
Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
La Ultima Víctima
LA renuncia de Jaime Yoshiyama ha suscitado las más diversas interpretaciones. Lo único que nadie cree es que el poderoso ministro de la Presidencia se haya apartado por razones familiares y empresariales, que es lo que él ha dicho.
En realidad, Yoshiyama no renunció. Alberto Fujimori lo echó. Según versiones palaciegas -por tanto, interesadas-, fue porque su táctica anti-Andrade era burda y suscitaba muchos rechazos. Ese rumor es poco creíble.
La verdad es que Yoshiyama ha sido también una víctima de las pugnas que sacuden al régimen desde hace algún tiempo. Uno de los elementos de esos choques es la lucha de facciones, una de las cuales -se dice- animada por el espectral Santiago Fujimori, de vuelta otra vez en Lima. Y la otra que tiene como cabezas visibles -o invisibles- precisamente a Yoshiyama y a Vladimiro Montesinos.
Un primer desenlace ocurrió en abril de este año, cuando el Gabinete encabezado por Dante Córdova e integrado, entre otros, por Sandro Fuentes, fue destituido. Era un secreto a voces que ambos pertenecían a la facción de Santiago Fujimori. El mismo hermano del Presidente se vio obligado a alejarse del país, aunque por menos tiempo del que hubieran deseado sus adversarios.
Estos enfrentamientos, o por lo menos el nivel al que han llegado, son inéditos en el régimen autoritario.
Pero no sólo estamos ante dos grupos que se pelean por un pedazo de la torta del poder. Hay bastante más que eso.
Un importante sector de los que respaldan a Fujimori -empresarios, militares, organismos y funcionarios
extranjeros-, no escatiman elogios al Presidente, pero no están dispuestos a permitir que gobierne indefinidamente. Apoyaron la reelección pero consideran que diez años de gobierno son más que suficientes.
Ahora quieren limitar las arbitrariedades e "institucionalizar el proceso", tal como repite el diario oficialista Expreso. Coincidencia o no, por lo menos parte de aquellos que aspiran a un "fujimorismo sin Fujimori" -para usar esa gastada frase-, veían en Jaime Yoshiyama una alternativa para suceder al aspirante a emperador.
Esa ha sido, probablemente, una de las razones por las que Fujimori ha despedido abruptamente a Yoshiyama. No es casualidad que hace poco se haya aprobado, al caballazo, la nueva reelección presidencial en el Congreso.
Como bien ha dicho Javier Diez Canseco, eso no se explica porque hubiera un movimiento opositor fuerte al exterior del régimen, sino porque había gente dentro de él que no quería la perpetuación de Alberto Fujimori en el poder. De allí el apresuramiento en aprobar la inconstitucional ley interpretativa.
Todo lo anterior se vincula, por supuesto, con las zancadillas que ha sufrido el hombre fuerte del SIN Vladimiro Montesinos, cuyo poder está siendo socavado también desde dentro.
Así las cosas, lo único claro por el momento es que la facción de Montesinos y Yoshiyama está perdiendo posiciones en las últimas semanas. El Premier Alberto Pandolfi, que llegó de la mano de Yoshiyama al Gabinete, debe estar con las barbas en remojo. Lo mismo que el ministro de Economía Jorge Camet, firme aliado del ex ministro de la Presidencia.
Yoshiyama fue un cercano colaborador de Carlos Boloña en la aplicación de la ortodoxia económica en 1991-92, y se le ha seguido considerando como un "duro". Por eso su salida del Gabinete suscita temores.
En cualquier caso, la guerra al interior del régimen todavía no se ha definido. Estas son sólo algunas batallas. Otras, quizás más importantes, se están librando en los cuarteles, cuando se acerca la fecha en que se definirán los ascensos y la designación de nuevos mandos.