de la operación.
Todos quedaron sorprendidos con la actitud de Aguila 10, toda vez que no era muy habitual en él exasperarse. Y creo que su exasperación llegó al paroxismo cuando le dije: "mi general, he tomado ya la decisión de golpear y por mis actos respondo al final, ahora necesito tranquilidad para pensar en el siguiente paso". Amenazó con sancionar al que había tomado la decisión sin consultarle y que si salían mal las cosas "alguna cabeza iba a rodar y no era la suya". Me toqué el cuello, presintiendo a qué cabeza se refería. Hubo un silencio luego de su partida. Había escuchado la amenaza también el mayor Fernández, el jefe de análisis. Salió disparado.

"El Castillo", la casa donde se refugiaba Guzmán, en un barrio de clase media.

Esa misma mañana, Aguila 10 les había dicho a dos de sus asesores norteamericanos que la operación Victoria estaba verde y que debía esperarse por lo menos quince días para golpear. Era evidente que la decisión adoptada sin consultarle le sacaba de sus casillas. Después de lanzar amenazas a diestra y siniestra se retiró de la oficina, echando humo.
"Total -pensé- las relaciones no estaban bien y hace varios días se habían cortado las comunicaciones entre nosotros. Recordaba que en los primeros días del mes, cuando bajé a su despacho, me recibió con un tono despectivo: "de seguro has venido a recibir el dinero y no informas nada de lo que están haciendo." Se refería al dinero para el pago de los viáticos y otros gastos de la logística que proporcionaban los gringos de la Embajada norteamericana. Me reconfortaba pensando que no era la primera vez que había tomado ese tipo de decisiones descabelladas donde uno se juega el todo por el todo.
Casi siempre, en las operaciones de inteligencia anteriores, la decisión había salido de la jefatura del Gein. Esta es la manera como se podía contar con la sorpresa y la oportunidad a nuestro favor.
"Alea jacta est" les dije a Miyashiro y a Valencia, quienes habían vuelto a ingresar después de retirarse cuando escucharon la amenaza de Aguila 10. Al igual que yo, todavía no se sacudían de la sorpresa de la escena anterior.
"Debemos proseguir, no queda otra cosa", comenté. Después veremos. Por ahora interesa el resultado del registro de la casa del Zorro. Lo siguiente es la intervención a la casa de Los Sauces. A las 3.15 de la tarde se hizo presente el fiscal de turno. Con el detenido se constituyeron a la casa e ingresaron. Encontraron en la sala a dos sujetos que miraban por TV el clásico U-Alianza. Una mujer limpiaba la cocina.
En el dormitorio se incautó una caja de cartón que iba a enviarse al día siguiente a Trujillo. Contenía una pistola ametralladora Star y dos revólveres.
Pero lo que más llamó la atención fue el hallazgo de dos botellas de whisky Chivas que le regalaba el Comité Zonal de Trujillo al Presidente Gonzalo. Esto nos demostró que íbamos en el camino correcto.

Botellas de vino de Guzmán que fueron descorchadas por el Gein luego de la captura.

Cuando estábamos viendo el casette de la filmación de lo hallado en el departamento de Balconcillo con Químico, Ingeniero y el jefe de análisis, ingresó nuevamente Aguila 10. Esta vez estaba más calmado. Era evidente que el "chino" Alva seguía manteniéndolo informado del desarrollo de la operación. Cogió una silla y se sentó en el extremo izquierdo de mi escritorio. En silencio, haciendo un gran esfuerzo por dominarse y con una evidente ansiedad, se puso a observar la filmación mientras hojeaba el álbum del caso Victoria. Eran las 4 de la tarde. No decía nada. Juzgué prudente no exacerbarlo con ningún comentario que despertara su mal humor.
-Bueno Benedicto ¿qué hay de nuevo? ¿Cómo va la operación?, dijo tratando de esbozar una sonrisa.
Desde ese momento no se movió de la silla. Observaba con atención las imágenes del video de lo incautado en la casa del Zorro. Algo olfateaba. Le puse al corriente de la situación.
A las 5.20 de la tarde, el agente que estaba en el puesto de observación del Castillo, comunicó por la radio que habían ingresado un hombre y una mujer. Miyashiro y Valencia se constituyeron al lugar para manejar la situación.
La orden que se les había dado era que "apenas salga la pareja o alguien abra la puerta, ingresen a la casa".
El Ingeniero dispuso que Ardilla y Gaviota se acercaran a la tienda que está al costado de la casa, para realizar la cubierta de enamorados. En realidad, no necesitaban disimular porque eran novios.
"¿Cómo vamos a tomar gaseosas si no tenemos dinero?", preguntó Gaviota por la radio al Ingeniero. Esta broma alteró al Ingeniero. Se escuchó risas. Sirvió para romper la tensión.
No era para menos. Cuando se va a incursionar policialmente en una casa, nunca se sabe qué puede pasar. Siempre se había pensado que Gonzalo era protegido por una "guardia roja" que estaba dispuesta a dar la vida por su líder. "Podría ser que la guardia roja esté camuflada en los techos", pensaban los que estaban alredor de la casa.
A las 8.45 de la noche, Ardilla y Gaviota escucharon el golpe metálico de la puerta que se abría. Sintieron que una corriente eléctrica les sacudía de la cabeza a los pies. Ardilla, un joven alférez con un año de egresado de la Escuela de Oficiales, intercambió miradas con Gaviota y le dijo "Ahora es, prepárate". Momentos decisivos. Los demás esperaban a cuadra y media del lugar.
Cuando se abrió la puerta del Castillo, los primeros en atravesar el umbral fueron Celso Garrido Lecca -tío de Maritza-, con su novia, la bailarina Patricia Awapara. Detrás de ellos salieron Maritza y Carlos. Se estaban despidiendo cuando vieron que desde la tienda se acercaba una pareja que los apunta con sus revólveres y les dicen que son policías, que no hagan ningún movimiento.
Los primeros segundos fueron de una sorpresa brutal. El primero en reaccionar fue Carlos Incháustegui. Se abalanzó a Ardilla que lo apuntaba con un arma, con la intención de quitársela. Gaviota hizo un disparo hacia arriba. El sonido del disparo paralizó a "Lolo". Maritza empezó a gritar para llamar la atención: ¡Qué pasa! ¡Qué buscan ustedes! La actitud decidida de Gaviota hizo que ingresaran a la casa. Los colocaron con las manos en el techo del auto.
Ardilla, al ver que los agentes que estaban alrededor de la casa demoraban en acercarse, optó por dirigirse al segundo piso. Tenía la orden de ganar el segundo piso, que era donde podía estar el líder. Cuando subía a trancos la escalera, observó que había una puerta corrediza, de triplay, que impedía el acceso. Una mujer vestida de negro miraba asustada a través de la puerta semiabierta. Al verlo, la cerró con fuerza. Ardilla se abalanzó sobre la puerta y sintió que cedía ante su peso, cayendo hacia atrás con el armazón de madera. Al levantarse, siguió a la desconocida que ingresaba a un ambiente a la derecha.
Al entrar con el arma en la mano, un sujeto que estaba sentado en un sillón se paró rápidamente y lo quedó mirando. En su rostro se reflejaba la sorpresa y el temor. Era Abimael Guzmán. A su costado, tres mujeres que lo protegían con sus cuerpos. El miedo asomaba en sus rostros. En esos momentos, sintió que los otros agentes ingresaban a la casa.

"AQUI ESTA EL CACHETON"

Por la radio, Ingeniero gritaba desesperado: "¡Físico, Positivo, Físico, Positivo, Positivo, aquí está el Cachetón!". (Físico era Benedicto).
Estaba en la Fortaleza con Aguila 10, escuchamos la comunicación entrecortada de Ingeniero. No podíamos creer lo que estaba pasando. Saltamos hasta el techo de alegría. Cogí a Aguila 10 por la cintura y su frágil cuerpo voló por los aires. "¡Victoria, Victoria!" gritamos todos a coro. Nos confundimos en abrazos. El ambiente era festivo. Exclamaciones y hurras de alegría. Nos olvidamos de todo, temores, rencillas, sinsabores, amenazas. El triunfo era nuestro y del pueblo peruano.
Corrimos a coger el ascensor. Apretujados bajamos al sótano a coger los automóviles. Con Aguila 10 nos constituimos al Castillo. En 20 minutos llegamos a la casa de Los Sauces. La situación estaba controlada. Cuando ingresamos a la habitación donde se encontraba Abimael Guzmán, observé que Miriam estaba a su lado en una actitud agresiva, felina, amenazante, de protección a su amado presidente Gonzalo. Su rostro era la expresión de fanatismo.
"¡No lo toquen! ¡No se atrevan a tocar al Presidente! ¡No se atrevan!", gritaba desesperada, con los ojos desorbitados, moviendo las manos, protegiéndolo con su cuerpo y amenazando a los agentes con la punta metálica de una pequeña bandera roja. Su mirada despedía destellos de locura.
Momentos de confusión. Todos hablaban. ¿Qué extraños pensamientos se estarían cruzando por la mente de aquellas mujeres fieles, leales y sacrificadas a su Presidente y a su causa? Miraban a todos lados, estremecidas y con los labios temblorosos. Tal vez temían lo peor. Una idea fatal asaltaba sus pensamientos, iban a matarlo.
"¿Quiénes son ustedes?" preguntó María Pantoja. "De la Dincote"respondió lacónico Químico. En una esquina de la habitación, Ingeniero se cogía el pecho. Había sido demasiada emoción.
"¡Pagarás caro tu osadía -repetía Laura Zambrano- Has truncado la revolución peruana!"
El general Vidal sostuvo una conversación con Abimael Guzmán, garantizando su vida. Esto tranquilizó a Miriam. Pero el ambiente seguía siendo tenso. "¿Y si algún comando suicida pretende rescatarlo?" me susurró al oído uno de los agentes.
El general Vidal me hizo una seña con la mano izquierda para que me acerque a su lado. Tres cámaras del Gein filmaban la escena. Con un movimiento de cabeza le dije que no. Permanecí en el umbral observando cómo se desarrollaba el diálogo entre el general y Abimael Guzmán. Eran como las 9.30 de la noche.
"Mi general, le sugiero que se lleve al Cachetón y Miriam a la base para calmar un poco las aguas aquí" le sugerí. Mientras el general Vidal se retiraba a su oficina llevando a su valiosa presa, un grupo del Gein permanecimos en la casa levantando el acta y celebrando la gran hazaña del siglo, como la calificó la prensa.