CHINA TE CUENTA QUE...


Pucha, los Evangelios
Por los Suelos

Escribe
LORENA TUDELA LOVEDAY

NO, sabes lo que me ha pasado por no estar más al tanto, guaj, de lo que ocurre en la política chapucera de este país de ópera bufa, hija. La semana pasada yo había invitado a comer a la casa, o sea, a un grupete así, súper casual, ¿ya? Iban a venir Maripí Pinillos, que está saliendo con Pocotón de Osma; Piticlin Díaz Ufano con Marifé Ferrand, Manuelito Ulloa, Susy Dyson, Frederica Van Ginghoven, mi primo José y un par de embajadores que le pidieron venir porque, o sea, se morían de ganas de conocerme, ¿ya?, porque quería que entre todos me dijeran si el Chávez de formato gigante que me compré en Noche de Arte, pucha, iba mejor sobre el sofá de tigre o contra la pared bordeaux del comedor, ¿me entiendes?
Bueno, qué crees, le encargo a Marisa (Guiulfo, por si eres de los que hay que andar diciéndoles el apellido de la gente para que se ubiquen en el mundo, ¿ya?), salvo un dip de crema de camarones, hija, que encontré la vez pasada en un recetario de mi mamá Pepa, y que me pareció lo máximo, así que le di el libro a la Teodolinda (cuyo apellido no necesito decirte para que te enteres de quién es) y bueno, me puse a arreglar las flores, los inciensos y todo eso mientras la chica empezaba a batir el bavarois de colitas rosadas. Qué crees, yo estaba eligiendo un poco de música de Stockhausen para el salmón, pucha, a un minuto de la llegada de la gente cuando en eso, o sea, escucho en la cocina el ruido de algo que golpeaba el piso horrible, ¿ya? Pucha, entro corriendo y me encuentro a la Teodolinda molestísima y el recetario tirado en medio de la cocina y por supuesto, o sea, el Siura dándole vueltas al libro, meneando la cola como una campanilla de sacristán porque para el pobre, pucha, o sea, todo lo que se mueve en este mundo es fiesta, no sabes.
-Teo, le digo, qué te pasa , no me digas que tú también tienes angustia existencial, le pregunto, y con una cara atroz de malhumor, pucha, me dice, es que no me sale la crema esa de los bichitos, señorita China.
-Teo,
le contesté, ¿y por qué has tirado de esa manera el recetario de mi abuelita? ¿Acaso en tu cultura, o sea, no valoran la palabra escrita como en la occidental? Ayúdame a entender, Teo, o sea, para ver si te boto por loca o te considero un caso antropológico análogo al de Ucchuracay y escribo un artículo. -Es que ahora se protesta así, señorita China, en la tele he visto a un viejo bien feo hacerlo eso con la Constitución, pues señorita China, y en todos los canales ha salido.
Yo, en babia porque hacía días que no prendía la TV, pero en ese momento suena el intercomunicador y Gerson Huapaya, mi nuevo mayordomo, me dice que había llegado el embajador norteamericano, lógico, puntal y obsesivo como todo cuáquero; así que dejé el asunto del recetario allí, pucha, hasta el día siguiente, que le pido a mi secretaria que le diga al conserje que vaya a la librería de la esquina a cambiar el ejemplar de un texto de Elías Canetti que, pucha, me angustió demasiado, o sea, por lo más ligth que hubiera de Gertrude Von Meerslach, y ¿tú sabes lo que hizo el chico ese?; no te imaginas.
Pucha, entró al consultorio, Además, o sea, en plena sesión con Judith, que es la paciente esta que ay no sé, o sea, en su fantasía la persigue un pulpo gigante que no es otra cosa que un candelabro de siete brazos, ¿ya?; y sin mayor trámite, pucha, hecho un Juan Vilca cualquiera agarra y tira el libro de Canetti a la alfombra, mientras me dice: no entiendo nada de su encargo, búsquese a un cholo más intelectual que se lo cumpla.
Y sanseacabó, se mandó mudar y a la pobre Judith se le agitó la diáspora entera que lleva en su novela familiar al punto de agarrar la caja de kleenex y comenzar a comérsela, no sabes el susto que me di.
Y claro, o sea, atando cabos me entero luego de que la liendre con pópilos del Alva Orlandini, pucha, o sea, molestísimo por la pendejada esa de atracar el referéndum que hizo la mayoría (la mayoría de cholos, digo siempre yo), pucha, no se aguantó y juácate, tiró la Constitución al piso y se armó el chongo perfecto que el balón de gas industrial de Torres, o sea, necesitaba para decir que toda esa gente protestona no son sino los políticos tradicionales y oinc, oinc, oinc y te lo juro, o sea, cuando me dí cuenta del recodo del camino en el que me habían colocado, pucha, los gestos de dos ciudadanos del New Perú, qué quieres que te diga, o sea, loqueé de tal forma que agarré los cuarenta tomos de la Comedia Humana y los aventé juntos desde el piso diez, pucha, o sea, pensando, si hay que protestar de esta estúpida manera, pucha, al menos que sea con buena literatura, ¿no te parece? Y contigo, pucha, see you. Chau, chau. (Rafo León).