Controversias


Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
El Zar y Rasputín
EL Zar antidrogas de los Estados Unidos, Barry McCaffrey se reunió el martes pasado en Palacio con Vladimiro Montesinos, bautizado como Rasputín por CARETAS en 1991. Chanza que, como se recuerda, costó una sentencia de un año y medio de prisión condicional al director de esta revista.
El encuentro entre el Zar y Rasputín en Palacio es simbólico y está plagado de significados.
En primer lugar, es una bofetada a la opinión pública peruana, que se ha manifestado mayoritariamente por una investigación seria e independiente al cuestionado ex capitán, y que cree -también mayoritariamente- que está comprometido con el narcotráfico, si tomamos como referencia varias encuestas realizadas por diferentes empresas.
Montesinos no sólo no ha sido investigado, sino que ha entrado premeditadamente por la puerta grande a Palacio, mofándose de todos los que lo han denunciado, de los que creen en su culpabilidad y de los que consideran necesario que comparezca ante el Poder Judicial y ante una comisión del Congreso.
En segundo lugar, se ha comprobado que el poder del ex capitán es el que le había atribuido la prensa independiente y la encuesta de la revista Debate. Porque junto con ministros y altos funcionarios, aparece quien es teóricamente sólo un asesor legal. En realidad, Montesinos es quien controla, desde su puesto de jefe real del Servicio de Inteligencia Nacional, a las instituciones encargadas de reprimir el tráfico de drogas. El gato de despensero.
En tercer lugar, ha reafirmado sus estrechos vínculos con Alberto Fujimori, ya sea porque el Presidente ha querido mostrar que mantiene excelentes relaciones con su asesor, o porque el asesor es tan fuerte que el Presidente no puede impedirlo.
La primera aparición pública de Montesinos en más de seis años de gobierno, cuando ha sido severamente cuestionado, se produce precisamente en una reunión con la máxima autoridad antidrogas de los EE.UU. No puede haber pasado inadvertido para Fujimori que el ex capitán se convertiría en el centro de la noticia, relegándolo a él y al general McCaffrey a un segundo plano, como de hecho ocurrió.
Las consecuencias de esta demostración de cercanía entre Fujimori y Montesinos se verán en las próximas semanas. Pero de lo que quedan pocas dudas es que favorecen al asesor y no benefician al Presidente.
A Fujimori no le reportará ningún rédito recibir por la puerta grande a alguien tan vapuleado en el último tiempo como Montesinos, del cual, además, había tomado prudente distancia para evitar salpicarse. El hombre fuerte del SIN recibe el espaldarazo presidencial y hace ostentación de su fuerza, amedrentando a sus críticos. Y, de paso, encarrilando lucrativos negocios vinculados a la defensa y protección de personas en problemas, negocios que podían haberse mermado con los acontecimientos de los últimos meses.
El general McCaffrey, por su parte, aparece avalando la presencia de Montesinos como interlocutor en asuntos de narcotráfico. Los norteamericanos sabían que la sola participación del ex capitán en esa reunión y el apretón de manos con el Zar, profusamente difundido -a partir de escenas filmadas por camarógrafos de Palacio-, sería usado como un respaldo de ellos a la supuesta inocencia de Montesinos. Y lo permitieron.
Se confirman así los fuertes lazos que unen al hombre fuerte del SIN con una -o varias agencias- del gobierno estadounidense, lazos que se remontan a mediados de la década del '70, cuando Montesinos realizó un furtivo viaje a los EE.UU. que motivó su expulsión del Ejército. Según varios de sus detractores, el entonces capitán entregó los más importantes secretos militares a los norteamericanos.
El hecho que haya seguido trabajando con -o para- ellos, explicaría el apoyo que recibe, según esa hipótesis. Es decir, para algunas agencias norteamericanas es muy importante tener a uno de los hombres más poderosos del país como agente, empleado, socio o colaborador, aunque esté comprometido en negocios turbios, incluido el narcotráfico.
Si el corrupto dictador panameño Manuel Antonio Noriega, metido hasta el cuello en el narcotráfico y trabajando a la vez para Fidel Castro, fue su agente durante años ¿por qué no pueden serlo otros personajes similares?
De hecho, los EE.UU. respaldaron también a Carlos Salinas de Gortari en México, cuyo gobierno -se sabe ahora- estaba penetrado hasta el tuétano por el narcotráfico. Pero los intereses mayores de los EE.UU. hacían que le extendieran periódicamente certificados de buena conducta.
Así las cosas, no debe sorprender demasiado la postura de los EE.UU. Ni tampoco debería asombrarnos si mañana "descubren" que en realidad las acusaciones contra el personaje en mención eran ciertas. Dependerá de las circunstancias y los intereses en juego.