Cine-TV

La Corona Negra
¿Sensacionalismo o poco ingenio en la cobertura del desastre?
Por FERNANDO VIVAS
JEAN Cocteau llamó "la corona negra" al círculo de aves carroñeras que se empina en el cielo sobre las tragedias humanas. La figura es efímera, dura menos de lo que demoran los restos y el mal olor en disiparse. El desastre de Aeroperú vio ceñirse la corona al nivel del mar. Pero en ella, junto a los equipos de rescate hubo de todo y no queremos insultar a nadie: los reporteros que picaron de lleno en los cadáveres, los más esforzados que olfatearon en el ambiente detalles de la identidad de las víctimas, uno que otro atinado que estuvo allí para aprovechar la muerte y hablar de la furia aniquiladora tras la aparente calma del mar, de los secretos que se fueron al fondo y de toda una vida revelada en un simple objeto flotante.
No queremos alentar los ánimos censores contra la cobertura noticiosa. Sólo criticar a los que reportan como si quisieran tomar declaraciones a los muertos. Que se vea que los familiares sufren a llanto pelado o que los cuerpos se despedazan con el impacto y sólo flotan órganos y segmentos de tórax pues cabezas y extremidades compactas caen al fondo por su propio peso. Pero que eso no sea el festín visual de un reportaje, su razón de ser y su efecto demostrativo. Que el camarógrafo no se ponga las anteojeras tabloides que lo obligan a encuadrar la carnaza y sólo la carnaza y despreciar imágenes tan elocuentes como una maleta abierta en el oleaje o las sutiles reacciones de un frío rescatista. También hemos visto, por cierto, extraordinarias imágenes a 100 millas del siniestro, al borde de Pasamayo, donde algunos deudos daban la espalda a la cámara y miraban el mar sabiendo que no obtendrían respuesta. En estos casos el tema fue la tristeza y no el asco o el horror.
Prensa y catástrofe, una relación peligrosa.
Manteniendo a raya el fantasma de la censura, hablemos entonces de respeto. En un reportaje éste se puede medir como la distancia y el silencio ante la tragedia. No es sólo una definición moral; es una virtud de lenguaje. Se puede mostrar todo siendo respetuoso. Evitar el excesivo acercamiento que convierta en algo monstruoso lo que está destinado a rasgar cuerdas más sensibles que las del puro asco y evitar impertinencias que provoquen en los entrevistados reacciones ajenas al tema. El horror suele quedar mejor de lejos y de perfil, envuelto en una atmósfera que le da significado. Romper esta pequeña distancia convierte a un observador inteligente en un gallinazo con micrófono.
El noticiero peruano promedio no tiene vocación sensacionalista. Aquella, reservada para cierta prensa diaria, se define desde la selección de sus items y su tratamiento hiperbólico, mañoso, a menudo trafero. Ese es un sensacionalismo convicto y confeso. La tv cubre de todo y cuando cae sobre un desastre, sólo la carencia de imaginación de reportero y línea editorial, más la absoluta falta de directivas al camarógrafo, resulta en el color amarillo. A falta de textos y sesos, efectos. El poco ingenio es anterior al sensacionalismo y a éste hay que atacar primero.

Iguana de Huston
Ava Gardner y Richard Burton en "La noche de la iguana" (1964)
El sacerdote Richard Burton, alcohólico inveterado ocultando sus ganas tras una sotana demasiado gruesa para el calor de Puerto Vallarta, pronuncia un sermón que empieza con insultos y acaba a empellones en las puertas del templo. Ahí arranca la versión que John Huston extrajo de la renegrida "Noche de la iguana" de Tennessee Williams. El viejo John llevó el decadentismo sureño del dramaturgo a las playas mexicanas donde por entonces vivía y explotó la luz, el calor y el turbio exotismo del folclore local en contraste con el agujero negro dentro del alma de sus perdedores. De ellos, el cura Burton y la cantinera Ava Gardner, belleza ajada y con mil huellas vitales en el rostro, se llevan las palmas. (Este viernes a la medianoche en Canal 2).
Campanas
Gianmarco y su primera invitada, Lola Vilar.
Músico de profesión y galán de ocasión, Gianmarco Zignago acaba de debutar como animador en ATV, el canal de los concursos. "Campaneando" es una mixtura de la tradicional "Cancionísima" (actualizada con mucha gracia en la secuencia "Canta y gana" de "De dos a cuatro") y juegos varios. Va a las 6 p.m. Suerte.
La Parte del León
Oscar D'León
Embajador de la salsa, gloria de su hijo Jordan cantada
por el propio junior en todos los escenarios del continente
y devoto de la Virgen de Coromoto (la patrona de
Venezuela), Oscar D'León vuelve compungido tras alborotar el gallinero de la tv local con sus groseros recuerdos de Gisela Valcárcel ante una impávida Lola Vilar. Caballero en duda pero buen percursionista, ha ofrecido apenas llegue, darse públicos tuntunes en el pecho y ofrecer satisfacciones a la Sra. Vilar pues la otra lo único que desea es que se calle de una buena vez. Pero la parte de León no acabará tan fácil pues el lío trae cola: la pregunta que lo hizo hablar en "Utilísima", inscrita, como tantas otras inocentadas del programa, en una pizarrita de conducción, reveló fallas geológicas en el frente mujeril de América. Una, entre el bloque mañanero y el show del mediodía (y sus respectivas concesionarias) y la otra, al interior del primero, pues el boquete que dejó Lola intenta ser llenado por Camucha Negrete, volante sin ocupación precisa, pero que ha provocado los resquemores de doña Meche Solaeche quien ha decidido licenciarse un mes para someterse a una cirugía y volver, remozada, a la batalla. La bruja Mirtha dice que todo lo leyó ya en las cartas. D'León está moralmente obligado a sacar de todo esto una salsa y una lección. Posible título, "Serenidad, señoras".
Picotazos
-"En homenaje al día del médico y colaborando con sus campañas contra la corrupción en los hospitales vamos a pasar esta nota sobre el comercio de órganos".
Luis Iberico en "Diálogo", Canal 2.