CHINA TE CUENTA QUE...


¡Mamita,
Los Talibanes!
Escribe
LORENA
TUDELA LOVEDAY
PUCHA, hija, ayer temprano saco el auto a toda velocidad porque ya estaba tarde para Ruth, la paciente que veo todas las mañanas, y que, o sea, ahora se le ha dado con que Einstein era su abuelito que inventó la Ley de la Gravedad y yo tengo que dedicarle cada día de mi vida, cincuenta minutos a convencer a una señora loca de que Einstein no inventó nada, menos la Ley de Gravedad y que mucho menos todavía fue su abuelito; pero, o sea, así es la vida, hija, y no soy yo quien para juzgarla, sobre todo que a ella la sesión le sale a cien dólares, ¿no te parece?
El hecho es que estoy saliendo apuradísima de mi edificio y en eso veo con verdadero espanto que, guaj, un ser horroroso, con unos ojos negros enormes, barba larga y bigote y sobre todo, o sea, un turbante de trapos en la cabeza, me saludaba haciéndome señas con las cejas y por supuesto, o sea, no pensé en otra posibilidad que la cosa esa era el primero de los talibanes que ya nos estaban empezando a invadir.
Bueno, ante el riesgo de que semejante salvaje, ay no sé, o sea, viniera a agarrarme a palazos para impedirme que vaya a trabajar, porque según ésos , o sea, así lo determina el Corán, pucha, qué quieres que te diga, le metí el carro hasta dejarlo acorralado contra la pared y una vez ahí, pucha, o sea, con él la pinza de cejas en una mano y en la otra un paralicer nuevo que me han traído de West Point, hija, que no sólo enceguece al hombre sino que lo deja impotente por tres meses, le practica una minilobotomía irreversible y encima, o sea, le introduce en la conciencia unos sentimientos de culpa de los que no le libra ni El Exorcista, bueno, con las dos cosas lo amenacé y le dije, oye so talibán de última, en este momento me dices dónde están los de tu tribu si no llamo al Serenazgo para que te lleven a la Comisaría y ahí te duchen con agua helada, que daño no te va a hacer.
Qué quieres que te diga, hija, que el tal talibán , que apenas podía hablar del terror, pucha, se saca el turbante y me dice, señorita China, soy yo, y no sabes la vergüenza que me dio, porque en efecto, o sea, el pobre no era otro que Singer Chauca secándose el pelo con su toalla, hija.
Singer Chauca es uno de los jardineros del edificio, que es buenísima gente el cholo, así que le pedí mil disculpas y le di su propina para que se compre su VHS, porque me han dicho que, o sea, el nuevo aspiracional de ellos es ése, tener un VHS para ver las grabaciones de sus polladas y todas esas cosas raras que hacen y que, pucha, o sea, son las que a mi adorado país le ponen todo el tiempo la nota de color local que necesitamos para seguir siendo antropólogos sin haber estudiado, ¿no?
Bueno, pero te cuento esto para que te des cuenta de cuánto me ha afectado, hija, ese asunto de los talibanes de Afganistán. ¿Tú te imaginas, pucha, lo que debe ser que te obliguen a sacar a todas las chiquitas del Cangurito, porque el Corán así lo ha decidido? ¿Te has puesto a pensar, ay no sé, o sea, en que si se te ocurre tirar un día que estás con la ruler, pucha, o sea, un Hussein cualquier, metralleta en mano, tiene derecho a meterse a tu cuarto, sacarte de los pelos a la calle y allí, o sea, hacerte desfilar calata en burro para que todo el mundo se entere de lo que estabas haciendo? Simplemente me muero.
Aparte del tema de la ropa, ¿no? Porque una cosa, ay no sé, o sea, es que un día te quieras poner un diseño de Marion Arakaki, hija, inspirado en las túnicas de los beduinos del desierto para ir a una comida en la Embajada de la Sagrada Huevada si así te da la gana, y otra muy distinta es que, pucha, o sea, te obliguen a ir de diario envuelta como una momia, hasta con velo en la cara porque al tal Corán le jode la anatomía femenina (aunque déjame decirte que el asunto no estaría nadita mal tratándose de varias congresistas, hija; con esa ropa algunas de ellas parecerían odres de aceitunas y otras, ay no sé, o sea, espantapájaros de campo arrocero, pero eso sería menos malo que lo que una está obligada a ver cuando eligen sus modelitos para irse de hemiciclo).
No, hija, algo está pasando en el mundo, que a medida que se acerca el cambio de milenio, o sea, aparecen estos fenómenos, en los que dicho sea de paso, uf, nosotros sí que somos pioneros, como te habrás dado cuenta de nomás prender un día la televisión y encontrarte, ay no sé, o sea, con Chirinos Soto de corbata de pajarita en un canal, en otro a las gordas de Utilísima y por si fuera poco, o sea en el otro a la Chola Chabuca, si es para huir corriendo a una galaxia más normal que la que nos ha tocado, hija.
Bueno, o sea, como te habrás dado cuenta, pucha, el día de hoy he dejado el tema político de lado, y es que por un tiempo, o sea, voy a tentar issues ay no sé, o sea, mucho más trascendentales que el tamaño de Siura o la nariz de Camet, ¿ya?; porque hija, o sea, me he dado cuenta de que no me he pasado ocho años en la Universidad Católica, siete en la Sorbona, dos en la Tavistock y cuatro en el Instituto Peruano de Sicoanálisis, para terminar escribiendo todas las semanas sobre Su Majestad El Wantán Mayor, ¿no te parece? Chau, chau. (Rafo León).