CHINA TE CUENTA QUE...


Pucha
Jaime, Estarás
Siempre en mi Corazón
Escribe
LORENA
TUDELA LOVEDAY
LA semana pasada, hija, yo regresaba de hacer un viaje larguísimo, pucha, porque había estado en Seattle con una hermana de Bill Gates que me ha ofrecido hacer un deal en Lima, o sea, para ofrecer a los neuras de acá psicoterapia virtual, que es regia porque por más traumada que seas, pucha, te enchufas un modem en cada codo y a través de Internet entras a un Programa de Alegría de Vivir en 10 Sesiones (con devolución de dinero en caso de insatisfacción), y se acabaron las paltas. Por lo menos, o sea, se lo podremos ofrecer a los cholos con plata, que no tienen el inconsciente tan desarrollado y lo que necesitan, o sea, es un poco de punch para que se les pase todo y seguir trabajando.
Bueno, o sea, estaba en el vuelo de regreso de Miami a Lima (dicho sea de paso, o sea, me da vergüenza escribir la palabra Miami, pucha, debe ser porque la última vez me encontré en el aeropuerto con Siura y Larrabure); bueno, cuando volteo la cabeza y qué crees, en el asiento del costado, pasando el pasillo, un chino con cara conocida; pero no un chino regio de la China o del Japón que tú lo ves y dices, ah, éste es un inversionista y ya entendiste todo, no. Era uno de esos chinos a los cuales la national reality nos tiene ya tan acostumbrados, hija, que llevan a cien kilómetros de distancia el karma de la choliandria y sin remedio.
Pero además, o sea, tenías que haberlo visto, pucha, cómo pedía Cliqot como si fuera, pucha, ay no sé, o sea, el agua de cáscara de manzana de su infancia, no te puedes imaginar, y nada te digo, o sea, de cómo comía el foi gras: ¡abría el brioche y lo untaba dentro, pucha, como si se estuviera engullendo el tolete con Astra que estoy segura, o sea, su mami le ponía en la lonchera del colegio!
Te imaginarás, o sea, que semejante visión en la primera clase de un American, pucha, me llevó a la idea del suicidio una vez más, pero como me puse a leer unos cuentos nuevos de Kundera, se me pasó, aunque me quedó dando vueltas en la cabeza la pregunta de quién era el chino ese, que me recordaba en algo a Su Majestad Vista de Rendija I, pero con un touch de malosería todavía peor en esos ojitos que no por angostitos, o sea, pareciera que miran menos.
Claro, o sea, llego a Lima y me entero después del bolondrón que se le ha armado a El Innombrable y of course, pucha, atando cabos resulta que el tal jalado corroncho ese del foi gras como fiambre de escolar de Matute, pucha, no era otro que don Santi, hija, regresando a nuestro país para vengarse de Jaime, que como tú sabes, o sea, era de lo poco considerable (y por qué no, o sea, también cepillable) que podía lucir el régimen ante la mirada de la GCU.
Mira, hija, o sea, yo no soy de las que cree ni practica ese horroroso arte de la solemnidad pero sí, o sea, creo que a Jaime hay que hacerle un desagravio público, entre otras cosas porque pucha, o sea, creo que su peso en los últimos años ha sido decisivo, no lo sabré yo, hija, que pucha, o sea, lo pude aquilatar en múltiples oportunidades. Igual, o sea, creo que su enorme dimensión como hombre no debe olvidarse así no más, cualidad que también, o sea, yo he tenido horrores de ocasiones de ratificar y cada vez, pucha, o sea, con mayor convencimiento y entereza.
Quiero decirte, o sea, que la conmoción del momento ha hecho que mis defensas conscientes cedan un poco y de repente, o sea, me expongo a ciertos lapsus o cosas así en mi columna de hoy, pero qué carajo, hija, si de lo que se trata es de decir siempre la verdad. Por eso quiero decir públicamente que Jaime, pucha, o sea, siempre tuvo la pose que una más admiraba, esa pose de estadista indeclinable, hija, que estando arriba, abajo, de costado o en la hamaca, pucha, siempre se mantenía enhiesta y sin desmayo, porque más bien la que se andaba desmayando era yo, pucha, de la admiración, no puedes imaginarte.
Ay no sé, o sea, estoy destrozada y encima, pucha, todas las posibilidades de reemplazo a Jaime que he leído hoy domingo 8 en los periódicos, qué quieres que te diga, o sea, me dan unos retortijones que parece que hubiera venido de una chicharronada en la casa de Susy Díaz, no puedes imaginarte. Porque Absalón, en fin, o sea, yo creí francamente que había hecho in sigh y pedido su ingreso de profesor de análisis clínicos de terneras en la Agraria. O Martucha, que te lo juro, o sea, el día que el Creador nos llame a todos por lista y llegue a la B de Brujilda, pucha, o sea, se va a atropellar en la puerta con todas las convocadas de Salem, no me cabe la menor duda.
Por todo lo anterior, o sea, es que estoy pensando por fin, pucha, meterme al Foro Democrático, de paso, o sea, a ver si por fin Borea me da la dieta que lo hizo bajar como setenta kilos, hija, aunque yo sólo tengo un par de más. Pero es que así le gustaba a Jaime y me decía "mi Kam Lu Wantán", ¿te imaginas lo que ha perdido el país¡? Chau, chau